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Las cuentas para 2017 Rajoy aprueba el primer presupuesto de la legislatura sin las 6.000 enmiendas de la izquierda

El Gobierno apenas admite media docena de enmiendas socialistas, dos del PDeCAT y una de Podemos, todas ellas con modificaciones, en los diversos trámites del proyecto de cuentas públicas para 2017

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, recibe el aplauso de otros miembros del Gobierno y de diputados de su grupo al superar los Presupuestos Generales del Estado 2017 su aprobación en el pleno del Congreso. EFE/Kiko Huesca

JUAN ANTONIO BLAY

El Gobierno de Mariano Rajoy, con tan solo 137 escaños propios en la bancada popular, ha conseguido esta tarde aprobar en el Congreso de los Diputados el primer proyecto de Presupuestos Generales del Estado de esta legislatura correspondientes al actual ejercicio de 2017. Lo ha logrado tras recabar el apoyo de Ciudadanos, del PNV y de los dos votos de Coalición Canaria (CC) y Nueva Canarias (NC), con quienes ha sumado 176 escaños que confieren la mayoría absoluta de la cámara.

Durante el debate en la sesión plenaria que comenzó el pasado lunes el Gobierno y su mayoría parlamentaria han incorporado un total de 43 enmiendas, de las que 34 corresponden a las presentadas por Pedro Quevedo, el diputado de NC, quien cerró a última hora un acuerdo que suponen unos 200 millones de inversiones para Canarias.

Previamente, en el trámite de comisión, el responsable de las cuentas públicas, el ministro de Hacienda y de la Función Pública, Cristóbal Montoro, admitió las enmiendas planteadas por Ciudadanos, PNV y CC, además de las propias del grupo popular; en total, unas 15 enmiendas. Globalmente, el proyecto inicial que salió de la mesa del Consejo de Ministros a finales del pasado mes de marzo ha recibido menos de 200 modificaciones.

Una cifra ridícula frente a las 6.000 enmiendas que todos los grupos parlamentarios registraron para su debate tras la presentación ante el Congreso de los Diputados del proyecto de PGE para 2017, aparte de las siete enmiendas a la totalidad de la oposición de izquierdas que fueron rechazadas en el primer debate parlamentario celebrado hace un mes.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, durante el pleno del Congreso en el que se ha aprobado el proyecto de los Presupuestos Generales del Estado 2017. EFE/Kiko Huesca

Pese a los intentos de los populares y de Ciudadanos de retirar del debate parlamentario 4.000 enmiendas con el argumento de que “no cabían” en las cifras presupuestadas, lo que originó un considerable cruce de recursos y pronunciamientos reglamentarios, las enmiendas han podido ser debatidas, aunque un nulo éxito. Apenas media docena de enmiendas socialistas, otras tantas del PDeCAT y una de Podemos, todas ellas modificadas por el grupo mayoritario, se han incorporado al texto final.

El debate a lo largo de más de 30 horas repartidas en tres días de sesiones plenarias ha generado 453 votaciones diferentes, uno de los trámites más tediosos de la actividad parlamentaria. La ajustada mayoría del Gobierno, los 176 escaños justos de la mayoría frente al resto de la oposición, ha dado un tono de suspense en cada sufragio, sobre todo en los apartados correspondientes a las secciones (un error suponía devolver el proyecto al Gobierno, mientras que las equivocaciones en las enmiendas pueden subsanarse en el Senado, donde el PP tiene mayoría absoluta).

Con todo, se han producido errores, aunque sin trascendencia. El más llamativo ha sido la equivocación de Mariano Rajoy a la hora de votar una enmienda de su socio de última hora Pedro Quevedo: en lugar de pulsar el botón verde del , como más de 300 diputados (estaba apoyada por todos, menos ERC) ha presionado el botón rojo del no en un mar de colores verdes. Eran 6,3 millones de inversión para vivienda en canarias.

Una diputada socialista indica con los dedos levantados el sentido de la votación durante la última jornada de debate en el Pleno del Congreso de los Presupuestos Generales del Estado de 2017. EFE/Chema Moya

Tras las risas de la bancada de la izquierda le ha tocado el turno a los socialistas en la siguiente votación: la equivocación de los responsables de señalar con los dedos (el índice es , el índice y el medio es no y el índice, medio y anular es abstención) ha hecho que la bancada socialistas se dividiese entre la abstención (color amarillo en el marcador) y el no (color rojo). Lógicamente las risas han inundado el hemiciclo.

Pero este estado relajación ha aumentado cuando, sin solución de continuidad, el sillón en el que se sentaba el diputado Antonio Roldán, en la bancada de Ciudadanos, se ha roto aunque el parlamentario no ha llegado a caer al suelo. La presidenta, la popular Ana Pastor, ha tenido que reclamar seriedad con una frase contundente:!¡ Señorías, esto no es un circo. Silencio, por favor!”

Ya por la tarde ha sido Pablo Iglesias quien se ha equivocado en una de las votaciones, también sin consecuencias. Ha sido a la hora de votar el dictamen de los presupuestos correspondientes a la Unión Europea cuando ha apretado el botón del  junto a la bancada popular y sus aliados cuando el resto de sus compañeros de grupo y la ancada popular, más los minoritarios, han votado en contra como ha sucedido en todos los dictámenes. También ha habido algunas risas, incluso del protagonista del error.

Ante el pleno de la Cámara baja el Gobierno, tanto por boca de Montoro como del resto de ministros que han defendido sus respectivas partidas y los portavoces del grupo popular han defendido el proyecto como un instrumento necesario para “seguir creciendo y crear empleo al tiempo que se mantiene el gasto social”, según el titular de hacienda. La oposición progresista ha sido unánime en su rechazo por entender que son insolidarios, agravan la brecha social tras la crisis y no crearán empleo.

A partir de ahora el proyecto de PGE se remitirá al Senado donde, previsiblemente, no se introducirán modificaciones (el PP tiene mayoría absoluta) con el fin de que vaya directamente al Boletín Oficial del Estado (BOE). En el caso de que hubiese alguna alteración el texto debería volver al Congreso de los Diputados para que la cámara se pronunciase exclusivamente sobre esas variaciones.