Este artículo se publicó hace 4 años.
Memoria

Pablo Iglesias
Madrid-
¿Qué significa la memoria histórica en España? ¿Qué significa en Argentina y en otros países de América Latina? ¿Vamos a hablarte hoy de eso que Casado llamaba "las guerras del abuelo" o vamos a hablar de las batallas culturales e ideológicas del presente?
Pareciera como si la memoria histórica aludiera solamente al derecho de las familias de los represaliados por el franquismo a poder recuperar sus cuerpos y darles una sepultura digna, mientras la derecha y la ultraderecha gritan ETA, ETA, ETA, como si reconocer a la víctimas del franquismo fuera menospreciar a las víctimas de ETA.
Pero fíjense que el problema de la memoria histórica no va solo de eso. La memoria no es solo justicia simbólica para las víctimas, la memoria determina la imagen que un país tiene de sí mismo y como se proyecta hacia el futuro. Y eso tiene una importancia política crucial.
El otro día en El Salto, a propósito del Ferrerasgate, Raúl Sánchez Cedillo decía: "si a algo me recuerdan las voces omnipresentes de Villarejo y sus secuaces, mandos policiales, periodistas, políticos, es a una España invariante, que se remonta como mínimo a la Restauración canovista. Lo valleinclanesco no ha cambiado, la idea y la práctica patrimoniales del Estado español no ha hecho más que aumentar, salvo el paréntesis de la Segunda República y luego de la Transición, con el inevitable reparto patrimonial, desigual e inestable, que estructura el régimen autonómico del Estado, siempre en crisis. Son las voces chabacanas, zafias, soeces, sórdidas, confiadas, que en cada una de sus inflexiones, timbres, dejes, estilos e idiolectos condensan cientos de miles de páginas sobre la naturaleza de la forma Estado española".
"Villarejo es ya, pero lo será más con el tiempo, un signo condensador, un epítome de una democracia concedida, garantista los lunes y autoritaria el resto de la semana, modernizadora a todas horas pero fundada en el privilegio de clase y religioso en la educación, que no superó nunca el impacto del neoliberalismo sobre el sistema de pesos y contrapesos que hubiera podido servir para estirar una interpretación más progresiva de la Constitución. En esa medida, y a fortiori, la figura de Villarejo es la prueba de cargo contra la ilusión eurocomunista y socialdemócrata de una interpretación garantista, laborista y socializante de la Carta Magna".
En esta reflexión de Raúl hay un discurso memorialista de enorme importancia para entender el presente. La memoria histórica es como decía, antes que nada, la imagen que un país tiene de sí mismo y aquí Raúl no ha dejado ni un gato sin su cascabel.
Esa España llena de continuidades oligárquicas que describe, se sostiene de hecho sobre un discurso memorialista que pone el foco en las gestas imperiales y deportivas al tiempo que oculta los crímenes de las elites y presenta los conflictos como males de una suerte de personalidad apasionada española.
Y la fuente principal de ese discurso memorialista social-conformista que, como mucho concede que los nietos puedan dar sepultura a los abuelos asesinados, no son los historiadores ni los escritores, es el partido columnista, cuyos miembros te repiten hoy eso de que "Sin Ferreras La Sexta aún sería peor" y ayer te decían "menos mal que la OTAN defiende la democracia", "Vota PSOE o PP para parar a VOX", "Viva el consenso, abajo la crispación", "Martín-Villa es un hombre de Estado", "El Rey Juan Carlos, a pesar de todo, hizo mucho por España" o "Yo corrí delante de los grises pero si los grises, coletas, corrieron más que tu padre y le detuvieron, es que algo habría hecho".
Hoy, 18 de julio, hablamos de memoria histórica, de ideología y de futuro.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.