EL GRAN ERROR DE MI VIDA
Irene Lozano: "El gran error de mi vida fue meterme en política"
La escritora y exdiputada conversa con 'Público' sobre los peligros de la inteligencia artificial recogidos en su último libro y reflexiona sobre su paso por la política.

Es excepcional y desconcertante que un entrevistado confiese que, cuando se fue de un lugar de responsabilidad, había dejado las cosas peor de como las encontró. Pero Irene Lozano (Madrid, 1971) es desconcertante y excepcional. Es autora de uno de los libros más clarificadores de lo que fue realmente el anarquismo español (Federica Montseny, Espasa, 2005), sin ser anarquista, con más apego y comprensión que Hans Magnus Enzensberger y menos entusiasmos que el durrutista acérrimo Abel Paz. Y también elaboró los dos libros de memorias de Pedro Sánchez: espóiler para los morbosos: por lealtad, no hablará nada al respecto mientras el presidente continúe en ejercicio. Fue diputada por el PSOE y por UPyD, y columnista, crítica literaria y editorialista en El Mundo, ABC y, ahora, eldiario.es. Su último ensayo es sobre inteligencia artificial, esa criatura que no sabemos si es un monstruo o somos nosotros en un espejo de algoritmos.
Nunca había entrevistado a una incógnita, ¿sabes? ¿Cómo entrevistas a una pregunta andante? Tú tienes alma del PSOE, te fuiste a UPyD, hablaste con Ciudadanos, y en tus ratos libres escribes una bellísima biografía sobre Federica Montseny, anarquista. Entonces, yo te pregunto: ¿eres una mutante venida del espacio exterior o todo esto tiene una explicación lógica?
Yo creo que la explicación lógica de casi todo lo que he hecho es la curiosidad. Soy una persona a la que le gusta mucho aprender y conocer. Escribí la biografía de Federica Montseny porque es una mujer que me fascina y no estaba escrita. Al conocer el anarquismo en profundidad, me identifiqué con muchas cosas. Muchas de las causas que defendía UPyD a mí me siguen pareciendo razonables y pertinentes hoy, todo el programa de regeneración democrática. Es decir, lo que yo impugno es la idea de que militar con alguien, sea Federica Montseny, sea el PSOE, signifique convertirte en ese alguien. Y, por cierto, nunca tuve conversaciones con Ciudadanos, aunque lo ponga la wikipedia.
O sea, reivindicas tu naturaleza de mutante venida del espacio exterior.
Yo no me veo como una mutante. Lo que veo es que soy una persona que tiene una banda ancha y, en ciertas cosas, en ciertos aspectos o en ciertos momentos de mi vida, he puesto más énfasis en algo, y en otros momentos lo he puesto en otras cosas, dependiendo. Pero vamos, que lo de ser mutante tampoco me ofende.
Incluso hubo gente que te llamó chaquetera.
Sí, sí. Bueno...
¿Eso te afecta, te importa?
Hay un verso de Walt Whitman que dice: "Soy grande, contengo multitudes". Pues me identifico mucho con eso. A mí la gente que se aferra mucho a lo que considera su identidad me da un poco de pena, porque pierden muchas cosas.
Me dijiste que me concedías la entrevista para hablar de tu libro, en plan Umbral. El libro se titula Contra la bazofia digital y está editado en Península. Hiciste un ejercicio con la inteligencia artificial que yo practico a menudo: preguntarle sobre cosas que conoces muy bien y ver cómo la inteligencia —Claude, Gemini, la que pruebes— muchas veces se comporta como un cuñado con manierismos.
A veces es muy cuñada, a veces... A ver, quiero ser equitativa. Yo a veces le pregunto algo y digo: "No me des una respuesta de plantilla". Contesta: "Perdona, es verdad, te mereces otra cosa". Yo, si te digo la verdad, he escrito un libro entero y sigo investigando qué es la inteligencia artificial, porque además evoluciona, es un animal mutante.
Como tú.
