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Israel Netanyahu pone en marcha la ‘dictadura del coronavirus’

Tras las elecciones del 2 de marzo, el escenario que se ha abierto en Israel registra una polarización que está afectando peligrosamente a las instituciones del estado. Intelectuales liberales y otras personalidades acusan a Benjamín Netanyahu de socavar deliberadamente la estabilidad del país para mantenerse en el poder sin importarle las consecuencias de sus acciones.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en Jerusalén, en una imagen de archivo. / EFE
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en Jerusalén, en una imagen de archivo. / EFE

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Intelectuales y hombres de la política y de otros campos de la vida pública israelí han acusado al primer ministro en funciones, Benjamín Netanyahu, de utilizar la pandemia para apretar las tuercas a la democracia e incluso de querer establecer una "dictadura del coronavirus", paralizando la política en el parlamento con el fin de librarse del juicio por corrupción que le espera a la vuelta de la esquina.

El célebre filósofo e historiador Yuval Noah Harari, autor del best-seller mundial ‘Sapiens’, ha sido uno de los que ha entrado en el debate que se ha abierto en las redes sociales. El pasado jueves acusó Netanyahu de destruir la democracia "con el pretexto de estar luchando contra el coronavirus", en un tuit que tuvo mucha repercusión.

El filósofo e historiador Yuval Noah Harari afirma que "el coronavirus ha matado la democracia"

"El coronavirus ha matado la democracia", escribió Harari. "Netanyahu ha perdido las elecciones y, con el pretexto de luchar contra el corona, ha cerrado el parlamento israelí, ha ordenado a la gente que se quede en sus casas y está promulgando los decretos que le parece bien. A esto se le llama dictadura". Y añadió: "En Italia, España y Francia, los decretos de emergencia los promulga un gobierno que el pueblo ha elegido", a diferencia de lo que ocurre con Netanyahu, "que no tiene el mandato de su pueblo".

Yair Netanyahu, hijo del primer ministro, le respondió con otro tuit en el que le tachaba de "estúpido", le reprochaba que "no entiende de política" y le acusaba de "antisionista". Yair, de 28 años, se apunta a todos los fregados de internet y muchos consideran que es el portavoz de su padre cuando a este no le interesa ensuciarse por cualquier motivo.

Después de asegurar que su padre fue el que ganó las elecciones del 2 de marzo, Yair se metió con la obra literaria de Harari, que calificó de "muy decepcionante" y de defender "paradigmas globalistas" que parecen escritos por el judío multimillonario húngaro-estadounidense George Soros, un filántropo progresista odiado por Netanyahu.

Entre los muchos que han intervenido en el debate se encuentra el renombrado exgeneral Guy Tzur, quien el viernes dijo en las redes sociales que "la tiranía ya está aquí y los seguidores del Likud mantienen la boca cerrada". "Netanyahu está haciendo todo lo que puede para destruir los contrapesos que existen con el fin de obtener suficiente poder para hacer lo que quiere, todo lo que quiere, sin responder ante nadie", remataba Tzur.

Benjamin Netanyahu votando en  | EFE

La policía ha reprimido varias protestas contra Netanyahu. En una de ellas, los agentes multaron a un considerable número de manifestantes que se dirigían en caravana a Jerusalén para expresar su descontento con la situación política delante de la Kneset. Posteriormente, fuentes policiales reconocieron que la reacción de los agentes, impidiendo la circulación de los coches de la caravana y arrestando a alguno de ellos, fue "excesiva".

En todo este lío ya ha rodado la primera cabeza, la de la periodista Lucy Aharish, quien hace unos días intervino en un mitin crítico contra Netanyahu y horas después, el domingo, fue despedida fulminantemente del programa que presentaba en Kan, la corporación pública de radio y televisión. Kan dice que una cosa no está relacionada con la otra, pero en el entorno de Aharish se asegura que la corporación le comunicó que no podía seguir presentando el programa después de su participación en el mitin.

El enfrentamiento de Netanyahu contra todo lo que se mueve no se circunscribe a intelectuales y ciudadanos notables, sino que también sigue adelante contra las instituciones principales del estado. Ahora el turno es la Kneset y el Tribunal Supremo, donde se libra una lucha de vida o muerte entre los hombres del primer ministro y la oposición.

El presidente interino de la Kneset, Yuli Edelstein (Likud), se niega a convocar una sesión plenaria para elegir a su sucesor

Si antes estuvieron en el punto de mira la policía, los periodistas, los fiscales, los investigadores y los jueces, principalmente, ahora los más altos responsables del Likud la han emprendido contra el máximo órgano de justicia, y no es la primera vez. La oposición presentó una petición para que el Supremo llamara al orden al presidente interino de la Kneset, Yuli Edelstein (Likud), quien se niega a convocar una sesión plenaria para elegir a su sucesor después de las elecciones del 2 de marzo, a pesar de que la mayoría de los diputados se lo exigen.

Edelstein, que sigue órdenes de Netanyahu, sabe que si se elige a su sustituto, la Kneset muy probablemente aprobará una ley impidiendo que un imputado por la justicia pueda ejercer como primer ministro, lo que pondría punto final a la carrera de Netanyahu en el caso de que se convoquen nuevas elecciones, que serían las cuartas en poco más de un año.

Varios ministros interinos del Likud calificaron de "golpe" la intervención del Supremo. El titular de Transporte, Bezalel Smotrich, insistió en que "el sistema judicial está promoviendo un golpe, nada más y nada menos". Las próximas horas y los próximos días van a ser muy complicados pues se verá si el Supremo gana el pulso a Edelstein y se aclarará si Netanyahu puede continuar como primer ministro.

La presidenta del Supremo, Esther Hayut, explicó así la situación que se da en el parlamento: "Las llaves de la Kneset están encima de la mesa; quien gana las elecciones va y las coge, pero resulta que alguien se ha guardado las llaves en el bolsillo".