El PP echa mano del anticatalanismo para desviar la atención de su gestión de la DANA
Mazón y su partido han aumentado la habitual retórica anticatalanista de la derecha valenciana como respuesta a las protestas. ¿Volverá a funcionar?

València-
El pasado 9 de noviembre, València vivió la primera manifestación multitudinaria para reclamar la dimisión de Carlos Mazón por su gestión de la DANA. Desde entonces, se han convocado media docena más. La imagen de aquella jornada se puede calificar como histórica, sin duda, ya que València vivió una de sus protestas más concurridas. Sin embargo, para el PP, tal como marcó su consigna y como publicó en sus redes sociales, se trataba del fantasma catalanista en acción: estaba "politizada" por "entidades catalanistas del (sic) Països Catalans" y se llegaba a insinuar incluso que la protesta no se nutría de valencianos, sino que los manifestantes habían "venido" a València.
Una reacción así podría sorprender desde fuera del País Valencià, pero en la política valenciana ha resultado algo habitual. La carta del anticatalanismo es un comodín muy preciado por la derecha valenciana para lanzar en cada mano, más aún cuando las cosas se complican. Y, obviamente, es claramente el caso después de la DANA.
Vicent Flor, profesor de Sociología de la Universitat de València y exdirector de la Institució Alfons el Magnànim, centro de estudios y publicaciones de la Diputació de València, es probablemente quien más ha estudiado el fenómeno del anticatalanismo en el País Valencià —o blaverisme, como se conoce popularmente—. Su libro Noves glòries a Espanya, anticatalanisme i identitat valenciana, publicado por la editorial Afers en 2011, y que resulta de la reescritura de su tesis doctoral L'anticatalanisme al País Valencià: Identitat i reproducció social del discurs del blaverisme, es una referencia en la materia. ¿Mazón está utilizando el anticatalanismo como estrategia o cortina de humo, ahora que se siente acorralado por su gestión de la DANA? Los últimos acontecimientos políticos y las iniciativas de la derecha así lo indican.
Desde la tragedia, los plenos de las Corts se han reducido. A principios de mes, en uno de los pocos que se han celebrado para realizar el control preceptivo de la acción de gobierno, Joan Baldoví, síndic portavoz del grupo de Compromís, atacó duramente a Mazón. La defensa de este, sin embargo, no se centró en refutar las acusaciones del portavoz valencianista o en defender su acción al respecto, sino que se centró, por el contrario, en atacar a Baldoví y Compromís por supuestamente ser catalanistas: "Me niego a ser un bufón del pancatalanismo; usted sirve a Sánchez". De este modo, para contrarrestar las críticas a la gestión de la DANA, se plantea un escenario en el que Mazón y su Gobierno plantan cara a una supuesta amenaza catalanista.
Este es un discurso habitual de la derecha valenciana que se ha intensificado a raíz de la tragedia de octubre. Y, de la misma manera que las posiciones de la derecha se han extremado y se han vuelto más agresivas, también lo ha hecho el ataque contra el valencianismo y contra aquello que lo podría representar. Es muy normal y común que los plenos municipales en el País Valencià se desarrollen en valenciano o que la lengua propia tenga mucha presencia, sin que se suelan producir problemas, como es lógico; después de la DANA, por el contrario, se han podido ver —en Paiporta, por ejemplo— insultos y amenazas a políticos que se expresaban en valenciano.
Para Flor, "el anticatalanismo es un elemento fundamental del nacionalismo español y, particularmente, de los españolismos conservadores". En este sentido, "la oposición al catalanismo y, según cómo, a Catalunya, funciona como la principal alteridad interior en España". Mazón, por lo tanto, lo utiliza "como una de las retóricas disponibles", pero "aún más por su acuerdo presupuestario con Vox". La retórica anticatalanista se ha acrecentado, y eso supone, obviamente, el antivalencianismo, tal como explica Flor.
La consulta para arrinconar el valenciano en la educación, a pesar de que fracasó en este objetivo, también respondía a esta estrategia —recordemos que, según Mazón, el objetivo era poner fin a un supuesto "modelo catalán"—, de la misma manera que ahora PP y Vox también han puesto encima de la mesa el cambio del topónimo oficial de la capital: de València, su nombre en valenciano, según la normativa oficial de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, a Valencia, con la forma en castellano primero, y València, con una normativa diferente, de una supuesta lengua valenciana que no tendría nada que ver con la catalana.
Este uso del secesionismo lingüístico tiene como objetivo "hacer conflictivo el uso de la lengua propia", sostiene Flor, para así "evitar su normalización", extremo que, si bien no han conseguido parar del todo, sí han conseguido ralentizar en gran medida.
La estrategia del anticatalanismo es ya clásica en la derecha valenciana y, de hecho, en muchas otras ocasiones ha sido exitosa. ¿Lo será también esta vez? Una pregunta sin respuesta ante la que Flor, reflexiona: es la "falta de visión de conjunto del País Valencià" por parte de unas élites económicas, sociales y políticas que "creen que su entorno social es la situación general", cuando, por contra, "el país es mucho más plural y valenciano de lo que ellos se piensan".

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