Así falló la Justicia a Abby y a su hija: la absolución del padre maltratador, una custodia compartida y un secuestro parental
La pequeña Athina, de siete años, se encuentra en paradero desconocido desde el 10 de noviembre pasado, tras llevársela su padre de Barcelona al día siguiente de que un juzgado accediera a proteger a la madre y a la niña.

Madrid--Actualizado a
La orden de protección para Abigail Castro, Abby, filipina de 25 años, asentada en España desde hace 16 años, y por ende para su hija, Athina, llegó muy tarde. El 9 noviembre de 2025 una jueza le otorgó la protección como víctima de violencia de género y privó a su expareja y padre de la niña, nacida en 2018 en Barcelona, de un régimen de visitas y de la custodia.
Al día siguiente, el 10 de noviembre, el hombre no entregó la niña a la madre, como le ordenaba la jueza, y fue visto por última vez en la estación de Sants de Barcelona con Athina. Desde entonces, nada se sabe de la niña.
La vida de esta mujer al lado de su expareja, A.I.A., un hombre barcelonés de profesión informático, ha sido un infierno, como relata Abby. Se conocieron cuando ella tenía 15 años y él 16. "Me fue anulando, haciendo que me sintiera inferior, que no valía nada; me maltrató psicológica y físicamente", dice a Público en una conversación telefónica.
Apenas puede mantener el relato sin que el llanto la interrumpa. Abby está destrozada. Lleva más de cuatro meses sin ver a su pequeña, no sabe cómo estará. Su vida se ha parado. "No hay segundo que no piense en mi hija", clama.
La primera vez que lo denunció por violencia machista fue en 2021 tras dos palizas. Estuvo mal asesorada, reconoce ahora Abby, con un abogado de oficio que "no me hizo mucho caso". "No sabía ni cuáles eran mis derechos ni qué había que hacer en esos casos. No fui al médico tras los golpes, cierto, y por eso le absolvieron, porque no había partes médicos, aunque yo aporté fotografías de las lesiones que me hizo, pero no me creyeron".
Las críticas del juez
"Llama la atención a este juzgador que la perjudicada, en ninguna de las fases de desarrollo de este procedimiento, lograra identificar de manera concreta cuál fue la fecha de los hechos, puesto que la delimitación temporal de los mismos es vaga y abstracta al referirse a una fecha indeterminada del mes de junio de 2020 y a la tercera semana del mes de septiembre de 2020", decía el juez en su sentencia absolutoria, y añadía: "La declaración de la perjudicada ha sido vacilante, dubitativa, poco detallada y contradictoria en parte", sin tener en cuenta los concretos estados anímicos por los que atraviesan las mujeres maltratadas.
No solo quedó exonerado, si no que además en el procedimiento civil logró una custodia compartida respecto a la niña, que debía vivir una semana con cada uno de los progenitores. Y siguiendo un patrón habitual en estos casos de maltrato machista, el hombre comenzó a interponer denuncias contra la mujer con el objetivo de asediarla, minar su moral y aplastarla económicamente. "No paraba de denunciarme a mí y a mi madre, por cuestiones como que no cuidaba bien de mi hija, que no pagaba no sé qué gasto... Todo mentira". Pero una de las denuncias cuajó.
El bulo de la sarna
"Dijo que la niña tenía sarna tras haber estado conmigo y me denunció", explica Abby. Durante seis meses, mientras los servicios sociales constataban si en efecto existía la sarna en el hogar de Abby, esta no pudo ver a la niña. Definitivamente, no había sarna, "sino piel atópica", dice la madre.
Mientras tanto, el hombre había tenido otro hijo con su nueva pareja. "Mi hija se escapó de su casa y fue a buscarme, la encontraron en la calle. La niña no estaba bien con él", recuerda Abby. Explica que el 4 de noviembre de 2025 él le envió un archivo con una "amenaza clara y directa" para que firmara el consentimiento para que él pudiera cambiar de domicilio y de colegio a Athina. Era de facto cederle la custodia. "Si no accedía, él me decía que mandaría a alguien a hacer daño a mi familia y mostraba la cara amoratada de golpes de un hombre".
Inmediatamente acudió a la comisaría a denunciar las amenazas y entonces, en un juicio rápido, le concedieron una orden de alejamiento como víctima de violencia doméstica, según consta en la resolución a la que ha tenido acceso este medio. Se prohibía a A.I.A. acercarse a Abby a menos de 500 metros y se le retiraba el régimen regulador respecto a su hija, suspendiéndose las visitas.
Pero al día siguiente se llevó a la pequeña. Se los vio por última vez en la estación de Sants. Junto a ellos iban la nueva pareja del padre y un bebé, de un año de edad. Como Athina no disponía de pasaporte, Abby cree que "están por Europa". Los Mossos d'Esquadra se encargan de la investigación.

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