El miedo a una revolución, la pesadilla de los servicios secretos dos semanas antes del golpe del 23-F
El CESID alertó trece días antes del golpe de Tejero de que una crisis económica grave, la radicalización política y una reacción armada del Ejército podrían desencadenar un proceso revolucionario en España.

Madrid--Actualizado a
¿Es posible que haya una revolución en España? Trece días antes del 23-F, los servicios secretos consideraban que algunos factores "podrían conducir al desencadenamiento" de un proceso revolucionario en nuestro país, como un "deterioro económico" que provocase un incremento notable de la inflación y el paro, las aspiraciones insatisfechas de algunos sectores de la sociedad y el aumento de la inseguridad ciudadana.
Así consta en el Informe semestral sobre la amenaza interior que el director accidental del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID), Narciso Carreras Matas, envió a la Junta de Jefes de Estado Mayor (PREJUJEM) el 9 de marzo de 1981, aunque había sido elaborado el 10 de febrero. Apenas dos semanas después, el teniente coronel Antonio Tejero asaltaría el Congreso de los Diputados
Precisamente, esa amenaza también era citada por el servicio de inteligencia —reemplazado en 2002 por el CNI— como uno de los factores que encarrilarían una revolución: "La iniciación de un golpe de estado, o su riesgo inminente, podrían originar como reacción un movimiento revolucionario de carácter defensivo". Esta información figura en uno de los documentos desclasificados este miércoles por el Gobierno relativos al 23-F.
Crisis económica y revolución
El informe del CESID señala como los tres grandes problemas nacionales la estructuración del Estado —con el sistema autonómico como "su punto clave"—, el terrorismo y la situación económica, que "constituye un problema de gravísimas repercusiones sociales", con una inflación del 15% y un millón y medio de parados, y que afecta sobre todo a Andalucía, Extremadura, Canarias y Euskadi.
"Ha de señalarse la peligrosidad del deterioro económico, desde el punto de vista de la amenaza interior, por cuanto repercute directamente en la radicalización política", dejan claro los servicios secretos, que advierten de que las crisis internas de los partidos podrían motivar un desplazamiento hacia los extremos y de que la conversión de algunas formaciones en "agentes revolucionarios o separatistas" podría influir en los sindicatos.
El CESID diferencia entre los "grupos específicamente revolucionarios" —de extrema izquierda, entre los que destaca el Movimiento Comunista (MC)— y los que "con su actitud pueden contribuir, y en ocasiones han contribuido, directa o indirectamente, al desarrollo de un proceso revolucionario", caso del Partido Comunista de España (PCE), que "puede volver a crear el clima propicio para desarrollar un proceso revolucionario, al provocar un nivel elevado de conflictividad".
"Los procesos revolucionarios incluyen una actividad sobre las FAS [Fuerzas Armadas] para tratar de neutralizarlas mediante la infiltración y el sabotaje. Esta actividad se dirige hacia la captación, desunión y desmoralización de cuadros permanentes, utilizando la propaganda y acciones insidiosas. También hacia el control sobre la tropa, empleando los elementos revolucionarios que se incorporan a los cuarteles", reza el informe (pdf).
En ese sentido, indica que el "elevado" nivel de organización del Movimiento Comunista le ha permitido infiltrarse en el Ejército, impulsar el Movimiento de Objetores de Conciencia (MOC) y apoyar a la Unión Democrática de Soldados (UDS). Mientras, el Partido Comunista busca "mantener militantes clandestinamente en sus cuadros permanentes e incidir en la tropa", así como reducir la duración de la mili y separar la Guardia Civil de las FAS.
El PCE y el Movimiento Comunista
Los servicios secretos, dependientes del Ministerio de Defensa, consideran que "no parece probable que se desarrolle un proceso revolucionario clásico en la sociedad española actual", aunque plantean varias hipótesis en el caso de que "los agentes revolucionarios" aprovechasen una evolución desfavorable de los factores citados anteriormente, como una "profunda" crisis económica, para aumentar su incidencia en la sociedad.
Así, plantean la posibilidad de que el Movimiento Comunista arrastre a otros grupos de extrema izquierda tras provocar "profundas alteraciones del orden"; de que en el PCE triunfe "la línea radical" y sus dirigentes recurran "a las movilizaciones de masas para desestabilizar la situación"; y de que alguna comunidad autónoma alcance "un índice de conflictividad muy elevado que puede llevar a una situación insurreccional".
En ese caso, el CESID cree que el Movimiento Comunista no tiene entidad para movilizar a las masas excepto que se produjese "un cambio sustancial en las condiciones ambientales", como un incremento desmesurado del paro y la inflación. Aunque en un primer momento provocaría "un aumento de conservadurismo", a partir de cierto nivel "algunos sectores en paro podrían contribuir a un proceso revolucionario".
El MC, pues, solo sería una amenaza a largo plazo si se diesen esas circunstancias, si los partidos conservadores se escorasen a la extrema derecha y si los militares amagasen con un golpe de Estado. Para ello, debería contribuir al aumento de la conflictividad el propio PCE, siempre y cuando triunfase su línea radical, descontenta con que "la política de moderación del partido ha facilitado el desplazamiento hacia la derecha del Gobierno y el incremento, en su opinión, de la corrupción en el poder, causa de la desatención a los problemas sociales".
El miedo a dañar su imagen y a una involución del Ejército frenarían la posibilidad de que el Partido Comunista recurriese a las movilizaciones de masas para conseguir un alto grado de conflictividad, según el informe de los servicios secretos. Sin embargo, si hubiese desacuerdos en las Fuerzas Armadas, "el PCE y toda la izquierda podrían adoptar una actitud ofensiva en apoyo al sector de las FAS opuesto a la involución".
En cambio, si el PCE, arrastrado por circunstancias internas, movilizara a las masas, "los grupos revolucionarios podrían llegar a constituir una amenaza en un plazo más reducido" y el MC "podría desarrollar acciones especializadas que produjeran un fuerte impacto en la sociedad". Hipótesis que se adormecieron tres semanas después con el golpe de Tejero, cuando el 23-F sacudió la pesadilla revolucionaria del CESID.
Separatismo, Euskadi y terrorismo
Sea como fuere, los servicios secretos tenían claro que la situación económica solo podría llegar a ser muy grave en Andalucía —donde "existe un riesgo potencial de que los acontecimientos [...] se deterioren notablemente, sin que se pueda descartar una situación insurreccional a largo plazo— y en Euskadi, donde prima la "amenaza separatista", de ahí que el informe le dedique un apartado aparte.
Así, "el separatismo representa la amenaza interna más importante", aunque circunscrita al País Vasco, pues el informe concede menor importancia a Catalunya y se la resta a Galicia, Canarias, País Valencià y Andalucía. "El terrorismo revolucionario-separatista vasco puede llegar a constituir actualmente un problema", señala el CESID, que no descarta "la posibilidad de que una actividad terrorista intensa y prolongada llegue a originar una guerra civil en una sociedad dividida y radicalizada por la incidencia de las acciones terroristas".
La guerra civil nunca llegó y ETA cesó décadas después su actividad terrorista. Sin embargo, uno de los miedos de los servicios secretos españoles llegaría a materializarse. El CESID temía un "ataque a los centros del poder por núcleos armados apoyados por sectores radicales", como consta en el Informe semestral sobre la amenaza interior. Y, efectivamente, trece días después de su elaboración, Tejero dio el golpe de Estado del 23-F.


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