Guardiola se lanza a por el votante socialista mientras Abascal se instala en Extremadura
La presidenta de Extremadura y candidata del PP intenta arañar votos de socialistas decepcionados para lograr la mayoría absoluta, aunque ninguna encuesta es tan optimista.
Mientras el PSOE lucha por no caer hasta mínimos muy sonrojantes, Vox utiliza a Abascal como reclamo en sus aspiraciones por aumentar su porcentaje de voto hasta un nuevo récord en la región.

Mérida--Actualizado a
Hay una presidenta en Extremadura que parece moderada, que no levanta el tono, habla de unidad y evita referencias partidistas e ideológicas, aunque hace un año y medio gobernaba en coalición con Vox y cedió carteras de la región a la extrema derecha. María Guardiola enfrenta una campaña electoral decisiva y en su recta final evita el enfrenamiento, habla de romper muros, de superar bloqueos, en sus palabras no se encuentran apenas críticas al PSOE y no carga contra el legado de los expresidentes que la precedieron. A seis días de las elecciones autonómicas de Extremadura, las últimas encuestas publicadas dejan en suspenso si su estrategia, avalada e instigada por Alberto Núñez Feijóo, acabará en buen puerto. Ningún sondeo, siquiera los más favorables, apuntan a una mayoría absoluta del PP en Extremadura, que se lanzó al adelanto electoral con el único fin de obtener una victoria rotunda que pusiera distancia con Vox e hiciera daño en el PSOE.
Mientras el hundimiento de los socialistas, liderados por Miguel Ángel Gallardo, sí parece una certeza, y se alcanzará un mínimo histórico en la región, Guardiola aún vive esperanzada en cosechar los votos desencantados con el PSOE y lograr así su ansiada mayoría absoluta. Para ello, la presidenta ha optado por una estrategia minimalista, con poco foco y apenas actos. Cuando este lunes Santiago Abascal reunía a la militancia en un acto en Plasencia y Gallardo hacía un total de siete actos en Cáceres, la presidenta se acercó hasta una explotación de ovino y charló con Chabeli, una vecina a la que utilizó de ejemplo (y como arma electoral) para ensalzar los talentos ocultos de Extremadura.
"Nos jugamos si seguir avanzando o volver al bloqueo. Somos un proyecto conocido, no somos un melón por abrir, somos un melón abierto", decía Guardiola durante el único acto de su jornada, de apenas diez minutos. Una mínima referencia a una supuesta pinza de PSOE y Vox (el gran argumento deslizado por el PP en todas las comunidades donde no tiene mayoría para gobernar) era todo el mensaje político lanzado en una campaña electoral enfocada a bajar revoluciones y conquistar al votante extasiado de la confrontación. Guardiola intenta pasar desapercibida e incluso ha rechazado acudir al debate electoral que tendrá lugar el próximo 18 de diciembre en RTVE.
El PSOE lucha por sobrevivir
La presidenta busca alcanzar los 33 escaños y sabe que la única forma es conquistar a aquellos que históricamente se decantaban por el socialismo. Mientras, Miguel Ángel Gallardo, el polémico candidato imputado por supuesta prevaricación en el caso del hermano de Pedro Sánchez, intenta rebatir a Guardiola y frenar la sangría de votos con referencias a las promesas incumplidas de la presidenta.
Este lunes, el candidato socialista viajaba hasta Cáceres para mostrar una parcela donde, recuerda, debería haber vivienda pública gracias a un proyecto ejecutado por el último gobierno socialista de Guillermo Fernández Vara. Pero allí no había nada, tan solo unos pequeños cimientos. "Ese es el interés que tiene el PP con la vivienda. Hay un modelo que es el que representa Guardiola, que es hacer de las cosas del comer un negocio", argumentaba.
Gallardo aprovechaba para prometer más vivienda pública, pero no para limitar el precio de los alquileres y aplicar esas cláusulas de la Ley de Vivienda que aprobó en el pasado Pedro Sánchez junto a Unidas Podemos. En su lugar, el socialista abogaba únicamente por la construcción: "Vamos a aumentar cuatro veces la inversión en vivienda con 600 millones de euros al año, y lo vamos a hacer con algo fundamental, crear el Plan 90.000, que es hacer viviendas con financiación publica por valor de 90.000 euros. No es fantasía, ya lo hicimos con el Plan 60.000", esgrimía durante su comparecencia a medios.
Vox, con Abascal de estrella invitada
Con el PP centrado en el PSOE y el PSOE centrado en sobrevivir, Vox es el partido que lleva la estrategia más clara: Santiago Abascal parece en ocasiones el candidato de Vox por Extremadura. Opaca las intervenciones y clausura los actos mientras es teloneado por Óscar Fernández, el verdadero aspirante. Como si se tratase de una cámara de eco, Fernández dedicó su intervención en el acto de Plasencia a cargar contra el Pacto Verde europeo, la migración y el bipartidismo, como haría cualquier otro candidato de Vox en cualquier lugar de España. "Han aprobado juntos [PP y PSOE ] los presupuestos de la diputación de Cáceres. Eso es la pinza", apuntaba, para presentar a Abascal como "nuestro Alfonso VIII".
El líder de Vox, desplazado ya en multitud de ocasiones a la región, visitó primero la central nuclear de Almaraz para luego cerrar el acto en la capital, que un día antes había despedido con un acto a Robe Iniesta, líder de Extremoduro, que aprovechó para soltar su retaíla habitual pero también para reivindicar la victoria de José Antonio Kast en Chile, ultraderechista del que celebró su amistad.

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