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Felipe VI Un año del discurso del rey que dejó de lado a una parte de los españoles

El mensaje de Felipe VI del año pasado, en el que acusaba a los independentistas de "deslealtad inadmisible" sin hacer mención a las cargas del 1-O, sigue siendo foco de tensión en la relación entre la corona y las instituciones catalanas.

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Varias personas escuchan el discurso del rey Felipe VI en un bar en Barcelona. - EFE

"Deslealtad inadmisible". "Han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente". Han roto "la armonía". Este miércoles se cumple un año de aquel discurso del rey tras el 1-O. Felipe VI pronunció un mensaje muy esperado y sobre el que se generaron multitud de expectativas que no cumplió. Con gesto serio y palabras muy medidas, el monarca no dudó en llenar de reproches y criticar a "determinadas autoridades de Catalunya". Sobre las cargas policiales que dieron la vuelta al mundo, ni una sola palabra. 

El mensaje decepcionó y fue aplaudido casi a partes iguales. Provocó malestar en la izquierda y los nacionalistas y satisfacción, como no podía ser de otra manera, en PP y Ciudadanos. "El discurso más irresponsable en 44 años de monarquía constitucional". "Felipe VI ha perdido la oportunidad de ser parte de la solución". El rey "ha mostrado nula capacidad para entender España y sólo se ha dirigido a una parte de los españoles". Señalaban diferentes dirigentes de Podemos, que criticaban que el monarca se posicionara junto al PP. 

"Felipe VI ha dejado de considerarnos como conciudadanos. No ha hecho ni una referencia a las víctimas del 1-O", criticaban desde PDeCAT

Muy crítico fue también el coordinador general de IU, Alberto Garzón. Además de señalar que el rey no había pronunciado "ni una vez la palabra diálogo", alertaba de que "el ciudadano Felipe de Borbón" estaba preparando "el terreno para una intervención durísima contra Catalunya por parte del Gobierno más corrupto de toda la Unión Europea". Casi como una premonición de lo que pasaría apenas unos días después con la aplicación del artículo 155 o con la puesta en marcha de la maquinaria judicial contra la cúpula del procés.

Del mismo modo, las formaciones independentistas se mostraban igualmente decepcionadas. "Felipe VI ha dejado de considerarnos como conciudadanos. No ha hecho ni una referencia a las 800 víctimas del día 1 de octubre por la policía española", criticaba el senador por Girona y dirigente del PDeCAT Joan Bagué. 

"Me voy a dirigir al rey en una lengua que sé que él entiende y habla: 'Así, no'", declaraba de forma contundente en un discurso institucional el entonces president, Carles Puigdemont. Por su parte, desde PSOE se limitaron a hacer una valoración breve y escueta del discurso, aunque en privado fuentes del partido echaban en falta un llamamiento al diálogo y a la negociación.

Felipe VI saluda a Quim Torra antes de los actos de homenaje a las víctimas de los atentados en Catalunya. - EFE

Según publican este miércoles varios medios, el Gobierno de Rajoy tenía sus dudas sobre la conveniencia de que el rey pronunciara su mensaje. Aún así, el PP no dudó en celebrar sus palabras, que como definió el entonces portavoz de la formación, Pablo Casado, fueron de "concordia y responsabilidad". "España necesita esperanza y liderazgo. El rey ha dado la cara por todos. Es momento de actuar para garantizar la unión de todos los españoles", dijo, por su parte, Albert Rivera, el líder de Ciudadanos.

Desde entonces, han sucedido un sinfín de situaciones alrededor de Catalunya: el 155, las elecciones del 21-D que volvieron a otorgar la mayoría absoluta a los partidos independentistas en el Parlament de Catalunya, el encarcelamiento de varios dirigentes soberanistas, Quim Torra, Puigdemont en Bélgica...

Al rechazo en la calle, con abucheos, insultos o pancartas, se
une también el protagonizado por las instituciones y partidos catalanes

La sensación es que una parte de la sociedad catalana, sobre todo entre los independentistas, considera que el rey ha hecho más bien poco para rebajar la tensión creada tanto desde Madrid como desde Barcelona. Prueba de ello es la inquina con la que Felipe VI ha sido recibido en sus últimas visitas a Catalunya. Por supuesto, también tiene defensores. Además de concentraciones de protesta, se han organizado manifestaciones a favor de la corona.

Al rechazo en la calle, con abucheos, insultos o pancartas ─"El rey español no es bienvenido en los países catalanes", se podía leer en un cartel colgado en un balcón de la Plaça Catalunya durante los actos del homenaje del pasado 17 agosto a las víctimas de los atentados de 2017─, se une también el protagonizado por las instituciones y partidos catalanes. 

Cargos de la Generalitat o líderes de diferentes formaciones no han dudado en boicotear actos oficiales como la cena inaugural del último Mobile World Congress presidida por Felipe VI. Ada Colau también se tuvo que defender tras su plante al rey mientras el PSC y la oposición se le echaban encima. 

El gran foco de esa animadversión es, precisamente, el discurso del 3-O, que, por supuesto, también generó multitud de comentarios y chanzas en las redes sociales. Un año después, el rey sigue con el reto de "tender puentes" con Catalunya, como él mismo dijo. No obstante, condenas como la del rapero Valtònyc por, entre otros cargos, injurias a la corona o la censura a la obra sobre presos políticos en la feria ARCO de Madrid no han contribuido a calmar los ánimos. Y mucho menos a que mejore la imagen de la monarquía y de Felipe VI, al que desde ciertos sectores del independentismo ven como el jefe de un Estado que no respeta la libertad de expresión o en el que no hay garantías democráticas.