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PNV y PP, entre el matrimonio de conveniencia y el amor sincero

Desde la época de Aznar, los nacionalistas vascos han logrado llegar a diferentes acuerdos con el PP por encima de sus diferencias a nivel identitario. Este martes han vuelto a entenderse, lo que se traducirá en el apoyo de los conservadores a los Presupuestos del Gobierno Vasco

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Iñigo Urkullu y Mariano Rajoy / EUROPA PRESS

Ni tan diferentes, ni tan enemigos. Tampoco tan iguales, sobre todo si sacan la bandera. A pesar de todo, o quizás por encima de todo, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y el Partido Popular (PP) han sabido acompañarse, ayudarse y hasta votarse cuando ha hecho falta. Las diferencias identitarias, agravadas durante los años de la violencia, no han sido capaces de arruinar las relaciones entre ambas formaciones. Ha habido sobresaltos, pero sólo eso. Sobresaltos. En el fondo se necesitan. Y en el frente también.

“Ni contigo ni sin ti”, fue el título de una telenovela que triunfó en la televisión mexicana. A este lado del océano Atlántico, el último capítulo de esta historia real se ha terminado de escribir a última hora de la noche de este martes. Una vez más, PNV y PP han logrado entenderse, lo que se traducirá en el apoyo de los conservadores a los Presupuestos del Gobierno Vasco. En esta ocasión, el acuerdo ha sido posible gracias al cambio en materia fiscal adoptado por los nacionalistas y sus socios del PSE. Hace dos meses, ambas formaciones –que gobiernan en minoría- habían acordado una discreta reforma fiscal que dejaba sin tocar el Impuesto de Sociedades. El PNV quería bajarlo, pero el PSE se resistía.

Sin embargo, la resistencia socialista duró poco. A la hora de negociar los Presupuestos vascos de 2018, el PP quería una rebaja de cuatro puntos del tributo que pagan las empresas, tal como el PNV había defendido en sus negociaciones con el PSE. Al final, todos contentos (o casi): de acuerdo a la reforma pactada, habrá rebaja de cuatro puntos en el Impuesto de Sociedades y el PP votará las cuentas de Urkullu. El PSE, principal damnificado de este capítulo, asegura que habrá una serie de medidas para evitar una merma de la recaudación.

Lo que está claro es que el PNV, cuando las cosas aprietan, suele mirar al PP. Lo acaba de hacer para sacar adelante sus Presupuestos de 2018, y también lo hizo –con igual éxito- para aprobar los correspondientes a 2017. En el medio hubo otro acuerdo: los cinco diputados nacionalistas en Madrid accedieron a apoyar las cuentas del gobierno de Mariano Rajoy de este año. Y ahora, al calor del nuevo acuerdo logrado en el Parlamento Vasco, todo indica que volverá a haber un acercamiento en el Congreso para permitir que el Gobierno del PP deje de tener Presupuestos prorrogados y logre aprobar los concernientes a 2018.

¿Hay algo de sorpresivo en estos romances? Nada. Absolutamente nada. A lo largo de los últimos veinte años, los nacionalistas vascos han sabido alcanzar acuerdos con el PP. Lo lograron en Euskadi y también en Madrid. “Lo normal es que se entiendan, porque en el día a día la derecha estatal y la derecha vasca hablan un lenguaje muy parecido”, afirma el sociólogo y profesor de la Universidad del País Vasco (UPV) Imanol Zubero.

Uno de los momentos sublimes de esa relación llegó en 1996, cuando el PNV apoyó la investidura de José María Aznar como presidente del gobierno. A cambio, el líder de la derecha española se comprometió a transferir al Gobierno Vasco una serie de competencias que estaban contempladas en el Estatuto de Autonomía y que seguían pendientes de ser cumplidas. Además, el recién elegido mandatario español accedió a hablar sobre el Concierto que regía y rige las relaciones económicas entre Euskadi y Madrid. Aunque hoy parezca difícil de imaginar, aquel José María Aznar también recibió el apoyo de CiU. Entonces no hubo banderas que separasen a las derechas.

“He conseguido más con Aznar en 14 días que en 13 años con Felipe González”, afirmó entonces el mítico dirigente del PNV Xabier Arzalluz, hoy retirado de la vida política. En ámbitos abertzales –ya sean entre los suyos, del PNV, como entre los rivales de la izquierda independentista- le siguen recordando como una auténtico estratega, capaz de conseguir acuerdos impensables. Que los nacionalistas votasen a Aznar fue uno de ellos.

Aquella relación terminó de estropearse en marzo de 2000, cuando el PP ganó las elecciones por mayoría absoluta y ya no necesitó hacer amigos en el Congreso. Sin embargo, las cosas ya venían mal desde hacía varios meses. Según escribió hace algunos años en su blog el exdiputado del PNV Iñaki Anasagasti, a Aznar no le había gustado nada que en enero de 1999 los nacionalistas saliesen a las calles de Bilbao para pedir el reagrupamiento de los presos de ETA. Se trató de una movilización plural, en la que Arzalluz compartió pancarta con el exlehendakari Carlos Garaikoetxea o con el entonces dirigente de la IU vasca, Javier Madrazo. Y también con Arnaldo Otegi, líder de Herri Batasuna. “Aznar, aquella manifestación y aquella foto, la consideró una traición, e inició su particular cruzada tratando de unir nacionalismo con violencia”, sostiene Anasagasti en su escrito.

En efecto, las relaciones entre el PNV y el PP también han estado marcadas por momentos de tensión y distanciamiento. A Aznar no le gustó que el nacionalismo se uniera por encima de siglas políticas para impulsar el Acuerdo de Lizarra-Garazi en 1998, algo que se tradujo en aquella histórica movilización unitaria por los presos de enero de 1999. Del mismo modo, resultó especialmente difícil entenderse durante la segunda legislatura del PP en La Moncloa, cuando el gobierno español “estuvo de manera más militante en contra del nacionalismo”, recuerda Zubero.

No obstante, esos malos momentos han sido siempre superados y los puentes, si alguna vez fueron volados, se reconstruyeron rápidamente. Para el académico de la UPV, la explicación está, principalmente, en la composición social de quienes ocupan responsabilidades “en segunda o tercera posición” dentro del PNV. “En muchos casos, se trata de dirigentes que provienen del mundo de la empresa y que siempre han tenido una relación muy estrecha con el mundo de la derecha española del PP”, subrayó.

La derecha invisible

Estas similitudes y cercanías entre nacionalistas vascos y conservadores españoles jamás serán reconocidas o mínimamente aceptadas en filas del PNV, donde habitualmente intentan desligarse de cualquier identificación pública con la derecha. De esta manera, el PNV logró consolidarse como un auténtico fenómeno político, capaz de atraer votantes que no se identifican con el conservadurismo. Dicho de otro modo, resulta difícil encontrar entre las bases peneuvistas a militantes que se proclamen de derechas o que sitúen al partido de sus amores en ese ámbito ideológico. Según una encuesta divulgada por el Gobierno Vasco en 2012, apenas un 8% de sus votantes se consideraban de derechas.

Del mismo modo, la dirección del PNV ha argumentado habitualmente que sus relaciones con el PP siempre están basadas en “defender los intereses de Euskadi”. Una frase que volverá a oírse y a leerse durante las próximas semanas, cuando se hable, otra vez, sobre el posible apoyo de los nacionalistas a los Presupuestos de Rajoy. Una vez más, el matrimonio de conveniencia volverá a funcionar.

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