El histórico papel clave de ERC en la política catalana y estatal a pesar de su actual crisis electoral
Es el único partido que ha investido a todos los presidentes de Catalunya desde la restauración de la democracia. En las últimas dos décadas también ha tenido un rol decisivo en el Congreso cuando ha gobernado el PSOE.

Barcelona--Actualizado a
Esquerra Republicana de Catalunya, el partido fundado por Francesc Macià i Lluís Companys y con más de 90 años de historia, es una de las formaciones capitales de este territorio. Y lo demuestra el hecho de que, desde la restauración democrática en el Estado español, ha sido la única que ha facilitado la investidura de todos los presidentes que han pasado por el Palau de la Generalitat. Paralelamente, desde que hace ya más de dos décadas empezó a consolidar su crecimiento electoral, ha jugado un papel central en la política catalana y, a menudo, también en la estatal.
De hecho, a pesar de que el último ciclo en las urnas fue especialmente negativo para los republicanos -con unos pésimos resultados que derivaron en un tenso y cainita congreso interno- la realidad es que hoy la formación es clave para la estabilidad de ambos gobiernos. Pese a que las negociaciones a menudo son complicadas, ERC juega un papel de aliado parlamentario decisivo tanto para Pedro Sánchez en el Congreso como para Salvador Illa en el Parlament. Cuestiones como la ley de amnistía, la nueva financiación o el traspaso de Rodalies a la Generalitat difícilmente habrían tirado adelante o estarían avanzando sin la centralidad y la influencia de los republicanos tanto en Barcelona como Madrid.
A partir del 2003, Esquerra dio un salto adelante en su apoyo ciudadano, lo que le permitió aumentar significativamente su representación tanto en el Parlament como en el Congreso. Más allá de las oscilaciones en las urnas y de las crisis que ha sufrido desde entonces, desde aquel momento prácticamente siempre ha tenido un papel decisivo en Catalunya, mientras que también lo ha jugado en el Estado cuando la presidencia del ejecutivo ha recaído en el PSOE.
En este sentido, ya en 2004 votó a favor de la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero y también avaló los presupuestos generales del Estado (PGE) de los años 2005 y 2006, mientras que ha sido clave durante la presidencia de Pedro Sánchez. Tanto para que en 2018 triunfara la moción de censura contra Mariano Rajoy que le abrió las puertas de la Moncloa, como por sus investiduras tras las elecciones de 2019 y 2023, así como para tirar adelante gran parte de las medidas más progresistas del ejecutivo estatal.
Ha investido a todos los presidentes de Catalunya
En cuanto a Catalunya, la primera década de la recuperación del Parlament tras la dictadura franquista estuvo claramente marcada por las mayorías absolutas de Jordi Pujol, bajo el paraguas de Convergència i Unió (CiU), la histórica coalición formada por dos formaciones, CDC y Unió Democràtica, ya desaparecidas. El año 1980, CiU obtuvo 43 escaños, seguida por el PSC de Raimon Obiols, con 33. ERC, con Heribert Barrera al frente, pactó con los convergentes a cambio de la presidencia del Parlament, facilitando la investidura de Pujol y el inicio de 23 años consecutivos de gobierno. No se acabarían hasta 2003, con la formación del primero tripartito entre PSC, Esquerra e ICV-EUiA.
Durante este periodo, el partido de Macià sufrió varias crisis de identidad. Las mayorías absolutas de CiU lo dejaban fuera del foco principal, y con Àngel Colom al frente, a principios de los años noventa, ERC decidió centrar su propuesta en la lucha por la independencia. Josep Lluís Carod-Rovira consolidó este giro, también moviendo el partido hacia la izquierda, y marcó distancias con CiU, especialmente tras el Pacto del Majestic (1996) -con el cual la formación conservadora votaría a favor de la investidura de José María Aznar como presidente español- y la decisión de Pujol de priorizar un acuerdo con el PP antes de que con ERC en el Parlament tras los comicios de 1999.
El primer tripartito
23 años después, en 2003 ERC volvía a tener la clave de la política catalana. En las elecciones al Parlament de aquel año CiU perdió 10 escaños -se quedó en 46 diputados- en la primera campaña de Artur Mas como candidato. El PSC quedaba cerca, con 42, y ERC, con 23 diputados —su mejor resultado hasta entonces—, apostaba por un giro político y social en el país, impulsando un gobierno presidido por Pasqual Maragall.
Carod-Rovira, que defendía una hacienda propia y más soberanía fiscal para Catalunya, lideró la estrategia para ocupar el espacio nacionalista que hasta entonces había capitalizado Convergència. Esta apuesta marcaría un antes y un después en la relación entre republicanos y convergentes. Pero el tripartito vivió tensiones constantes. Tres años de legislatura culminaron con el rechazo de ERC a la propuesta de Estatut, lo que derivó en la expulsión de los republicanos del gobierno y la convocatoria de elecciones anticipadas.
Aun así, después de los nuevos comicios, se reeditó el pacto con menos fuerza y con José Montilla como presidente. ERC asumió la vicepresidencia -con Carod-Rovira- y cinco conselleries, en una legislatura marcada por la crisis financiera de 2008 y el recorte del Estatut por parte del Tribunal Constitucional, un punto de inflexión que abriría una nueva etapa política.
