La Iglesia española, de alimentar a la ultraderecha a prevenir contra la polarización
Esta semana en la que El Vaticano ha confirmado la visita del papa a España, la Conferencia Episcopal asume que León XIV alertó "sobre los riesgos de someter la fe a las ideologías".

Sevilla-
En la retina de quienes las vivieron permanecen aún las manifestaciones impulsadas por el cardenal Antonio María Rouco Varela contra los gobiernos —y sus políticas de derechos civiles— de José Luis Rodríguez Zapatero. También, en fechas más recientes, la petición de elecciones, en plena efervescencia por la corrupción en el PSOE, que lanzó el poliédrico Luis Argüello, el hoy presidente de la Conferencia Episcopal, inmerso en batallas "espirituales".
Esta semana, la misma en que El Vaticano ha confirmado la visita del papa a España, la Conferencia Episcopal lanzó un comunicado, en el que, después de que varias informaciones periodísticas, en el diario El País y en Vida Nueva, aseguraran que el papa había alertado contra el auge de la ultraderecha en un encuentro en noviembre con la cúpula de los obispos españoles, confirmaron que León XIV había reflexionado, entre otras cosas, "sobre los riesgos de someter la fe a las ideologías sin mencionar a ningún grupo concreto".
Tras la firma del pacto con el Gobierno para que el Defensor del Pueblo actúe en la reparación de las víctimas de la pederastia eclesial, que aún debe implementarse, y el apoyo a la regularización de migrantes anunciado por el Ejecutivo, el mundo católico se agitó de nuevo, presionado, desde dentro también, no solo desde fuera, por los sectores más integristas.
Este jueves, el secretario general de la Conferencia Episcopal, César García Magán, manifestó varias cosas sobre este asunto. Por un lado, asumió que les preocupaba el ruido y la "polarización", por otro defendió que la Iglesia iba a continuar con sus mensajes que, dijo, "anuncia el evangelio y la doctrina social" y que, asumió, en unos casos, molestan a unos y en otros casos, a otros.
Y por último, defendió al papa frente a las críticas que le pudieran llegar de los sectores más ultras (y de otros). "Sin comunión con el papa, el sucesor de Pedro, no hay Iglesia Católica. Nos afecta a los obispos, [a] todos y cualquier fiel laico", dijo García Magán, con su estilo diplomático y, al mismo tiempo, contundente, en esta ocasión.
A la pregunta directa de si a los obispos les preocupa el auge de la ultraderecha, García Magán respondió: "Lo que nos preocupa a los obispos es la evangelización. La división que puede haber en la sociedad española, una polarización…. La diversidad es rica en una democracia. Ahora, cuando esa diversidad deriva en que el otro deja de ser diverso a mí para convertirse en un enemigo a batir en un sentido moral, ideológico, cuando el otro me estorba, [la cuestión] ya cambia de cariz. Eso pasa en España y en otros lugares, en Europa y fuera de Europa".
"Cuando el otro es un enemigo a batir, a excluir, produce riesgos. Nos preocupa eso y que esa polarización o esa división pase a las comunidades cristianas. Esto no es nuevo de hoy, esto es tan antiguo como la Iglesia. Esa tensión siempre ha existido. Ya San Pablo, en la primera carta a los corintios [expresó...]: ‘Somos todos uno en Cristo’. Es un peligro que siempre hay que superar".
"La actitud del papa hacia la extrema derecha española es mucho más firme que la de la Conferencia Episcopal Española", considera Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría, de la Universidad Carlos III de Madrid.
"La Iglesia católica tiene ahora que saber gestionar muy bien su relación con los partidos de ultraderecha. El cristianismo que defienden estos partidos, profundamente ultranacionalista, puede alimentar nuevas lecturas/cultos, como vemos en el caso de EEUU, cuestionando su autoridad pastoral global", analiza Francisco Jiménez, profesor de Historia en la Universidad de Málaga y autor de estudios sobre la ultraderecha como el titulado La contraprogramación cultural de Vox.
"La Iglesia ha alimentado a muchos de estos grupos con sus posiciones férreas en materia, sobre todo, de reproducción social. Ahí es precisamente donde vemos los posicionamientos más reaccionarios y más inamovibles en estos grupos radicales, aunque por nuestra historia reciente tendamos a pensar en el nacionalismo y la religión", agrega el profesor Jiménez.
