Guardiola abraza el trumpismo al final de la campaña para pelear por la mayoría absoluta y desactivar a Vox
El PP ha terminado por mostrar su versión más ultra para movilizar a su electorado. Guardiola comenzó hablando de la "pinza" entre PSOE y Vox, pero ha terminado denunciando fraude electoral.

Mérida (Badajoz)-
O los nervios juegan malas pasadas durante una campaña electoral o la presión convierte esas semanas en un escaparate donde los giros radicales son la única fórmula para llamar la atención. La transformación de María Guardiola durante la campaña de las elecciones de Extremadura ha sido total y la presidenta y líder del PP ha convertido su discurso, inicialmente dirigido contra los "señoros de Vox" y la pinza de PSOE y Abascal, en uno radicalmente distinto donde no se cierra a pactos con nadie y que ha destacado por denuncias alarmistas de fraude electoral.
Guardiola convocó elecciones tras verse incapaz de aprobar unos presupuestos autonómicos ante una minoría parlamentaria y una ruptura con Vox. Oficialmente, encaraba la campaña con la pretensión de que los extremeños desenredaran ese nudo. Oficiosamente, el adelanto electoral sirvió para que la presidenta pusiera a disposición de Feijóo y su guerra contra Sánchez a la región y aprovechaba la enorme debilidad del PSOE, que con Miguel Ángel Gallardo de candidato podría marcar un nuevo mínimo histórico. Guardiola pretendía revalidar la Presidencia, aumentar la brecha con los socialistas, pescar en su electorado moderado y alcanzar una mayoría absoluta que desactivase a Vox.
La presidenta trazó una estrategia basada en la ausencia de actos, sustituidos por viajes a pueblos pequeños. La campaña, celebrada en las semanas previas a las Navidades, se ideó descafeinada y de baja intensidad para evitar una polarización y que despertara al votante socialista, desencantado con su candidato. La primera idea desplegada por Guardiola fue una pinza entre PSOE y Vox para bloquear la Asamblea de Extremadura, un leitmotiv desplegado por el Partido Popular allí donde Vox les ha dado la espalda. Más adelante, Abascal pasó al ataque y puso en entredicho si Guardiola debía ser la candidata con la que pactar una nueva investidura. "Ese tufo machista del señor Abascal se lo podía quedar un poquito en su casa", respondió la presidenta. Tras ese encontronazo, la intensidad se desplomó y Guardiola desapareció del mapa: Feijóo apenas se ha encontrado en Extremadura con la lideresa y la mayoría de visitas (cinco en total, recuerdan desde el equipo del presidente) las resolvía con Abel Bautista, secretario general del PP en la región.
Sin embargo, Guardiola se convirtió durante la última semana en la discípula más aventaja de Donald Trump. Denunció fraude en el voto por correo para tensar la recta final de la campaña y movilizar al electorado. Vio amenazas a la democracia donde la Guardia Civil confirmó que se trataba de delincuencia común y, lejos de retractarse, reafirmó su postura cuando toda su tesis fue desmontada por los servicios públicos.
Encuestas a favor; el histórico, en contra
Los sondeos son muy favorables a María Guardiola. El CIS la colocó como indiscutible ganadora de las elecciones y en el seno del Partido Popular confían en que la desafección del votante socialista baje la participación y eso abra las puertas de la mayoría absoluta. Aunque eso son los análisis más optimistas. La interpretación que acapara más consenso es que el PP se quedará cerca de los 33 escaños que marcan la absoluta, pero que salvo sorpresa no se alcanzará. El equipo más cercano de la presidenta cree que con las dos últimas decisiones, el alarmismo por pucherazo y su ausencia en el debate electoral, se pueden acercar a esa cifra mágica.
Cabe recordar que María Guardiola es presidenta, pero en las elecciones de 2023 el PP no fue el partido más votado. El PSOE ganó, aunque hubo una igualdad en escaños a 28 que desempató Vox, con un diputado más que Unidas por Extremadura. Eso permitió una coalición de las derechas, que conformaron Ejecutivo durante un año hasta que Vox rompió esa alianza. La marca del PP ha sufrido a lo largo de la historia hasta asentarse, como parece que ahora ha conseguido hacer Guardiola. Hace dos años y medio, el PP acaparó el 38,78% de los votos, una cifra que la presidenta aspira a mejorar. Los actuales 28 escaños son la segunda mejor marca popular en Extremadura, resultado que han obtenido en otras dos ocasiones en 2015 y 1999.
El Partido Popular solo ha ganado unas elecciones en Extremadura. José Antonio Monago logró el primer triunfo del PP en 2011, que cuatro años después se desplomó y permitió una nueva mayoría absoluta del PSOE, pero entonces marcó un récord de escaños (32) y porcentaje de votos (46,13%). El PP siempre ha sido la segunda fuerza y tan solo en dos ocasiones ha alcanzado el 40% de los votos. Alianza Popular nunca tuvo éxito en Extremadura, pero ya renombrado como Partido Popular, la derecha creció de 19 a 27 escaños.
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