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El padre Mato, la voz del rural gallego

Sufrió la persecución del franquismo por salirse de la doctrina oficial con la emisora de radio que en los años 60 dio voz al pueblo gallego. Xesús Mato repasa para 'Público' una vida de compromiso y rebeldía contra la Iglesia “que todavía añora a los Papas viejos”

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Xexús Mato en Radio Popular de Lugo.

@CrisSBarbarroja 

MADRID.- “¡No, no, no!” repite cada vez que se le atribuye mérito. Exclama humilde: “¡A ver si vas a contar mentiras que yo soy un tipo normal!”. Con el acento cerrado de quien se ha pasado media vida defendiendo la lengua materna, sólo se reconoce en una virtud: “Nunca tuve miedo. A nada. Tampoco al compromiso que sí atemoriza a la Iglesia; esa que va detrás en vez de ir delante, dando ejemplo. No tienes más que escuchar la COPE, ‘la radio de los obispos’, como muy bien dicen los socialistas”.

Lo sabe de sobra Xesús Mato (Cabodevila, 1932), cura y comunicador del galego, el sacerdote que pinchaba folclore “subversivo” durante el franquismo y que dio voz a quienes no la tenían en la primera emisora de radio de Lalín. “De aquella COPE –dice– que un día fue una radio libre e independiente, la radio del pueblo”.

Hijo de labriegos del concello lucense de Paradela, del que hoy es también Hijo Predilecto, guarda indelebles los episodios de la Guerra Civil que marcaron su vida. En especial uno: “Yo tenía tres años y medio cuando, en la víspera del Alzamiento Nacional, vi llorar por primera vez a mis padres. Estaban abrazados en la era, llorando, mientras quemaban una casa. Aquello me impresionó, como los silencios. No querían hablar, no querían que nos enterásemos de cómo se llevaban a los vecinos que después aparecían muertos, de cómo diezmaron la banda municipal; al director lo liquidaron de una forma horrorosa…”

Se agarró al Concilio Vaticano II para manifestar su disidencia con la oficialidad de la Iglesia

Para un momento con el recuerdo y continua interminable la narración del horror que castigó especialmente la montaña de Lugo y que arrebató tres tíos a Xesús. “Uno murió de tuberculosis, a otro lo malhirieron dos veces. La primera en el frente. Y la segunda cuando estaba sanando las heridas en el hospital de Oviedo. Bombardearon y volvió a salvar milagrosamente la vida”.

Cuenta que tardó tiempo en entender cómo la guerra marcó su manera de comprender la realidad. También “casualidades” como la profunda amistad que le unió a Enriqueta Otero, la maestra feminista y comunista, secretaria personal de Dolores Ibárruri: “El año que yo ingresé en el seminario fue el año en que prendieron a la llamada ‘Pasionaria gallega’. Después de 20 años en la cárcel, se dio la circunstancia de que yo tuve que atenderla hasta que murió marginada y sola”.

Xesús Mato, junto al pajar de su casa, en 1951.

Atribuye también a la providencia –“de esas cosas que salen en la vida”- su carrera en Humanidades. “Éramos seis hermanos, más unos asturianos abandonados que acogimos en casa durante la guerra. No es que pasáramos hambre… aunque ni se nos pasaba por la cabeza estudiar. Pero mi abuelo era administrador de unos señores tan ricos que no atendían ni sus bienes, y la señora, que decía que yo era un chaval espabilado, me ayudó económicamente”. En el 46 ingresó en el seminario; hizo tres años de Filosofía, y cuatro de Teología. “Hice la carrera de cura, pa' entendernos”, se ríe.

"No tenía sentido que si el 99% del pueblo hablaba gallego, fueran los curas y el resto a hablarles castellano"

Con 26 años se convirtió en coadjutor de Lalín… aunque el Padre Mato no era un cura cualquiera. “Rebelde, inconformista, nada resignado y resistente”, como dijo de él el escritor David Otero en el libro 100 amigos falan de Xesús Mato, no tardó en agarrarse al Concilio Vaticano II para manifestar su disidencia con la oficialidad y aportar su grano de arena a la renovación de la Iglesia que pretendió Juan XXIII. “Hacía lo que decía el Concilio que había que hacer”, matiza.

