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Una sima de Navarra escondía cráneos de víctimas de la represión franquista

Un grupo de espeleólogos bajó en 1978 a la cavidad de Otsaportillo, donde la dictadura había arrojado a varias personas asesinadas. Entonces localizaron distintos restos humanos que posteriormente fueron robados por desconocidos.

Restos de víctimas de la dictadura franquista
Cráneos localizados en 1978 en la sima de Otsaportillo, en Navarra. ALTSASU MEMORIA

Concha Diéguez conoce a la perfección el significado de "esperar". 84 años vivió con esa palabra sobre su espalda. Ahora, por fin, ha dejado parcialmente de hacerlo: en un acto celebrado entre mascarillas con la bandera republicana, esta mujer recibió en diciembre pasado los restos de su padre, el militante anarquista Claudio Doroteo Diéguez, asesinado por los franquistas y arrojado a la sima de Otsoportillo. Allí encontraron algunos de sus huesos. 

Concha Diéguez tiene los restos de su padre, pero la herida de Otsoportillo sigue abierta. Esta sima, ubicada en la sierra navarra de Urbasa, fue empleada por la dictadura franquista como una fosa común. "Se trata de la principal y más simbólica sima utilizada para arrojar los restos de personas asesinadas como consecuencia de la represión desatada tras el golpe militar de 1936", destaca el Gobierno de Navarra en el informe elaborado en 2019 para declarar ese espacio como "Lugar de Memoria Histórica".

En ese documento, la Dirección General de Paz, Convivencia y Derechos Humanos del Ejecutivo foral establece que allí "fueron asesinadas 14 personas vecinas de Altsasu, Ecala, Olazagutia, Urdiain y Ziordia por sus ideas políticas y por su militancia, en el marco de la limpieza política desarrollada por las fuerzas sublevadas en 1936".

El informe describe que "en 1979 se localizaron catorce restos", mientras que "en 1982 los familiares, ante la falta de autorización para cerrar la sima, recogieron los huesos que pudieron rescatar en una caja metálica". La historia se desplaza entonces hasta fechas más recientes: dos procesos de exhumación realizados en 2016 y 2017 por los expertos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi "han posibilitado la identificación genética de siete víctimas", a las que se añade ahora el padre de Concha Diéguez.

En ese trayecto hubo otro momento clave. El 5 de noviembre de 1978, espeleólogos del Grupo de Montaña de Legazpi descendieron hasta la sima y efectuaron un hallazgo de gran relevancia: allí había varios cráneos con agujeros provocados por disparos de bala, reflejo de las ejecuciones a las que fueron sometidas las víctimas de la represión franquista.

El colectivo Altsasu Memoria ha recibido una fotografía hasta ahora inédita en la que se aprecian al menos tres cráneos. La imagen corresponde precisamente a aquel hallazgo de 1978, "En aquel momento había miedo. Fue en ese marco que bajaron los espeleólogos a la sima y vieron todo lo que había", relata a Público Josu Imaz, integrante de Altsasu Memoria.

Un año después, integrantes del grupo de espeleólogos Satorrak de Pamplona descendieron a la sima y aseguraron haber visto los restos de 14 personas. A principios de los años ochenta, los huesos localizados en Otsaportillo fueron guardados en una caja y mantenidos dentro de la sima. En un documento que recoge estos hechos, Altsasu Memoria destaca que entre los restos recogidos entonces por los familiares de víctimas de la dictadura había ocho cráneos que fueron introducidos en esa misma "urna de hierro con protección".

Posteriormente, los cráneos que estaban allí dentro desaparecieron. "Rompieron la caja y se los llevaron", afirma Imaz, quien destaca que "entre todos los restos que se han obtenido en las exhumaciones no ha aparecido ningún cráneo". En tal sentido, subraya que en esos restos óseos desaparecidos "se veían claramente los disparos".

Pintadas fascistas

El Gobierno de Navarra reconoce en su informe que "la accesibilidad de la sima provocó que el lugar haya sido alterado en numerosas ocasiones". De hecho, la decisión de guardarlos dentro de la caja de hierro se produjo a raíz de la falta de protección de ese sitio, ahora considerado un espacio de memoria histórica. 

En 1980 se instaló allí una escultura que recordaba precisamente a las víctimas que seguían dentro de la sima. A lo largo de los años, el monumento sufrió varios ataques de la extrema derecha. "Aún hay sitio para más", decía una de las pintadas amenazantes que sufrió la escultura. Junto a ella dibujaron el símbolo de Falange.   

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