Entrevista a Unai Sordo, secretario general de CCOO"El sindicato no es un déspota ilustrado que consigue derechos para el pueblo, es organización"
El líder de CCOO admite en esta entrevista con motivo del Primero de Mayo que se precisa una actualización de las luchas por los derechos de los trabajadores y de las propias centrales sindicales.

Unai Sordo (Barakaldo, 1972) afronta uotro Primero de Mayo como secretario general de Comisiones Obreras. Está vez con el reto legislativo de tratar de sacar adelante la reducción de la jornada laboral, que llegará pronto al Congreso de los Diputados. En esta entrevista con Público, Sordo habla de los retos del mundo del trabajo y de las organizaciones sindicales en el mundo actual, que ha dejado atrás el sistema fordista y a la fábrica como nexo de socialización de las luchas laborales, y que está cada vez más basado en la atomización y en la especialización de cada trabajador.
A su juicio, todos estos cambios precisan de una actualización de las luchas y de las organizaciones sindicales, aunque recuerda que el fin del sindicato sigue siendo el mismo varios siglos después: organizar a los trabajadores para conseguir más derechos.
El lunes se produjo un apagón eléctrico histórico, y algunas voces achacan esto a la falta de seguridad en un sistema energético privado que prioriza la rentabilidad. ¿Debe el Estado intervenir u operar con mayor influencia en el sector? ¿Necesitamos una empresa pública de energía?
El Estado influye ya bastante en el sector de la energía, que es un sector muy regulado, como no puede ser de otra manera. Yo creo que la posibilidad de contar con un operador público sería más que necesaria, en general, en los países. A partir de ahí yo creo que lo que hay que saber es exactamente lo que ha ocurrido, hacer un diagnóstico de cuáles han sido los errores, cuáles han sido los fallos, no precipitarnos con conclusiones erróneas y no hacer caso a los que están aprovechando el desbarajuste que ocurrió el lunes para cuestionar la importancia de las energías renovables en el mix energético español.
Hay que saber exactamente cuáles han sido los errores, por si ha habido algún tipo de desacople entre la oferta y la demanda de energía y si se necesitan reforzar con más inversión los elementos de seguridad en el suministro energético. Si algunas de las energías que dan estabilidad al sistema no entraron, ¿por qué no entraron? Hay que ver si es porque no se daban los precios suficientes, porque igual, en efecto, tenemos una determinación de precios energéticos que prioriza la rentabilidad de las empresas sobre la seguridad de abastecimiento energético.
Respondiendo a la pregunta directamente, yo creo que hay que concebir el suministro de energía como un servicio más que como un negocio potencial. Por tanto, es muy importante la regulación estatal y es muy importante que el poder público tenga posición, incluso fuerte, en las empresas energéticas.
¿Cuál es el principal reto del mundo del trabajo en el 2025? En otras etapas históricas han sido el derecho a huelga, los salarios, la jornada…
Lo que marca la agenda es conseguir la reducción de jornada que hemos pactado con el Gobierno, pero yo creo que el gran reto en general es una mejora de las condiciones de trabajo. Es verdad que en los números macroeconómicos hemos mejorado mucho en términos de empleo; nunca ha habido más gente que ahora trabajando en España, hemos reducido a la mitad la tasa de temporalidad, se ha reducido la brecha salarial...
No son datos menores, pero sigue habiendo millones de puestos de trabajo mal pagados en condiciones de precariedad y en malas condiciones. Y yo creo que mejorar esas condiciones que luego tienen efectos sobre la salud laboral, sobre las enfermedades profesionales, sobre la insatisfacción con el curro o, incluso, con salarios todavía demasiado bajos, es el gran reto.
También que los trabajadores y las trabajadoras sean capaces de pilotar las enormes transformaciones que va a haber en el trabajo con la integración de los procesos digitales, la utilización de la inteligencia artificial o la distribución de los tiempos de trabajo.
¿Y el principal reto de los sindicatos? Ya no estamos en un mundo regido por la organización fordista, con las fábricas como principal nexo obrero. ¿Cómo se deben adaptar las organizaciones sindicales a esta nueva realidad, con el impulso de la IA, la transición digital…?