Así que, Don Xesús comenzó a dar misas en gallego. “Porque nuestra riqueza está fundamentalmente en la palabra. Y lo que no tenía sentido era que si el 99% del pueblo hablaba gallego, fueran los curas y el resto a hablarles castellano. Yo hacía lo natural, aunque llegó a estar prohibido”. Y en gallego comenzó a dar voz al rural, a través de la primera emisora de radio de Lalín.

El cura “peligroso” de Radio Popular

"Gracias a la radio nos convertimos en un batallón"

“Fue una de las primeras emisoras de COPE... ¡pero de las de entonces, no de las de ahora, que no se parecen en nada, eh!”, insiste en aclararlo entre exclamaciones. “Allí no hacíamos prédicas ni echábamos rollos. Había entrevistas y mucha participación de la gente, del pueblo. Y la música tradicional gallega”. Tradicional y de protesta como la del grupo folk Fuxan os Ventos, que él mismo fundó y que denunciaba las injusticias cometidas con los gallegos. “Y gracias a la radio nos convertimos en un batallón. Si había que hacer una colecta porque alguien no tenía para comer, allí estábamos nosotros. Conseguimos construir casas para los necesitados, sin un duro de subvención. La gente respondió”.

Y, por supuesto, respondió también el franquismo. “Tuvimos muchas dificultades pero seguimos porque no había ninguna ley que prohibiera hacer lo que hacíamos. La quisieron cerrar. El gobernador de Pontevedra nos enviaba todos los días oficios; teníamos que enviarle los guiones con lo que íbamos a decir, pero lo único que admitimos fue dar el parte de Radio Nacional. Hasta que, en el 64, con la Ley Fraga, la suprimieron”.

Era un cura “peligroso”, controlado por agentes a Brigada Político-Social, a los que siempre hizo frente el osado. “Venían cuando yo recogía folclore y les decía: ‘Id a tomar el Sol a Pontevedra; con el sol estupendo que tenéis allí, qué venís a pintar aquí a la montaña”. Recuerda también una redada durante un festival de música gallega organizado por la emisora. “No llegó a pasar nada pero al día siguiente vinieron dos policías con muy mala uva a decirme que andaba mal acompañao. Yo les dije: ‘Ustedes no me van a elegir las compañías”.

“La Iglesia no son sólo los obispos, pero los obispos aún añoran a los papas viejos"

Es interminable el currículum filantrópico de Xexús Mato. Creó la primera Cáritas interparroquial de Lugo; gracias a Radio Popular de Lugo, a la que llegó tras la Ley Fraga, puso en marcha Auxilia Lugo para la asistencia a discapacitados físicos; en los años 80 fue un dinamizador cultural contra la droga. Y cuando se le recuerdan todos los méritos, él insiste humilde: “Me cuelgan un montón de cosas que no hice yo, que hicimos siempre en equipo”.

En el año 83, “cuando la radio se hundió”, el Padre Mato le pidió al obispo “ir donde no quería ir nadie, a la montaña”. Y allí se quedó, en la sierra del Caudel, como párroco de Pedrafita, Cebreiro y Allbring, hasta que se jubiló hace sólo cuatro años. Se jubiló de cura… porque hoy sigue haciendo lo que ha hecho siempre: cuidar de los demás. Vive en Portomarín donde se ocupa de sus dos hermanas mayores. Y no pierde oportunidad de estar dónde le llaman si de la recuperación de la memoria histórica se trata. Colaboró con Darío Rivas, el primer querellante contra los crímenes del franquismo, “porque cualquier persona que tenga un poco de cabeza tiene que ayudar”.

Se queja de los que prefieren no revolver el pasado: “Aquí siempre hubo miedo y hoy muchos -como decimos en Galicia- antes de llorar, prefieren emigrar”. Se lamenta del abandono del rural gallego: “Antes era pobre, pero daba para vivir. Ahora no existe. El capitalismo no nos va a llevar a nada bueno”. Y se queja, sobre todo, de lo que fue su vida, la Iglesia, a pesar del Papa Francisco. “La Iglesia no son sólo los obispos, pero los obispos, la Iglesia oficial en España, aún añora a los papas viejos”, termina.

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