"Te dicen que te van a dar tu merecido, no sabes hasta dónde pueden llegar": el odio ultra busca silenciar a quienes lo combaten
La violencia contra periodistas, cómicos, analistas y politólogos de izquierdas ha ido en aumento en los últimos meses. Héctor de Miguel y su programa 'Hora Veintipico' han sido las últimas víctimas.
"Las campañas de desgaste son la única forma que tienen de silenciarnos", denuncia Ana Pardo de Vera. "El miedo que tengo yo lo tienen mis amigas y lo tiene también mi madre", confiesa Sarah Santaolalla. "Las amenazas eran bestiales, tenía miedo de miedo salir a la calle", indica Elena Reinés.

Madrid--Actualizado a
"Ha llegado el momento de parar. El cuerpo me lo pedía y la mente disimulaba, pero lo acontecido en las últimas horas precipita una decisión que llevaba tiempo barruntando". Héctor de Miguel llevaba meses recibiendo amenazas e insultos, también sus compañeros de Hora Veintipico. El equipo tenía un show el domingo 25 de enero, en Móstoles (Madrid), pero la función nunca llegó a celebrarse. El presentador y los colaboradores del exitoso programa de la Cadena SER recibieron una advertencia: había nazis dispuestos a intimidarlos a las puertas del auditorio, tal y como ha confirmado Público. Y no era un aviso al uso. Era más peligroso que todos los que llevaban meses intentando normalizar.
Las amenazas se sucedieron a lo largo de la tarde. Las ganas de echarse unas risas se transformaron en nervios y frustración. "No andaría tranquilo por la calle siendo tan puto miserable de la vida", tuvo que leer en su teléfono móvil un miembro del equipo de Hora Veintipico. Dani Desokupa publicitó la actuación a través de las redes y animó a sus seguidores a pasarse a "saludar". Esta no fue su única advertencia. "Keke cuando te vea por la calle vas a correr [sic]", compartió a través de su canal de Telegram. "Dos puñetazos y le arrancas la puta cabeza", respondió una usuaria. La espiral de violencia de las horas previas al show fue la gota que colmó el vaso. El punto álgido de una estrategia de intimidación.
Héctor de Miguel no es el primero que está en la diana de la arquitectura ultra. Y todo parece indicar que -lamentablemente- tampoco será el último. Elena Reinés publicó en su día un comunicado informando de su salida de las redes tras recibir "amenazas de muerte" y "mensajes diciendo que me iban a reventar la cara a hostias". El cuerpo y la mente le pidieron una pausa, una tregua como la que no le han dado los agitadores que la motivaron. "El odio no es nuevo, pero ha ido en aumento desde que empecé a poner la cara en mis vídeos" explica la periodista y colaboradora de Woke Up News. "Las amenazas últimamente eran bestiales, llegó un punto en el que me di cuenta de que me daba miedo salir a la calle", insiste.
Sarah Santaolalla: "El miedo que tengo yo lo tiene también mi madre"
Sarah Santaolalla es otro blanco habitual de los insultos de Vito Quiles, Bertrand Ndongo y Dani Desokupa. Los agitadores sacan aquí a relucir su lado más rancio y machista. "Esto va en escala, primero te señalan, te intentan humillar por tu aspecto físico y te dicen cómo te tienes que vestir. Y luego, algunos ejecutan", dice la analista política en una conversación con Público. "Zorrón", "pollóloga" e "hija de la gran puta" son algunos de los calificativos que ha tenido que escuchar durante las últimas semanas. "A esta pájara hay que darle cuartelillo", comentó un usuario en el canal de Telegram de Vito Quiles. Santaolalla denunció al activista por un "delito de acoso" después de que la persiguiera desde su puesto de trabajo hasta la entrada de su domicilio.

Este mes también le tocó sufrir -una vez más- las atrocidades de Vito Quiles a la periodista Ana Pardo de Vera. El agitador ultra la estaba esperando con un micrófono a las puertas del Juzgado de Instrucción número 47 de Madrid. Los ataques se redoblaron tras el accidente ferroviario de Adamuz. La situación no es nueva, Pardo de Vera lleva meses lidiando con la "salvaje" ofensiva del entramado ultra. "Las campañas de desgaste son la única forma que tienen estos individuos de silenciarnos. El odio y la violencia se intensifican cuando las periodistas y profesionales que molestamos somos mujeres", recalca la directora corporativa de Público. La situación es agotadora. "Las jaquecas, la ansiedad… no está pagado", insiste.