Ser capaces de organizar toda esa diversidad de situaciones laborales. El sindicalismo surge, nace y se refuerza en los grandes espacios de concentración de trabajadores industriales, donde es relativamente sencillo integrar y representar el interés colectivo, porque es muy parecido el interés, la situación y la posición de todos los trabajadores y trabajadoras.
Ahora el mundo del trabajo es muy diverso. A veces ni siquiera hay centros de trabajo, a veces las personas ni siquiera están físicamente juntas. Las relaciones laborales son también muy distintas: no es lo mismo un trabajador en una empresa principal que en una contrata. Cómo integramos, cómo organizamos a todas estas personas para que sean conscientes de que sólo juntas pueden mejorar las condiciones de trabajo y que su vía de de organización sean los sindicatos.
La próxima semana se aprobará, en principio, la reducción de la jornada laboral de manera definitiva en Consejo de Ministros. ¿Es más optimista ahora que hace un año sobre la aprobación de esta reforma?
Yo soy consciente de que está por definirse eso. Es decir, las fuerzas parlamentarias no se han pronunciado de forma clara. Creo que, en general, las fuerzas progresistas y de izquierda van a votar a favor de la reducción de jornada. Pero hay una duda razonable sobre, por ejemplo, la posición de Junts o del PP, pero yo creo que el PP no va a votar a favor de una reducción de la jornada.
Los partidos políticos, incluso los de derechas, van a tener dificultades para explicarse si se ponen en contra de una medida que yo creo que comparte buena parte de su electorado. Entonces, no es una cuestión de optimismo, es una cuestión de presión, de hacer de esto un problema político, de que la conversación pública pivote en torno a la reducción de la jornada laboral y que los partidos que se opongan a ella sepan que van a tener un coste porque la gente no lo va a entender. En ese empeño vamos a estar los sindicatos en las próximas semanas.
¿Estamos a tiempo de cumplir con la entrada en vigor de la reducción de la jornada en 2025? La negociación de muchos convenios está parada porque las empresas quieren esperar a que se resuelva esta cuestión.
Sí, es perfectamente posible que entre este año en vigor. Pero es que además es necesario, imprescindible, porque empieza a ser un problema para la propia negociación de los convenios. Tenemos que tener cuanto antes despejado el marco de salarios y de jornadas, que es donde se va a desenvolver la negociación colectiva.
Primero hay que ver si se admite a trámite en el Congreso, si no hay ninguna enmienda a la totalidad que deforme lo que hemos pactado. Y esto creo que sería un auténtico fraude democrático, si los partidos se opusieran no ya a la transacción a través de enmiendas, que eso es legítimo, si no que se planteara una enmienda a la totalidad para ni siquiera considerarla. Creo que estaríamos hablando de un fraude democrático de los partidos políticos que se opongan a abordar esto en el Congreso de los Diputados.
Para esta legislatura ustedes han pedido el pleno empleo. ¿Se conseguirá?
Yo no sé si yo llegué a decir que en la legislatura, pero yo sí creo que en el medio plazo España puede alcanzar el pleno empleo. Si la movilización de recursos públicos es capaz de favorecer una movilización de inversión privada, al calor también de la ventaja de los precios energéticos para atraer inversión de medio y de largo plazo, creo que España en los próximos años está en disposición de alcanzar el pleno empleo, que está en el 7% u 8%, lo que se considera desempleo estructural.
¿Van a exigir que se aborde la reforma del despido en esta legislatura?
Sí, indiscutiblemente yo creo que es el siguiente paso que tenemos que dar. Estamos pendientes de la resolución del Tribunal de Derechos Sociales de la Unión Europea, pero estamos convencidos de que va a avalar la posición de Comisiones Obreras, que dice que la legislación española no se acomoda a la Carta Social Europea.
Podemos hacer dos cosas: o no modificar el régimen de despido y por la vía de los juicios generar jurisprudencia y pelear en una guerra de guerrillas contra el actual despido en España; o sentarnos en una mesa con el Gobierno y con las organizaciones empresariales a reformar el régimen de despido en España.
"Pensar que el problema de defensa es un problema de armamento me parece una visión errónea"
El Gobierno ha aprobado recientemente un plan que eleva el gasto militar más allá del 2% del PIB. ¿Está usted de acuerdo con la necesidad de gastar más en defensa y armamento?
