Público
Público

Seis juezas normalizan la presencia femenina en la judicatura aragonesa

La Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia más feminizada de la historia toma posesión mientras los órganos de gobierno de otros poderes, como el legislativo, dan la espalda a la igualdad de la anterior legislatura con un pleno de portavoces masculinos.

La Sala de Gobierno más feminizada de la historia del TSJ de Aragón ha tomado posesión este jueves.

“La palabra sustancial es ‘normalidad’. En la carrera judicial cada día hay más mujeres y tienen que tener una proyección pública y en los órganos de toma de decisiones”, explica María José Hernández, que a mediados de septiembre fue la primera mujer en acceder a la presidencia de una sala, la de lo Social, del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Aragón y que este jueves participó en la sesión constitutiva de la Sala de Gobierno con mayor presencia femenina de la historia de ese órgano: seis mujeres, cinco magistradas y una secretaria, de catorce miembros en una junta donde nunca había habido más de tres.

Ella es el único miembro nato de las seis. La secretaria, Pía Lardiés, accedió a la plaza tras un concurso. Las otras cuatro (Soledad Alejandre, Victoria López, María Celorrio y Sonia Muñoz) fueron elegidas por los miembros de la carrera en las elecciones celebradas hace unas semanas, en las que se decidían seis puestos.

Los otros seis integrantes de oficio son los presidentes de las tres audiencias provinciales, el del propio TSJ, el de su sala de lo Contencioso y el decano de los jueces de Zaragoza.

Comparte el criterio Alejandre, para quien “es una cosa natural que cada vez se vayan incorporando más mujeres a los órganos de gobierno, es algo consustancial a que cada vez haya más mujeres en la carrera judicial”.

Proporcional a la carrera en la comunidad

Las cifras son, en este sentido, contundentes, tal y como indica el último Informe sobre la Estructura de la Carrera Judicial del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ): el 53,4% de las togas españolas son femeninas, en una proporción que se dispara por encima del 60% hasta los 50 años y que alcanza el 67% entre los magistrados treintañeros.

En el caso de Aragón, y según ese mismo estudio, el equilibrio de género en la Sala de Gobierno se acerca al de la plantilla, en el que las mujeres representan un 48,7% de la judicatura y los hombres un 51,3%, con empate entre los magistrados que no han cumplido los treinta y una proporción del 70%-30% a favor de ellas en el tramo de 30 a 50.

Esa relación, sin embargo, no es homogénea. La presencia femenina es claramente superior en órganos como los juzgados mixtos, los sociales, los de lo Penal y los de Menores y se iguala a la masculina en Instrucción, en Primera Instancia y en los Contenciosos, pero la proporción se invierte al llegar a las audiencias y el TSJ, donde se emplean los jueces de más antigüedad: 21 a 6 y 17 a 3, en un reflejo de lo que era la estructura hace unas décadas. Ocurre en todo el país.

La evolución de la judicatura aragonesa resulta diametralmente opuesta a la que se da en otros poderes como el legislativo, donde las Cortes de Aragón han pasado de una legislatura con mayoría femenina tanto en la Mesa como en la Junta de Portavoces a otra en la que, con ocho varones en este último órgano, Marimar Rodrigo (PSOE) e Itxaso Cabrera (Podemos) son, en el primero, las únicas mujeres de la cúpula. En el ejecutivo, el propio Javier Lambán deshace el empate a cinco entre consejeros y consejeras.

“Esa superllamativa foto del Supremo”

Dos tercios de las promociones de jueces están ahora formadas por mujeres”, señala López, mientras Hernández se marca, “como meta más próxima, necesaria y justificadísima, que tiene que haber en fecha próxima como mínimo una de las salas del Supremo presidida por una mujer”, para lo que apuesta por la Cuarta, la que se encarga de los asuntos laborales.

En esa sala se formó hace año y medio, más de dos siglos después de que la corte comenzara a funcionar, el primer tribunal íntegramente femenino del Supremo.
A la jueza, como a tanta gente, le parece “superllamativa esa foto del Supremo que se hace en septiembre, en la apertura del año judicial, en la que no hay una sola mujer” más allá de la fugaz presencia de la magistrada Milagros Calvo hace unos años.

“El día que no se pregunte cuántas mujeres hay habremos llegado a la normalidad”, señala, al tiempo que sostiene que “es el momento, porque la sociedad está preparada y las mujeres también”, para una presidencia femenina del máximo órgano de la judicatura. “Sería muy bueno”, añade, porque “hay muchas y muy bien preparadas” candidatas.