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Sánchez recurre a una juez con instinto político

Margarita Robles es una magistrada del Supremo que se ha convertido en uno de los fichajes estrella del líder socialista. Muñidora de pactos, se ha granjeado poderosos amigos y enemigos.

La magistrada Margarita Robles, que irá como número dos en la lista del PSOE por Madrid para el 26-J. EFE

JULIA PÉREZ

MADRID.- “No te puedo prometer nada, ya sabes cómo están las cosas”. Con esta frase, el líder socialista Pedro Sánchez logró captar el pasado martes a la magistrada del Tribunal Supremo Margarita Robles para el puesto de número dos de la candidatura de PSOE por Madrid en lugar de Meritxel Batet, quien encabezará la lista por Barcelona.

El secretario general del PSOE fichaba así a todo un animal político para esta nueva etapa en el Congreso. Si algo caracteriza a la trayectoria de Margarita Robles, de 58 años, es su independencia, tenacidad y un olfato político que le hace detectar el sentir profundo de la sociedad. Sin pelos en la lengua, es amiga de tejer alianzas entre bambalinas y de enredar contra sus adversarios. Su independencia le ha llevado a establecer lazos inquebrantables con compañeros que son sus amigos más allá de sus ideologías… y a granjearse enemigos igual de inquebrantables.

Margarita Robles Fernández (León, 1957), ex vocal del Consejo General del Poder Judicial, era un fichaje estrella que se dejaba sondear por los partidos progresistas pero que no terminaba de dar el salto a la política, después de haber ejercido de secretaria de Estado de Interior entre 1995 y 1996 con Felipe González y siendo ministro su compañero Juan Alberto Belloch.

Su papel entonces fue clave en el desmantelamiento de la guerra sucia de los GAL contra ETA. Impulsó la investigación por las desapariciones de Lasa y Zabala, y se negó a que Interior siguiera pagando con fondos reservados a los ex policías José Amedo y Michel Domínguez. Aguantó sus amenazas en aquellos días confusos… hasta llevarlos a la cárcel.

En caso de duda, opta siempre por lo ético y sigue adelante aunque la odien.

Hay históricos socialistas que no la perdonan por ello, por el desgaste que supuso para el partido en el Gobierno de González. Entonces rozaba la treintena. Y, como ahora, demostraba un carácter fuerte, a pesar de su escasa altura: “A la próxima bomba que estalle en una playa, os ceso a todos”. Así advirtió a un alto cargo de la guardia civil respecto a la entonces campaña veraniega de ETA. Y cesaron las bombas.

Su trayectoria está presidida por una frase de Belloch, que siempre repite: “Solo lo ético es práctico”.  Este perfil de la número dos por Madrid permitirá a Sánchez tejer alianzas con Podemos, el PP, los nacionalistas, Ciudadanos y el partido que se tercie sin perder la perspectiva progresista allá donde le toque en el próximo grupo parlamentario socialista. Se lleva bien con Pablo Iglesias, al igual que con el ministro de Justicia, Rafael Catalá.

“Vuelvo a la política para luchar contra las desigualdades”, ha proclamado Robles al confirmar su candidatura. Dice que le gusta el área de Interior, pero la próxima legislatura puede convertirla en la muñidora de la transformación de la Justicia, uno de los pilares del Estado del Bienestar que ha quedado muy mermado tras la crisis económica y la etapa del Partido Popular.

Robles ha sido crítica con las tasas judiciales, la limitación de los plazos de la instrucción de las causas penales porque puede crear espacios de impunidad para los corruptos; con la reforma del Código Penal que endurece las penas frente a las protestas pero no para el ladrón de guante blanco; con la ley de seguridad ciudadana…

Esta magistrada. afiliada a la asociación progresista Jueces para la Democracia, pertenece a esa generación de mujeres que se abrió camino en un mundo de hombres a base de tenacidad. Se convirtió en juez con sólo 23 años. Fue número uno de su promoción, la de 1981, una añada que trajo magistrados como Baltasar Garzón -desde entonces data la inquina entre ambos- o Manuela Carmena.

Fue la primera mujer en presidir una Sala de lo Penal y con 34 años se convirtió en la primera mujer en presidir una Audiencia, la de Barcelona, donde su voz discordante formó parte de los ocho magistrados que defendían el procesamiento del presidente de Catalunya Jordi Pujol por su implicación del caso Banca Catalana. Corría el año 1986 y ya para entonces había sido la ponente de la sentencia que condenó a tres policías por la muerte de un dirigente de los GRAPO.

Fue la primera mujer en presidir una Sala de lo Penal ,y con 34 años se convirtió en la primera mujer en presidir una Audiencia, la de Barcelona,

Margarita Robles fue una piedra en el zapato del Gobierno del Partido Popular cuando ejercía de vocal en el órgano de gobierno de los jueces (2008-2014). Realizó avances en favor de la Justicia al aliarse con Manuel Almenar, entonces vocal de tendencia conservadora y actual presidente de la Asociación Profesional de la Magistratura. Los críticos decían que ambos repartían los cargos de la Justicia. Ahora, el reparto lo realiza Carlos Lesmes, quien dirige el CGPJ de forma presidencialista.

Este proceder llevó al ministro de Justicia de entonces, Alberto Ruiz Gallardón, a declarar la guerra a las asociaciones judiciales y a realizar reformas para limitar el poder del CGPJ y de los jueces.

La magistrada Margarita Robles, que irá como número dos en la lista del PSOE por Madrid para el 26-J. EFE

Jamás acepta una invitación a una charla que suponga cobrar dinero: ni siquiera acepta que le paguen el viaje. Y esta trayectoria le llevó a cuestionar los viajes que realizaba Carlos Dívar, el entonces presidente del órgano de gobierno de los jueces, al que apoyaba, y quien terminó dimitiendo a causa de una implacable campaña iniciada por el ex vocal José Manuel Gómez Benítez donde se difundían sus gastos y se filtraban versiones torcidas.

Cuando terminó su mandato, Robles regreso al Tribunal Supremo, en concreto a la Sala Tercera que enjuicia las decisiones del Gobierno y de las administraciones públicas. Y desde dentro del alto tribunal lideró la oposición interna a Carlos Lesmes. Siguió acudiendo a los platós de televisión y los estudios de radio para denunciar las desigualdades de esta crisis con los desahucios o las ejecuciones hipotecarias, las reformas del PP… y a seguir los enredos de la política entre bambalinas.

Hasta ahora no ha podido elaborar leyes, más allá de presentar informes para denunciar con impotencia los problemas de la Justicia. Ahora llega al Congreso y puede impulsar cambios de calado, si el equilibrio de fuerzas lo permite. Y si aguanta Sánchez, un líder capaz de proponerla a pesar de su criterio independiente.

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