Público
Público

Rajoy presume de gestión y la oposición denuncia que habla sólo de oídas

El último debate sobre el estado de la nación de la actual legislatura pone en evidencia el aumento de las tensiones entre las diferentes formaciones políticas ante un año de múltiples convocatorias electorales

Publicidad
Media: 4
Votos: 4

Rajoy, durante el debate en el Congreso. EFE/Ballesteros

MADRID.- Al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, le sigue molestando, y mucho, que se le hable en público sobre sus responsabilidades sobre Bárcenas y la trama Gürtel que contamina judicialmente a su partido, el PP. También que se le recuerden sus promesas electorales, especialmente aquellas que entran en franca contradicción con los grandes costurones abiertos en la sociedad española como consecuencia de la gestión del Gobierno que preside durante los últimos tres años y dos meses.

El caso es que Mariano Rajoy se ha enfadado, o mejor dicho se ha cabreado, al final del enfrentamiento que ha mantenido con Pedro Sánchez, el aspirante nominal y formal en este debate. El presidente del Gobierno ha querido zaherir al líder de la oposición, el socialista Sánchez, diciéndole que había equivocado su discurso simulando el que ofrece Pablo Iglesias, el dirigente de Podemos. De esta forma, Rajoy ha citado por primera vez al eurodiputado de la formación morada, estrella de todas las encuestas electoral.

Como ha visto que Sánchez no se ha inmutado, al final ha perdido los papeles y le ha llamado “patético”. En ese momento, Rajoy ha entrado en conflicto con sus propias afirmaciones cuando le ha dicho a su oponente que no tenía “nivel para llegar a ser presidente del Gobierno”, afirmación que ha provocado gran regocijo en la bancada popular, que la ha celebrado con una fuerte salva de aplausos. Esa expresión ha sido impropia en boca del presidente del Gobierno en ejercicio y pronunciada en un debate parlamentario que se presume como el más importante del año político. Así lo han reconocido incluso algún que otro correligionario.

“Yo soy un político limpio”, ha exclamado Pedro Sánchez tras advertir a Rajoy que no le toleraba lecciones sobre corrupción. Ha sido una expresión que ha caído como un hachazo en el hemiciclo. Parecía que era el momento clave del rifi-rafe entre ambos, pero Sánchez no ha sabido culminar, rematar, su faena al no desafiar a Rajoy a subir a la tribuna y sostener la misma afirmación. O algo parecido. Se le ha notado a Sánchez que le falta horas de vuelo parlamentario, de chupar tribuna. No es que sea un completo novato, pero se ha puesto en evidencia que era su primer debate; para Rajoy era su noveno debate del estado de la nación.

El dirigente socialista ha cumplido con las expectativas, al menos así lo han entendido, entre otros, sus correligionarios. Lo cual no ha sido poca cosa toda vez que cabía el riesgo de que fuese laminado en su primera experiencia de este tipo. Ese era un temor que sobrevolaba el hemiciclo antes de las cuatro de la tarde, la hora en la que ha empezado a hablar. Sánchez, en pocas palabras, ha acusado a Rajoy de mentir con su exposición de mediodía y de dibujar un país que no se corresponde con la realidad.

“Usted le sale muy caro a los españoles”, ha proclamado Sánchez tras citar una ristra de aumento de precios y tasas desde que el PP está en el Gobierno, junto a otra letanía de pérdida de derechos sociales propiciados con sus medidas en materia laboral, educativa y sanitaria. Y le ha mentado su recurso al Tribunal Constitucional a la ley del aborto, su incapacidad para gestionar el Estado autonómico al no atajar el contencioso con Catalunya, entre otros asuntos nada agradables para su gestión. Cuando ha citado a Bárcenas a la bancada popular le ha salido un sarpullido a juzgar por la reacción en los escaños de la derecha.

El mismo sarpullido que se ha generado en la bancada socialista cuando Rajoy ha citado la gestión de la Junta de Andalucía en materia de sanidad, seguida del escándalo de los ERE. En ese momento, el diputado Manuel Pezzi, coordinador de los parlamentarios socialistas andaluces, ha sacado una bandera andaluza que ha ondeado desde su escaño para, a continuación, envolverse el torso con ella. Toda la bancada socialista ha estallado en aplausos. Ha sido la primera vez que un parlamentario hacía algo similar.