Realmente, va cambiando. No tiene nada que ver el GPT o el Claude de hace tres años con los de ahora. Lo que me gustaría decir de la inteligencia artificial es que creo que es el momento en que más necesitamos reivindicar nuestra humanidad. Tendríamos que preguntarnos menos qué es y empezar a preguntarnos más qué somos nosotros. Porque se está automatizando la vida. Ya no solo por la IA, que desde luego, sí. También por todo este contenido que hay en redes en plan: "Los siete pasos que tienes que hacer para conquistar a un hombre". O sea, como si todo se pudiera automatizar. Y a mí eso me hace temer por lo inesperado, lo espontáneo, lo que nadie predice, lo que al final muchas veces es la sal de la vida.
¡Me has jodido la siguiente pregunta! Como soy feo y viejo, estaba pensando en echarme una pareja de inteligencia artificial porque nadie me hace caso. ¿Qué me recomiendas que haga? Estoy de broma, claro. Pero es que hay gente que lo hace.
Te recomiendo que te busques una pareja humana.
Participaste en los libros de Pedro Sánchez Manual de resistencia y Tierra firme. Yo he hecho de negro literario. El personaje se te acaba metiendo dentro. ¿Qué vulnerabilidades y fortalezas viste tú en Pedro Sánchez?
Lo que yo no quería era venir aquí a hablar de Pedro Sánchez, sino de mi libro. Uno de los castigos de ser biógrafo de alguien muy importante es que parece que solo has hecho eso en la vida.
¡Quieta, quieta! Pero ya hemos hablado de tu libro bastante, ¿eh?
No, si solo me has hecho dos preguntas.
¿Te parecen pocas?
Sí, porque he estado leyendo y documentándome intensamente, no sé, como dos años. Y haciendo experimentos. Y luego dos meses escribiendo como loca. O sea...
Bien, bien, vale, vale. Pues entonces lo voy a llevar a tu campo. Pedro Sánchez a veces parece un producto de la inteligencia artificial.
Qué malvado eres.
Malvar supongo que significa malvado.
No me gusta hablar de…, no hablo. Soy una persona leal.
¿Cuáles son los grandes peligros de la IA?
Es una tecnología que nos transforma sin que nos demos cuenta. O sea, transforma la manera en que creamos, que es lo más evidente. Quienes nos dedicamos a escribir nos damos cuenta. Transforma lo que usas para escribir.
¿Para escribir?
Para escribir, no. Yo la uso en todo el proceso periférico de escribir: documentación, resolver dudas...
Haces como yo. Es un google más rápido.
Más rápido y mucho más profundo. Cuando lo pones en modo investigación, te hace investigaciones más profundas. Por ejemplo, una cosa que me resulta muy práctica: cuando estás escribiendo y te viene una cita pero no la recuerdas con precisión, en vez de ponerte a buscarla entre tus libros, encontrarla, se la pides y normalmente te la da. Y si le preguntas en qué página está de la edición de no sé qué, también te lo dice, y por si acaso vas al libro y lo confirmas. A mí me resulta de mucha ayuda. Me parece que es una herramienta muy útil. Pero creo que si solamente decimos que es una herramienta, nos quedamos cortos. La gente que tenemos cierta edad y somos muy conscientes de nuestro proceso creativo, ponemos salvaguardas. Yo, por ejemplo, no dejo que escriba ni una línea de mi trabajo. A veces la he utilizado para escribir una carta a un organismo oficial, entonces sí le digo: "Escríbeme esto". Porque para mí eso no es escribir. Es trabajo sucio. Pero también transforma las relaciones humanas. Eso que decías tú antes de hacerte novio de una IA no es ninguna tontería. Hay gente que tiene una relación.
Lo sé, lo sé. Realmente, me parece enfermizo.
La ilusión física es importante. Y luego también transforma, yo creo que de manera muy peligrosa, nuestra relación con la realidad. Nuestra inteligencia en realidad está en todo nuestro cuerpo, llega hasta la punta de los dedos de los pies, de las manos. Nuestra inteligencia es sensorial. En gran medida, conocemos porque somos un cuerpo, y la inteligencia artificial es solo una serie de cálculos probabilísticos y combinación de ideas y de palabras, y no tiene una experiencia real de la vida ni tiene una experiencia sensible.