Yo creo que el enfoque es erróneo. El enfoque no es sólo español, sino que el enfoque es de ámbito europeo. La Comisión Europea está haciendo una lectura sesgada, insuficiente y errónea del reto que supone la política de seguridad en el marco de un reforzamiento de la autonomía estratégica en Europa. Eso no quiere decir que Europa no tiene un problema de seguridad. Lo tiene y tiene que dotarse de infraestructuras críticas que estén protegidas: las energéticas, las cadenas de suministros, la defensa ante los ciberataques...
Que un país de la OTAN amenace a otro país de la OTAN con que le va a quitar la isla de Groenlandia algún problema de seguridad le sugiere a la Unión Europea. También la invasión rusa de Ucrania, aunque Ucrania no está en el marco de la Unión Europea. Pero pensar que el problema de seguridad es un problema de defensa y que el problema de defensa es un problema de armamento para defendernos en una guerra convencional con Rusia me parece una visión absolutamente errónea. Esto es mucho más complejo y creo que la Unión Europea tendría primero que definir una política de seguridad global y. a partir de ahí, adoptar las medidas presupuestarias que, en su caso, hubiera que adoptar.
Empezar por movilizar ingentes cantidades de cientos de miles de millones de euros para promover la adquisición de armamento sin definir una estrategia de defensa y de seguridad común pinta más a que lo que se pretende es una política de keynesianismo bélico para movilizar las industrias centrales europeas. Y creo que eso es un error de perspectiva muy claro por parte de la Comisión Europea y sería un error enorme si eso va en detrimento de reforzar las capacidades europeas ligadas a esto que hemos denominado autonomía estratégica.
¿Es partidario usted de un pacto entre el PSOE y el PP para aprobar unos nuevos Presupuestos Generales para 2025?
Yo creo que eso es ciencia ficción. Es imposible pensar en un acuerdo político entre el PP y el PSOE en este contexto. Lo que sí creo que sería bueno es que en España se actualizaran los Presupuestos Generales del Estado y los de las comunidades autónomas. Hubiera sido bueno que los partidos hubieran permitido la aprobación de los Presupuestos Generales orillando a la extrema derecha ante el hecho de que la extrema derecha española y europea son el caballo de Troya de Donald Trump.
Para inhabilitar políticamente hay que hacer que pierdan influencia, la que están teniendo, por ejemplo, en las comunidades autónomas que están aprobando presupuestos con el PP cuestionando el Pacto Industrial Verde Europeo, cuestionando que haya una crisis climática, cuestionando principios de convivencia básicos y de racionalidad básica.
Para orillar a esta gente sería bueno facilitar una aprobación generalizada de presupuestos en las distintas administraciones, pero es evidente que esto no es lo mismo que un pacto político entre el PP y el PSOE, que es absolutamente imposible.
Habla de los partidos, pero ¿cuál debe ser el papel de los sindicatos para frenar a una extrema derecha que también cuestiona los derechos laborales?
Yo creo que los sindicatos para hacer frente a las oleadas reaccionarias básicamente tenemos que hacer sindicalismo. El sindicalismo consiste en conseguir derechos para los trabajadores y para las mayorías sociales, conseguirlos vertebrando a la clase social. El sindicato no es una especie de déspota ilustrado que consigue derechos para el pueblo, pero sin el pueblo; el sindicato, sobre todo, es un vector de organización de la gente y es eso lo que consigue que tengas buenos convenios colectivos o no tan buenos, buenos acuerdos sociales o no tan buenos.
Hemos conseguido bastantes derechos en estos últimos años que han sido compatibles con una emergencia de las nuevas extremas derechas, no solo en España, sino en otras partes del mundo también, lo cual hace que esto sea más complejo que sólo una lectura sencilla o automática de "bueno, como se han deteriorado los derechos surge la extrema derecha". En muchos países la respuesta a la crisis del 2020 ha sido mucho más social que en la anterior crisis, y ha sido ahora cuando han emergido las extremas derechas y no hace 15 años.
Hay que situar certidumbres, certezas, escenarios de futuro deseable, refuerzo de los servicios públicos, refuerzo de las lealtades mutuas entre los trabajadores y las trabajadoras, y las mayorías sociales. Y esto en el plano laboral, en el plano de las relaciones económicas, se llama sindicato, y este es nuestro gran reto: generar derechos, vertebrar personas y dar seguridades, espacios de seguridad y de certeza a la clase trabajadora.



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