El caso es que el encontronazo entre Rajoy y Sánchez, sin rozar altas cotas de parlamentarismo de calidad, ha cumplido expectativas sin que se pueda afirmar que ha habido un ganador ya que el veredicto, en esta ocasión, depende de filias y fobias. El hecho de que desde la bancada popular hubiera profusión de aplausos –37 en poco más de hora y media- en la mañana y de abucheos a Sánchez –ocho en sus primeros diez minutos de intervención– denota que había preocupación en los escaños de la derecha. Y, por lo que respecta a Sánchez, se puede afirmar que el líder socialista ha saltado un obstáculo en su larga carrera hacia las elecciones generales.

Lo más curioso de las intervenciones de Rajoy, tras el previsible canto glorioso de los logros de su gestión –“la decisión clave de la legislatura fue evitar el rescate”, ha confesado– proclamados durante la mañana ha consistido en el hecho de citar, por dos veces, el nombre de Pablo Iglesias, el líder de Podemos; también el de la formación morada. Las dos veces han sido para intentar denostar a Sánchez y la deriva populista por la que, a su juicio, había apostado a la hora de exponer su intervención. Esto es, Iglesias figurará en el diario de sesiones gracias a Rajoy. Cosas del debate parlamentario.

Y como suele ser habitual en este modelo de debates cuando ha llegado el momento de la intervención del portavoz de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida, el hemiciclo ha empezado a vaciarse. Había que soltar la tensión en los pasillos y en el patio mientras que el diputado nacionalista catalán le reprochaba a Rajoy su falta de sensibilidad con la realidad de Catalunya, desde el sector porcino hasta la crisis abierta con la reivindicación de plasmar el derecho a decidir que se reclama desde la Generalitat. Rajoy ha respondido como suele ser habitual: que no cuenten para hablar de la unidad de España. Es incuestionable.

El portavoz de La Izquierda Plural, Alberto Garzón, con un lenguaje muy directo, ha realizado un ejercicio de realismo de las penalidades que afectan a buena parte de la sociedad española. Desde grandes dramas –la pobreza energética o las carencias alimenticias que padecen millones de niños actualmente– hasta conflictos laborales concretos, aparte de denunciar los recursos públicos invertidos en el rescate del sistema bancario. Y ha presentado pilares de propuestas para paliar las diferencias sociales que se han generado. Coscubiela, su compañero de ICV, también ha sido duro hasta que le ha llamado capo, momento en que la presidenta accidental, Celia Villalobos –siempre es quien da la nota– le ha prohibido usar esa palabra.

Pero si quieres arroz, Catalina. La respuesta de Rajoy se ha basado en la ironía. Hasta extremos insospechados. Se ha superado a sí mismo. Desde luego, ha vuelto a emplear un tono impropio de un presidente del Gobierno haciendo de cada expresión un chiste al tiempo que, mirando a su bancada, buscaba constantemente la complicidad de sus compañeros de filas. Por supuesto que el tono chistoso de Rajoy en el tramo final del debate de esta tarde sólo ha resultado gracioso a sus propios diputados, por cierto muy escasos en el hemiciclo a esas horas.

Garzón, muy voluntarioso, ha lanzado, con un debate ya exhausto, una frase que sonaba extraña en su boca: “¡Ustedes no son patriotas!”, palabras que en su opinión se desprendían del hecho de que no defendían a la sociedad española de la agresión de Merkel y los mercados. Rajoy ha debido pensar que tiene bemoles escuchar tal frase dirigida a quienes han empleado el patriotismo durante décadas como imagen de marca, de forma exclusiva.

Cuando ha llegado el turno de Rosa Díez, el debate sobre el estado de la nación se encontraba ya en los minutos basura, esos que en baloncesto denominan al tramo final del último cuarto cuando todo está ya decidido, sobre todo mirando al contador. A esas horas ya estaban ofrecidos los mejores cortes de la jornada, de unos, de otros y de los de más allá. Y todas las declaraciones posibles en los pasillos. La propia Rosa Díez, consciente de esa realidad, no ha tenido precisamente una de sus intervenciones más brillantes de su trayectoria como parlamentaria. Porque es que todo el pescado estaba vendido en base a una ecuación muy sencilla: Rajoy ha sacado pecho y la oposición, Sánchez y compañía, simplemente dicen que vive de oídas, ajeno a la realidad.

Más noticias en Política y Sociedad