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El PDeCat al borde del abismo en vísperas de su consejo nacional

En el Consejo Nacional del PDeCat habrá de todo, afines a Puigdemont están recogiendo firmas para acabar con su presidente, David Bonvehí; se mueven hilos para independizarse del expresident y también para aniquilar a lo que queda de CIU. 'Público' ha testado el ambiente.

Intervención de Carles Puigdemont mediante videoconferencia en la clausura de la última asamblea del PDeCAT./ Marta Pérez.

Junts per Catalunya, la marca política que gobierna en Catalunya y que cuenta con ocho diputados en el Congreso, se asienta en la estructura política del PDeCat, la heredera de Convergència i Uniò, un partido con estructuras e historia de décadas, un partido que ahora podría desaparecer.

El sábado se reúne el Consejo Nacional del PDeCat y lo hace con un ambiente más que enrarecido. Varias fuentes del partido consultadas ahora cuentan cosas que antes no contaban.

"Se habla de la fractura entre independentistas y constitucionalistas pero el desgarro en el soberanismo es terrible: las putadas son constantes, de Junqueras a Puigdemont y al revés, y ahora mucho más de las segundas; las putadas de Puigdemont a sus consellers que están en prisión porque no se quisieron largar con él al extranjero; les putea y les maltrata y después les pone en las listas porque sabe que arrastran". "La situación es insostenible", sentencia.

Y es que la situación del PDeCat ha ido de mal en peor desde el principio. Fuentes del partido cuentan que en diciembre de 2017, cuando se convocaron elecciones al Parlament tras la aplicación del 155, en un Consejo Político decidieron suspender sus primarias para que la dirección del partido codecidiera con Puigdemont una lista de apertura con representantes de la sociedad civil. El equilibrio, para sorpresa de los exconvergentes, consistió en que de los 34 parlamentarios solo cuatro del PDeCat repitieron en la lista, después de mucho pelear. Puigdemont solo quería a dos.

Las mismas fuentes comparten que en las elecciones de abril y de noviembre pasados se aprobaron las listas electorales en el consejo del partido con espacios vacíos. "Nosotros votamos a quienes iban en la lista; cuando salimos de la reunión y nos subimos en los coches nos enteramos por la radio de quienes estaban en esos espacios por decisión de una sola persona". "Llevamos dos años con una avería muy importante en el funcionamiento normal de un partido político", resume esta fuente.

A la cita del sábado los exconvergentes se presentan completamente divididos

A la cita del sábado los exconvergentes se presentan completamente divididos: hay fieles a Puigdemont que están recogiendo firmas para forzar la dimisión de David Bonvehí, el presidente actual; otros que piden mandar a Puigdemont a paseo y volver a disponer de sus estructuras y de su dirección política y otros más que nos dicen que Bonheví no tiene "nervio político", que ha dicho en privado muchas veces que iba a desconectarse de Puigdemont y que utiliza adjetivos gruesos para definirle en privado pero que luego en público no se atreve; que es "un político pequeño", que viene de la política local, que se contenta porque ha negociado cuatro diputaciones y no va a más. Nadie está contento.

El partido está en descomposición afirman, en el último Consejo Nacional, en el que se decidían las listas, "no éramos ni cien cuando tendríamos que haber estado más de 400", afirman y, añaden, que algunos militantes del PDeCat andan fundando un nuevo partido político, la Crida, con los que Puigdemont se reúne a menudo. El mensaje permanente de Puigdemont es: "U os portáis bien o activo La Crida".

Artur Mas, origen de todos los males

Artur Mas, técnicamente, podría volver a la política el 24 de febrero próximo (el 23 caduca su inhabilitación) pero son muchos los que dudan de que se atreva a volver, a pesar de que "el partido adolece de liderazgo", según nuestras fuentes.

Acusan directamente a David Madí y a Jordi Sánchez, el primero hoy fuera de la política y el segundo en prisión, de haber convencido al "confiado" de Mas de que debía entregar el control a Puigdemont, sin conocerle de nada. Llegan a afirmar que Puigdemont supo varios días antes que Mas, que sería President y están convencidos de que todo lo que ocurrió después es el fruto de aquel error.