"La cruzada —considera el profesor— contra la [así llamada] ideología de género, muy presente en las altas jerarquías eclesiásticas españolas y a la que no renunció ni el mismísimo Francisco, a pesar de sus limitados pasos ante temas como la homosexualidad o la pederastia, ha dado alas a la movilización familista, provida o anti-eutanásica neoconservadora reciente, que han sabido captar partidos como Vox, quienes se identifican como antifeministas/antigeneristas, además del Partido Familia y Vida, España2000 o las Falanges. Por eso el género no es una cuestión de segundo orden en el discurso de las derechas ultras, pues es el andamiaje de gran parte de sus valores y su concepción de España".
Para Ignacia Perugorría y Joseba García, sociólogos, investigadores en la Universidad del País Vasco, que han publicado diversos estudios sobre las dinámicas de la ultraderecha en España y su relación con la jerarquía, como El campo antiderechos en España: ciclo de protesta y redes de organizaciones neoconservadoras de inspiración católica (1978-2023), "el papel de la jerarquía católica en el crecimiento de la ultraderecha en España ha sido más indirecto que orgánico". "En todo caso —añaden—, no ha sido tampoco irrelevante".
Así lo explican: "La Iglesia española, como institución, no ha dado un respaldo explícito a Vox. Aunque tampoco es ajena al contexto que ayudó a crear a lo largo de estas décadas. De hecho, en temas como migraciones o justicia social, ha estado más cerca del enfoque del Papa Francisco que del discurso nacionalista y excluyente. Otra cosa son ciertos sectores del catolicismo más combativo, que durante años han estimulado una fuerte movilización en torno a cuestiones como el aborto, la eutanasia o la llamada ideología de género".
Los profesores Perugorría y García abundan en esta tesis de este modo: "Ni la Conferencia Episcopal Española ni la mayoría de los obispos se han posicionado abiertamente favorables a Vox. En todo caso, la jerarquía sí que ha sido un actor clave en la construcción de determinados marcos culturales. Durante años ha intervenido con fuerza en debates sobre aborto, matrimonio igualitario o eutanasia, presentándolos como cuestiones centrales de identidad moral. Ese énfasis ha contribuido a convertir ciertos temas en campos de confrontación simbólica muy intensa que la ultraderecha ha sabido capitalizar".
"Y este marco de ‘guerra cultural’ —analizan Perugorría y García— ha generado un clima de polarización que partidos como Vox han sabido aprovechar. No porque la Iglesia les diera instrucciones, sino porque existía ya un marco simbólico disponible en torno a la defensa de la vida, la identidad cristiana y la crítica al progresismo. En este sentido se puede decir que organizaciones de ultraderecha recogieron este lenguaje y lo han llevado más lejos, sin las cautelas y la diplomacia de la Conferencia Episcopal Española".
"Organizaciones de ultraderecha recogieron este lenguaje y lo han llevado más lejos, sin las cautelas de la Conferencia Episcopal Española"
José Antonio Naz, de Europa Laica, expone: "La jerarquía se ha situado siempre en la parte derecha del tablero político. Aunque ha tenido épocas con planteamientos públicos conservadores más marcados y otros algo más transversales. En la época de Juan Pablo II, se produjo el mayor alineamiento con la derecha extrema y contra todos los intentos de progreso. Desde la llegada al papado de Francisco, esta jerarquía intentaba no enfrentar públicamente los discursos algo aperturistas del Vaticano, pero en sus actuaciones y predicamentos nunca se han movido de ese ala derecha".
"De hecho ha estado detrás y promoviendo muchos de los argumentos y postulados de Vox. Por eso ha habido un amago de protesta y enfrentamiento de Vox con la Conferencia Episcopal cuando ésta ha apoyado la ley de regularización de inmigrantes; lo han visto como una traición, porque se vienen considerando cien por cien hermanos. Hoy podemos percibir un claro deslizamiento de la jerarquía y una buena parte de la Iglesia Católica hacia la extrema derecha, promoviendo y apoyando las organizaciones ultracatolicas, desde el Opus o Hazte Oír hasta las sectas juveniles como Hakuna", considera Naz.
