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La negociación sobre Catalunya Sánchez arriesgará lo que sea necesario para buscar una salida al conflicto catalán

Pese a la resistencia de su partido, el presidente no ahorrará gestos para intentar buscar un nuevo encaje de Catalunya en España. Asumirá los indultos, la reactivación de la mesa de diálogo y ofrecerá una nueva financiación y un nuevo Estatut. La línea roja sigue siendo que no permitirá un referéndum por la autodeterminación. Sánchez cree que el desgaste que le puede producir las primeras decisiones se puede recuperar si Catalunya entre en una vía de normalización.

Sánchez y Junqueras se saludan en el Congreso.
Sánchez y Junqueras se saludan en el Congreso. EFE

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no aguantaría la 'maldita hemeroteca' en toda su etapa como secretario general del PSOE sobre su posición política en torno a Catalunya. Pero no es menos cierto que, bien por necesidades parlamentarias o por convencimiento propio, en su etapa como presidente del Gobierno ha optado en la mayoría de las ocasiones por arriesgar lo que sea necesario para buscar una salida al llamado conflicto catalán. Y, ahora, parece que ha llegado el momento de demostrarlo.

El primer gran paso será la previsible concesión de los indultos a los condenados en la sentencia del 'procés'. Sánchez ya ha dejado meridianamente claro que se va a conceder dichos indultos, con más o menores condicionantes, pero como una inequívoca prueba de querer buscar otra relación con el Gobierno de la Generalitat.

Y el presidente del Gobierno es el primero que es consciente del rechazo mayoritario que hay en su partido, en buena parte de la sociedad y del previsible desgaste electoral que le puede suponer a los socialistas, pero está decidido a dar el paso: "El coste para el país sería dejar las cosas como están", afirmó.

El siguiente paso será encauzar la mesa del diálogo para afrontar el llamado conflicto catalán y en este foro, de nuevo, Sánchez piensa arriesgar con sus propuestas… hasta ciertas líneas rojas. En este sentido, el Gobierno no va escatimar gestos sobre quiénes la componen, el lugar de la reunión y hasta, posiblemente, el abanico de temas a tratar. Es decir, no hay inconveniente de hablar de independencia, pero el Gobierno no va a ceder un ápice en su posicionamiento contario a la misma.

En este sentido, las bazas que quiere jugar el Gobierno en esta negociación es ofrecer una nueva y mejor financiación para Catalunya (lo que también le supondrá enfrentamientos con comunidades gobernadas por el PSOE) y la posibilidad de que Catalunya apruebe un nuevo Estatut y, en esta ocasión, que sea de verdad el que salga del Parlament catalán.

También se plantea la cesión de algunas competencias históricas que reclama Catalunya

Sánchez está convencido de que hay que ir a un Estado federal, y también podría ceder en algunas competencias históricas que reclama Catalunya, pero todo dependerá con la actitud que se encuentre.

La línea roja es clara. No se apoyará un referéndum por la autodeterminación de Catalunya ni se plantea ninguna hipótesis ni escenario de independencia.

Y con estas cartas Sánchez quiere jugar la partida, que se antoja que puede ser el tema político central del próximo año. El presidente del Gobierno quiere arriesgar, aunque a una buena parte del partido le da miedo hasta donde pueda llegar.

Lo que también está claro es que con esta apuesta de negociación a corto y medio plazo, Sánchez no tiene ninguna intención de adelantar las elecciones. Es más, la propia negociación le da margen para seguir teniendo apoyos parlamentarios, incluso, de cara a los próximos Presupuestos Generales del Estado.

Por ello, su mejor baza es el tiempo y que las conflictivas decisiones que pueda tomar ahora se compensen con una salida, al menos provisional, al conflicto. De no ser así, el riesgo que corre él y el PSOE es muy elevado. Y el partido no se lo va a perdonar.

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