"Teníamos casos de corrupción, sí el 3%, pero el PP y el PSOE también los han tenido gravísimos y no renunciaron a sus siglas"

"Teníamos casos de corrupción, sí el 3%, pero el PP y el PSOE también los han tenido gravísimos y no renunciaron a sus siglas", se lamentan. "Tuvimos una buena líder, Marta Pascal, pero fue defenestrada en plaza pública por Puigdemont para poner a alguien más manejable", señalan.

Además recuerdan que Mas, el origen de todos los males, está descartado por más motivos: siempre se le van a reprochar también los duros recortes que hizo como President durante la crisis y que lleva "dos años en silencio" expiatorio. La multa que le puso el tribunal de cuentas por la consulta del 9N era de 5,4 millones de euros a repartir entre cinco, pero a él le correspondía pagar el 80%.

Al final, la pagó La Caja de Resistencia (un fondo de solidaridad abonado por catalanes independentistas), pero Mas "lo pasó mal" porque dudaba de que fuera a ser así; le acusaban de "burgués" y de no ser "suficientemente puro e independentista", cuentan. "Este hecho ha gravitado mucho sobre su libertad de movimientos y de expresión", afirman. En las últimas reuniones, Mas aún intenta reconciliarlos a todos, dicen.

¿Quién será el nuevo President?

Sin embargo, en mitad de todo este barrizal hay una presidencia en el aire.
Todas las quinielas apuestan a que Quim Torra será inhabilitado próximamente por el caso de los carteles con el lazo amarillo que se negó a quitar de la fachada de la Generalitat en plena campaña electoral, después de que la Junta Electoral se lo ordenara reiteradamente. El actual President es probable que recurra ante el Supremo si finalmente es inhabilitado pero ese recurso podría no tardar mucho. Es un caso inédito de un asunto menor, fácil de juzgar, así que su resolución podría salir en un plazo corto. Nadie duda de que, antes de que Torra sea destituido, Puigdemont intentará precipitar las elecciones para aprovechar electoralmente el asunto. Ante esto, fuentes cercanas a la dirección afirman que Puigdemont no despeja la incógnita de quién podría ser el candidato o a quién podría designarse finalmente. Torra era el número diez de la lista, recuerdan.

El president de la Generalitat, Quim Torra, durante una sesión plenaria en el Parlament de Catalunya. / Europa Press

"Si Torra puede ser presidente porque no voy a poder ser yo", afirman que se preguntan varios consellers y posibles candidatos. Esto podría explicar, por ejemplo, las últimas declaraciones de Rafael Ribó, el defensor del pueblo catalán, autoseñalándose como el más independentista.

Otra de las fuentes consultadas por Público tiene la sospecha de que Puigdemont podría estar pensando en adelantar las elecciones a febrero próximo para pillar a todo el mundo con el pie cambiado y, particularmente, a ERC que tendría que hacer campaña electoral en medio de las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez.

Vértigo ante la cita del sábado

El sábado coincidirán todas las sensibilidades del partido y todas las opciones: seguir como están (a las órdenes de Puigdemont), liquidar al PdeCat y convertirlo en La Crida (igualmente, a las órdenes del President huido) o volver a ser el partido pragmático y pactista que fue y del que algunos ven su semilla en el grupo de Poblet, con el que están emparentados todos los viejos rockeros de CIU (Carles Campuzano, Jordi Xuclà, Marta Pascal, Lluis Recoder). Ninguno de ellos parece dispuesto a liderarlo, de momento.

El grupo está mayoritariamente formado por gente de treinta y tantos, que viene del sector privado, que es cosmopolita y que "están empezando a pensar en el país y en que se puede actuar de manera distinta a como se ha hecho en los dos últimos años; ERC está haciendo el papel político que históricamente hemos hecho nosotros", afirma una fuente, obviamente a favor de este grupo.

En cualquier caso, todas estas opciones se verán las caras el sábado. Más de 400 altos cargos del partido están llamados a reunirse y, salvo sorpresa, se debatirá a calzón quitado. Lo que más preocupa a quienes quieren conservar las siglas es que como, en otras ocasiones, la convocatoria no llegue ni al 25%. Pueden perder el partido por incomparecencia. Reconocen que puede ser que ya esté todo perdido.