"Las corrientes más progresistas de cristianos de base están muy debilitadas y no cuentan con ningún apoyo de la jerarquía. Desde hace tiempo esta jerarquía, con buena parte de sus fieles, han tomado partido y actúan sin complejos como agentes políticos contra el gobierno progresista y apoyando con descaro la alternativa de derechas y extrema derecha", añade el portavoz de Europa Laica.
"Las corrientes más progresistas de cristianos de base están muy debilitadas y no cuentan con ningún apoyo de la jerarquía"
Por otra parte, señala el profesor Jiménez, "abrazar a estos partidos puede llevar a la Iglesia a rechazar creyentes o renunciar a su proselitismo en otras capas sociales y territorios. Si el problema se desplaza del marco creyentes/no creyentes a nativos/foráneos, como hace la ultraderecha, aunque esta concepción nacional sea (al menos) culturalmente católica, puede limitar el grado de influencia de la Iglesia en el mundo".
"Esa posición —continúa el razonamiento Jiménez— que todavía goza de arbitrio y mediadora, puede ponerse en entredicho. Una cuestión especialmente sensible ante la pérdida de influencia de las instituciones internacionales hoy, que abre nuevas posibilidades favorables y no favorables para el Vaticano y el papel de las iglesias en las comunidades. Por ejemplo, cada vez es más patente la expansión del evangelismo en España, influenciado por cultos de otros países. Nada dice que no puedan surgir confesiones autóctonas que pongan en entredicho al catolicismo actual".
"En pocas palabras —apostilla el profesor Jiménez—, la pluralidad dentro de la Iglesia y los equilibrios entre distintas escalas es lo que favorece o limita que se adopten posicionamientos más o menos extremistas en un territorio concreto. Hay que ver qué actitud va a adoptar León XIV, pese a sus declaraciones sobre la polarización, porque ante la ofensiva ultraderechista, no hacer o decir nada ya es mucho".
"Hay que ver qué actitud va a adoptar León XIV, pese a sus declaraciones sobre la polarización, porque ante la ofensiva ultraderechista, no hacer o decir nada ya es mucho"
Perugorría y García consideran al respecto: "A la Iglesia le preocupa mucho, a nivel geopolítico y al menos en España, que la ultraderecha instrumentalice el catolicismo en su beneficio. El crecimiento de la extrema derecha es un fenómeno político amplio, que está ocurriendo en paralelo a la Iglesia y le puede afectar directamente que su identidad quede asociada a un proyecto partidista concreto. La Conferencia Episcopal Española sabe que, si la Iglesia aparece como la religión de la ultraderecha, pierde capacidad de interlocución con buena parte de la sociedad".
"Y eso tiene consecuencias pastorales muy claras: dificulta el diálogo, estrecha su base social y puede alejar a jóvenes que se acercan por motivos espirituales… En un momento en que la Iglesia intenta recomponer su imagen, una identificación excesiva con posiciones nacional-populistas puede resultar contraproducente. Debido a eso [se han producido] movimientos internos para marcar distancias y desactivar dinámicas más radicalizadas. El caso de la exposición pública de redes vinculadas a El Yunque por iniciativa de la propia Iglesia en distintas diócesis puede servir de ejemplo. La preocupación es más estratégica y generacional que política".
Raíces en la Transición
El historiador Francisco Jiménez analiza lo siguiente: "Esto es una cuestión que nos retrotrae al contexto de la Transición a la democracia, donde figuras eclesiásticas españolas como Bernardo Monsegú o José Guerra Campos se alzaron contra los limitados cambios promovidoscon el Concilio Vaticano II y se alinearon con formacionesneofranquistas como Fuerza Nueva o Alianza Popular al calor de las movilizaciones feministas de los setenta. Si bien no pudieron frenar las transformaciones en cuestiones de igualdad ejecutadas por los diferentes gobiernos democráticos, cuando falleció Pablo VI y se inició el pontificado de Juan Pablo II en 1978, su supervivencia, junto con otros, facilitó la adopción de los posicionamientos neoconservadores de este en adelante".


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