El problema no termina aquí. La politóloga Arantxa Tirado lleva un mes soportando amenazas y bulos en su contra. La violencia se ha intensificado tras la agresión ilegal de Donald Trump contra Venezuela, toda vez que la politóloga analizó lo sucedido en distintos programas de radio y televisión. "La oposición venezolana tiene aquí muchos tentáculos", destaca. "Este mes he tenido que leer que me financiaba la Embajada de Venezuela y que Delcy Rodríguez me había traído maletines llenos de oro a España. Los comentarios de este tipo buscan desacreditarme profesionalmente e invalidar mis opiniones", continúa. Arantxa Tirado no solo ha vivido en Caracas, sino que ha estudiado la política venezolana "desde el inicio de la revolución" y tiene una tesis y un libro que la sitúan como una voz más que autorizada en la materia.
Filtración de datos y persecuciones por Madrid
La extrema derecha no conoce límites, "todo vale" con tal de señalar y hostigar a quienes defienden posturas ideológicamente contrarias. Héctor de Miguel denunció en su comunicado que lo acusaron de faltarle al respecto "a las víctimas de los accidentes ferroviarios" por un sketch en el que precisamente parodiaba el amarillismo del programa En boca de todos (Cuatro) con su cobertura de las tragedias de Adamuz y Gelida. Elena Reinés subió un vídeo para desmentir los bulos que giraban en torno al descarrilamiento del Iryo. La periodista se topó a los pocos días con una publicación en la que la acusaban de cobrar dinero del Gobierno y "trabajar para el régimen" de Pedro Sánchez. Ana Pardo de Vera ha tenido que ir a declarar como supuesta autora de un delito de odio cuando es ella quien recibe insultos a diario y sufre el hostigamiento de los agitadores ultra. Al Decanato de la universidad en la que imparte clases de Ciencia Política Arantxa Tirado, llegó hace seis años una carta pidiendo su cese como profesora, justo cuando Juan Guaidó perpetró un fallido golpe de Estado en Venezuela. Las críticas actuales no la pillan por sorpresa. Y Sarah Santaolalla ha tenido que "pedir auxilio" a la Policía para sortear a "tres matones" que la esperaban en el portal de su casa.
"La ola de amenazas en las últimas semanas ha sido una auténtica barbaridad. Lo primero que piensas es que son cuatro trolls que te insultan por Instagram, pero cuando te empiezan a escribir desde cuentas reales con nombre y apellidos para decirte que te van a dar tu merecido, no sabes hasta dónde pueden llegar", relata Elena Reinés. Lo mismo apuntaba el equipo de Hora Veintipico en esta conversación con Público: "Están organizados. (…) Esto no va de nuestro programa, va de como los nazis están ganando terreno sin que nadie haga nada".
La Red de Colegios de Periodistas pide una "actuación de oficio" de la Fiscalía contra las agresiones a profesionales del sector
La escalada de la violencia lleva a quienes la sufren a vivir con miedo, angustia, tensión. Los profesionales que combaten a la extrema derecha no se sienten "seguros" cuando salen a dar un paseo o quedan para cenar. Y no solo temen por ellos, también por sus familiares. "¿Dónde está el límite? Estos acosadores filtran tu dirección y tus datos personales, dañan a todo un núcleo. El miedo que tengo yo lo tienen mis amigas y lo tiene también mi madre", denuncia Sarah Santaolalla. "Te llaman por número oculto hasta que apagas el móvil, te insultan por la calle, te obligan a salir escondida, casi de incógnito…", lamenta Ana Pardo de Vera. Esta es una realidad que denuncian casi todos los periodistas que han hablado con Público.
La complicidad de la (ultra)derecha política
El objetivo del entramado ultra no es otro que "invalidar" y "silenciar" a las voces críticas, presionarlas hasta que no tengan escapatoria y se vean obligadas a dar un paso atrás. "Lo hacen para desautorizarnos como profesionales y conseguir que nos callemos, intentan que sirva además como amenaza ejemplarizante", sostiene Elena Reinés. "El debate de ideas es algo que me gusta, no así el linchamiento y la ridiculización de ciertas posturas, una ridiculización que se hace además a través de mi persona. Esto busca desacreditarnos profesionalmente. Y mi trabajo y mis ideas son el único patrimonio que tengo", continúa Arantxa Tirado. La politóloga anunció este mes que dejaba de colaborar con Espejo Público (Antena 3). Matiza, eso sí, que nada tiene que ver con el acoso ultra, sino con que "tácticamente" cree que "es un espacio en el que no resulta útil plantear ciertas ideas y análisis".