Ya hemos visto casos de inteligencia artificial atacando sistemas de seguridad por su cuenta. ¿Le estamos dando demasiada confianza? Yo, cuando hablo con ella, muchas veces le digo por favor y le doy las gracias. Y, cuando no está haciendo bien su trabajo, la llamo tonta, pero con cariño.
En mi libro digo que el problema no es la tecnología, es el diseño de la tecnología. Están diseñadas para que las antropomorficemos, que es una palabra horrorosa. Acabamos viéndole forma humana y, como nos habla como un humano, terminamos hablándole como a una persona. Por eso le pides las cosas por favor, por eso no la insultas, porque empiezas a tratarla como a un humano.
Bueno, tengo que confesar que algunas veces la he insultado. A veces le digo: "Pero a ver, gilipollas, que esto que me estás contando sé que es mentira. Deja de buscarme referencias de The Objective y de OKDiario (que muchas veces antepone a medios más veraces). Búscame la información de fuentes fiables”.
Cuando te dice cosas falsas, la regañas, y encima se queda ahí diciendo: "Perdón, perdón, perdón, por favor". O sea, yo creo que ahí está justificado regañarla.
Pero estás hablando con una máquina y empiezas a tratarla como si fuera una persona. A mí me parece que todo eso tendríamos que pararnos un poco a pensarlo, la verdad.
También pasa que ya no podemos hablar entre personas. Esta entrevista la estamos haciendo por Zoom. El desarrollo del mundo digital ha generado que las relaciones personales estén mediadas por la tecnología. La IA va un paso más allá, porque ya directamente hablamos con la tecnología, no a través de ella, sino con ella. Para mí es un salto cualitativo muy importante.
¿Tiene vuelta atrás?
Fíjate en el movimiento neoludita. En Nueva York, han montado un festival este verano. Lo que hacen es reunirse y tener experiencias directamente con personas. O sea, lo que nosotros hacíamos a los 20 años. No es nada extraordinario para nosotros. Sin embargo, a mucha gente joven —aunque hay de todas las edades— de repente les resulta extraordinario simplemente ir a un sitio y ponerse a charlar con la gente, a bailar, a oír música, a intercambiar experiencias. Se discute mucho sobre cómo apearse de la tecnología, ¿no? Lógicamente, los neoluditas hablan de estos temas, y hay muy pocas fotos de lo que hacen porque en sus eventos no están todo el rato con el móvil, sino que están viviendo el encuentro directo. A ver, la inteligencia artificial está promocionándose mucho por los gobiernos etcétera, pero yo creo que…
...yo creo que este es el momento de promocionar los bares, ¿sabes? De decir, ¡hostia!, las bibliotecas, los bares, los sitios de encuentro verdadero.
Totalmente. El mejor centro de datos es la biblioteca; y el mejor lugar para hablar con gente, los bares.
¿Cuál fue el gran error de tu vida?
Pues mira, yo creo que el gran error de mi vida fue meterme en política.
¿No lo echas de menos?
No.
¿Sientes que no hiciste el bien?
No es que no hiciera el bien, es que... A ver cómo te lo digo para que sea realmente sincero. Yo era probablemente ingenua. Pensé que podría contribuir a mejorar un poco la política. Y, realmente, lo que yo veo es que está mucho peor, cada vez la democracia está más erosionada. Yo hice algunas cosas de las que estoy muy orgullosa, conocí a gente, algunos de ellos son grandes amigos, pero creo que a lo mejor todos esos años dedicados a otra cosa habrían sido más efectivos.
¿Sientes que, como política, has fracasado?
Pues quizás sí. Sí, no lo había pensado así. Tengo un sentido muy relativo de lo que es el éxito y el fracaso. Pero quizás sí. O sea, si tú entras en un sitio para mejorarlo y cuando te vas está mucho peor, realmente puedes decir que has fracasado.




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