La reconfiguración del soberanismo y la investidura de Mas
El final del segundo tripartito dejó un balance ambiguo para los republicanos. Si bien habían consolidado perfil de gobierno, el desgaste del modelo y la frustración por el recorte estatutario hicieron tambalear los cimientos del catalanismo autonomista. En 2010, CiU volvía al poder con Artur Mas, pero sin mayoría absoluta, mientras ERC se hundía y quedaba con solo 10 diputados, cuando tanto en 2003 (23) como en 2006 (21) había superado la veintena. La situación provocaría una crisis a la formación, que derivaría en un relevo casi absoluto en su cúpula y que en 2011 pasara a estar liderada por el tándem formado por Oriol Junqueras, como presidente, y Marta Rovira, como secretaria general.
ERC iniciaba una etapa de reconstrucción y adaptación al nuevo contexto, marcado por el crecimiento del soberanismo civil y la crisis del modelo autonómico. En las elecciones del 2012 ya daba un salto adelante, con 21 diputados, y se convertía en la segunda fuerza del Parlament. Artur Mas necesitaba apoyos para continuar como presidente, y ERC le ofrecía un pacto de legislatura con una hoja de ruta por el derecho a decidir. Sin entrar en el gobierno, los republicanos condicionaron la agenda política, poniendo las bases para la consulta del soberanista 9 de noviembre de 2014. Hay que recordar que en 2010, ERC no había votado a favor de la investidura de Mas.
En 2015, con Junts pel Sí, ERC compartía candidatura con CDC y otros actores menores del independentismo. La CUP vetó la reelección de Mas como presidente -tras de una gestión marcada por los recortes de los servicios públicos- y ERC volvió a ser clave para investir a Carles Puigdemont en 2016. Una vez más, el partido republicano era determinante para hacer posible la gobernabilidad. Y su líder, Oriol Junqueras, se convertía en vicepresidente del Govern.
El 1O, la represión y la centralidad de ERC
En 2017, el referéndum del 1 de octubre y la proclamación simbólica de la república catalana desembocaron en una oleada represiva. Oriol Junqueras acabó encarcelado y el partido quedó golpeado, pero resistió. En las elecciones del 21 de diciembre, convocadas por Mariano Rajoy en aplicación del artículo 155, ERC mantenía su centralidad, con 32 diputados -por debajo de los 36 de Ciudadanos y los 34 de Junts- y se preparaba para un cambio de estrategia. Después de meses de bloqueo, ERC apoyaba a la investidura de Quim Torra, en un gobierno tutelado por Puigdemont desde el exilio. Pese a las discrepancias, los republicanos aguantaron hasta el final del mandato, con Pere Aragonès como principal representante en el ejecutivo, como vicepresidente.
ERC lidera la Generalitat por primera vez desde 1936
Las elecciones de 2021 supusieron un punto de inflexión. ERC empataba con el PSC a 33 escaños, pero superaba a Junts y se convertía en la primera fuerza independentista. Pere Aragonès era investido presidente con el apoyo de Junts y la CUP, con quien conjuntamente sumaban mayoría absoluta en la cámara autonómica. De este modo, pasaba a ser el primer presidente republicano de la Generalitat desde Companys. La legislatura se centró en el diálogo con el Estado, los indultos y la agenda de desjudicialización, con la amnistía ganando peso. En 2022 las tensiones con Junts acababan con su salida del ejecutivo y ERC pasaría a gobernar en solitario, buscando apoyos puntuales del PSC o de los Comuns.
Las elecciones anticipadas de 2024 cambiaron de manera notable el panorama en el Parlament, puesto que por primera vez desde la irrupción del procés las formaciones independentistas no sumaban mayoría. ERC se había hundido, al pasar de 33 a 20 diputados, mientras que Junts había resistido y sumaba 35, pero el principal ganador era un PSC que había saltado de los 33 a los 42 escaños.
A pesar de la bajada a las urnas, la clave volvía a recaer en ERC, que después de semanas de negociaciones optó para hacer posible la investidura de un Salvador Illa que también recibió el apoyo de los Comuns para sumar los 68 votos que le daban la mayoría absoluta y le garantizaban la presidencia. El pacto para conseguir una financiación singular fue el factor decisivo para desencallar el "sí" de los republicanos. La apuesta pragmática volvía a situar a ERC como garante de estabilidad y eje central de la política catalana.
Todo ello ha hecho que desde 1980, ERC haya sido el único partido que ha facilitado la investidura de todos los presidentes de la Generalitat. Su capacidad de adaptación, de leer los momentos políticos y de tejer alianzas con actores muy diversos, ha convertido al partido de Macià y Companys en una pieza clave de la arquitectura institucional del país. Un rol que ahora también tiene en el Estado como aliado clave del PSOE en el Congreso. Ahora bien, el hecho que solo haya podido tener la presidencia del Govern durante pocos más de tres años, también hace pensar que el proyecto político de los republicanos no acaba de encontrar su hegemonía en el electoral catalán.

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