La "impunidad" con la que operan los activistas de la extrema derecha encuentra respaldo en el silencio -y la connivencia- de PP y Vox. "Los que se dicen demócratas los están aupando y financiando, incluso elevando a la categoría de periodistas. La violencia no se puede condenar en función de quien la reciba, no caben medias tintas. Esto es una cuestión de democracia o no democracia", denuncia Ana Pardo de Vera. El último giro de guion de la derecha política con este tipo de perfiles lo hemos visto hace unas semanas. La complicidad va más allá de las subvenciones. Y si alguien lo sabe de primera mano es Sarah Santaolalla. Elisa Vigil (PP) protagonizó un ataque machista hace dos semanas en el programa En boca de todos (Cuatro). "Estamos hablando de una parlamentaria a la que le pagamos entre todos el sueldo: no me puede decir cómo me tengo que vestir o si enseño los cocos en mis fotos. El partido no solo no lo ha condenado, sino que lo ha intentado justificar. Cuesta distinguir entre los agitadores ultra y algunos diputados del PP", insiste la analista política.
Interior "estuvo mirando de hacer un protocolo antiacoso" que "quedó aparcado", lamentan cómicos consultados por 'Público'
Sarah Santaolalla y Ana Pardo de Vera han denunciado a Vito Quiles por los recurrentes episodios de acoso y hostigamiento que vienen sufriendo. Elena Reinés y sus compañeros de Woke Up News están "estudiando" acciones legales por el odio recibido durante las últimas semanas. La falta de una legislación férrea y la "complicidad de algunos tribunales" dificultan en cualquier caso ponerle freno a esta situación. El Ministerio del Interior "estuvo mirando de hacer una especie de protocolo antiacoso" para actuar contra los episodios de violencia y odio en las redes, "pero ha quedado todo bastante aparcado", señalan figuras del mundo de la comedia y la comunicación consultadas por Público. La Agrupación de Periodistas de Comisiones Obreras le acaba de exigir al Ministerio una "respuesta policial" y "protección" para los rostros "amenazados por la ultraderecha". Desde Interior señalan mientras tanto que "la denuncia inmediata de la persona afectada" es ahora mismo el "protocolo" más "eficaz".
Como muy eficaz no se puede calificar precisamente la denuncia que puso ante la Fiscalía Cristina Fallarás, escritora y periodista que colabora con Público, por la página web montada por Vox para promover denuncias contra ella y captar afiliados. El Ministerio Público ha abierto una investigación por un posible delito de odio, pero han pasado más de cuatro meses desde que Vox inició su campaña de señalamiento, y la web sigue activa. Por otro lado, esta última semana se produjo la declaración judicial de Ayax Pedrosa, quien acusa a Fallarás de vulnerar su derecho al honor tras la publicación en su cuenta de Instagram de testimonios anónimos que presuntamente vinculaban al cantante con agresiones sexuales. Fallarás se muestra preocupada por las consecuencias que pueda tener este juicio para el "movimiento testimonial".
La necesidad de poner coto a "prácticas intolerables"
Las asociaciones de prensa y los colegios de periodistas coinciden al calificar de "lamentables" las últimas campañas de la arquitectura ultra contra profesionales como Héctor de Miguel y sus compañeros de Hora Veintipico, Sarah Santaolalla o Ana Pardo de Vera. "Lo que percibimos desde hace un tiempo es que la violencia ha saltado de las redes a las calles. La solución para ponerle freno pasa por una actuación de oficio contra las agresiones y el acoso por parte de la Fiscalía", reivindica Lorena Mejías, representante de la Red de Colegios de Periodistas de España. La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) también "condena los ataques a periodistas, vengan de donde vengan" y califica de "intolerables" tanto las prácticas de los agitadores y activistas que "se hacen pasar por periodistas" como el silencio de los grupos políticos de derechas.
"La polarización y los ataques a periodistas y entre periodistas nos parecen lamentables, incluso cuando afectan a personas que trabajan en los medios pero no como informadores", advierte María Rey, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM). La región acumula el grueso de los episodios de violencia física y verbal que figuran en este artículo. "Deberíamos hacer un esfuerzo para frenar esta confrontación y denunciar a quienes acosan", insiste la periodista. Esta es una máxima que también defiende Rocío Ibarra, presidenta de la Asociación de Periodistas por la Igualdad: "El acoso digital hacia mujeres periodistas es una forma de violencia que busca silenciar y expulsar nuestras voces del espacio público. No estamos ante una polémica, hablamos de una estrategia sistemática de desgaste y castigo". Los profesionales atacados y las asociaciones consultadas por este diario recuerdan, como conclusión final, que "lo que está en riesgo es la democracia".


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