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Manuela Carmena, la gata que pretende trepar la muralla de Aguirre

La candidata de Podemos al Ayuntamiento de Madrid convoca a la prensa y a los miembros de su lista en un bar castizo para transmitir su "idea de horizontalidad y no hablar desde podios"

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Manuela Carmena posa con dos jóvenes en la plaza del Rey. / HENRIQUE MARIÑO

Manuela Carmena cita en La Revoltosa, taberna que flanquea la plaza del Rey, uno de esos bellos rincones que parecen no estar ahí hasta que el madrileño los transita. Es la hora del aperitivo y la charla no versa sobre el tiempo, desapacible, ni sobre el clásico, donde el (otro) bipartidismo se desplegará esta noche sobre la hierba. Los parroquianos hablan de política al abrigo de unas paredes estampadas de gatos, cuyas huellas dan fe de la filiación neocastiza del local.


A Carmena, jueza jubilada, se la rifan los presentes, cuyo objetivo es presentarse a las elecciones municipales. Ella es la elegida por Más Madrid para convertirse en la candidata de Ahora Madrid a la Alcaldía de la capital. Ahora Madrid es el barco en el que se han enrolado Podemos, Ganemos, Equo y Convocatoria por Madrid, que son los escindidos de Izquierda Unida, cuyo cabeza electoral, Mauricio Valiente, baraja a su vez encabezar una tercera lista para liderar esta plataforma ciudadana por el cambio. La segunda, con Pablo Carmona al frente, es Madrid en Movimiento. Para burlar el trabalenguas convendría resumir que la jurista es la mujer con la que Podemos pretende asaltar el consistorio, donde ha prometido que dará libertad de voto a sus concejales.

No escatima besos ni palabras. “Hemos convocado a la gente de una manera distinta”, explica cuando logra zafarse de sus correligionarios para atender a la prensa. “Queremos transmitir la idea de horizontalidad”, que para ella es estrechar la relación entre las personas, “no hablar desde podios”. La acompañan algunas de las nuevas caras de la política española o, al menos, de la capitalina: Guillermo Zapata, Rita Maestre, Nacho Murgui, Jorge García Castaño y un largo etcétera. También están los veteranos Jesús Montero o Inés Sabanés. Carmena, en cambio, no se reconoce como tal (“yo no soy un político, no me interesa la política ni he militado en ningún partido”), aunque su cometido sea destronar a Esperanza Aguirre, la monarca interpuesta, nonata.

El orvallo (el tiempo lleva días nordesteando, como si a Madrid la hubiese venido a ver la grisura del apóstol Santiago) hace recogerse a los asistentes al Vermut con Manuela, “un acto menos formal que una rueda de prensa, con oportunidad de hablar directamente con la candidata”, reza la convocatoria. Dentro, de nuevo, los gatos, gentilicio popular de una villa callejera, noctívaga y salidora, de ahí la denominación. Aunque el otro posible origen del término tal vez le guste más a Carmena, cuyo nombre también es muy de aquí, el mismo de la niña apellidada Malasaña que echó fuera a los franceses: fue el patronímico que recibieron los descendientes de un soldado de las tropas de Alfonso VI que, durante la conquista de la ciudad, trepó la muralla árabe valiéndose de una daga que parecía zarpa. Y de aquel linaje valeroso y gateador, este gentilicio metonímico.

“Nos tenemos que ir acostumbrando a que en el gobierno municipal pueda haber personas que no somos políticos”, retoma el hilo. Al final, aceptó ser una de ellas, aunque costó que la convencieran. “Me ha dado muchísima pereza. Yo estaba muy bien, jubilada y con mis proyectos”, se sincera Carmena, en cuyo dilatado currículo luce haber sido cofundadora del despacho de abogados laboralistas de Atocha y de la progresista Jueces por la Democracia, así como magistrada de la Audiencia Provincial y vocal del Consejo General del Poder Judicial. Dio el paso porque sintió que podía ayudar a que se produzca “un cambio importante”, sobre todo para los jóvenes. “Me sentí obligada a hacerlo”, zanja la favorita de Pablo Iglesias. Sus objetivos: “El derecho a la ciudad, un derecho humano emergente”, es decir, “un lugar para todos con una convivencia más igualitaria y justa”.

- Si llegase a la Alcaldía, ¿que sería lo primero que cambiaría?

- Gobernar no es difundir cuatro eslóganes publicitarios sino un proceso complejo en el que siempre debe hacerse una evaluación por resultados.

Precisamente eso es lo que ha fallado, a su juicio, en los sucesivos gobiernos conservadores que han llevado las riendas de la urbe, que apenas recuerda a los socialistas, acaso como un juguete de la infancia. “Y las encuestas a los ciudadanos son fundamentales”, añade la jueza retirada, gata de nacimiento, 71 años a sus espaldas y por el “cambio social”, una de las palabras recurrentes en su discurso. “Mejorar lo que te rodea es una de las ocupaciones más estimulantes en las que puede participar un ser humano”.

- ¿Y se ve gobernando con Antonio Miguel Carmona?

- No me gusta emplear los términos tradicionales de la política. Me veo trabajando por Madrid con el candidato socialista y con muchas otras personas. ¿Por qué no? Para mí, todas son importantes.

- ¿Como alcalde o como teniente de alcalde?

- No entro a considerar eso porque forma parte del esquema de los pactos, entendiéndolos como reparto de poder. Se trata de buscar otra manera de gestionar que suponga, en cierto sentido, reinventar la política.

- ¿Pero qué hace falta para que no gane Esperanza Aguirre?

- Los ciudadanos deben tener claro que no puede vencer alguien que ha liderado una manera de gobernar que fue el caldo de cultivo de la mayor corrupción de este país.

Si las primarias de Ahora Madrid le son propicias y Manuela Carmena termina encabezando la candidatura al Ayuntamiento, no sólo tendrá delante a la lideresa del PP sino también una muralla levantada durante cinco lustros de ascendiente conservador. La misión de la garra será derrotar a la épica, no tanto como en un clásico, donde el enemigo es el Barça, como en un derbi madrileño. O sea, gato.

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