Un juzgado investiga la querella contra El Lobo por la muerte del miembro de ETA Josu Mujika en 1975
El Juzgado de Instrucción 12 de Madrid admite a trámite la querella de la familia de Mujika contra el agente infiltrado en ETA y varios policías del franquismo.
Josu Mujika Aiestaran, de 23 años, murió el 30 de julio de 1975 al ser detenido por la Policía y su muerte se hizo pasar por un suicidio primero y luego por un enfrentamiento armado.

Madrid-
Josu Mujika Aiestaran (Legazpia, Gipuzkoa, 1951-1975) está reconocido por el Gobierno vasco como víctima de violaciones de derechos humanos de motivación política, es decir, por haber sido asesinado por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, en este caso durante el franquismo, meses antes de que el dictador falleciera.
Ahora, un juzgado de Madrid, el de Instrucción 12, ha admitido a trámite la querella de la familia de Josu Mujika. Esta investigación judicial, aún en fase embrionaria, es la primera que se lleva a cabo en el Estado para esclarecer la muerte de Mujika, a pocos meses de cumplirse los 50 años de la misma.
Miembro de ETA político-militar, Mujika cayó abatido a tiros en la calle Doctor Fleming de Madrid, cerca del Estadio Santiago Bernabéu, en una operación policial, el 30 de julio de 1975, propiciada por el infiltrado en ETA Mikel Lejarza, El Lobo, para detener al comando que iba a falsificar documentación para ayudar a los presos de la organización que planeaban fugarse de la Cárcel de Segovia [la fuga no se pudo llevar a cabo hasta un año después].
La querella de la familia de Josu Mujika, impulsada por el Observatorio de Derechos Humanos del País Vasco, se dirige en primer lugar contra El Lobo, el primer infiltrado en ETA, que colaboró con los servicios secretos españoles del SECED (Servicio Central de Documentación), germen del actual CNI.
El Lobo viajó a Madrid desde Barcelona —donde había informado a la Policía de los pisos francos de los militantes de ETA—para integrarse en el comando que iba a falsificar carnés de identidad falsos. Junto a Josu Mujika, iban otros tres compañeros, entre ellos, el agente infiltrado. Era la tarde del 30 de julio de 1975. Viajaban en un Mini por la Castellana, entonces llamada Avenida del Generalísimo.
A la altura del número 48 "se percataron de que varios coches patrulla de la Policía Armada [los llamados grises] venían en dirección contraria, siendo que además algunos de los agentes blandían armas fuera de las ventanillas. Entendiendo que eran el objetivo de la persecución policial, abandonaron el vehículo y emprendieron la huida a pie, primero juntos y dispersándose después por los disparos policiales", consta en la querella, a la que ha podido acceder Público.
Testigos presenciales
Este diario ha podido contactar con uno de los compañeros de Mujika, uno de los que iba en aquel coche. Se trata del productor de cine José María Lara. "La última vez que vi al Lobo, iba corriendo junto a Josu, algo separados lateralmente de mí, por la calle Rafael Salgado (una calle lateral del estadio Bernabéu). Yo me separé escondiéndome entre unos setos y ellos debieron doblar enseguida por la calle Dr. Fleming, donde a los 100 o 200 metros mataron enseguida a Josu Mujika", explica. Lara relató esta vivencia ante la Comisión de Valoración de la ley vasca de reconocimiento de víctimas de vulneraciones de derechos humanos en el contexto político que analizó el caso y que declaró víctima a Josu Mujika, reparando así a su familia.
Tanto José María Lara como el otro testigo de los hechos, Félix Egia Intxaurraga, han negado siempre el enfrentamiento armado con la Policía y apuntan a que los agentes abrieron fuego contra Mujika, que cayó abatido y que fue trasladado al Hospital de La Paz, donde se certificó su fallecimiento. Ninguno de los dos vio quién apretó el gatillo: si uno o varios agentes o fue El Lobo o fueron todos a la vez.
Quién disparó a Josu
Lara se mantuvo escondido en un seto y Egia, que se subió a un autobús para escapar, aseguró en dicha comisión que recordaba que "el último en salir del Mini fue El Lobo y si verdaderamente ocurrió lo del disparo, fue El Lobo el que iba delante de mí y levantó el arma. Yo pensaba que todos llevábamos armas, y Txepe [José María Lara] no las llevaba. Posiblemente Josu tampoco".
"Es posible que El Lobo participara en la muerte de Josu —dice José María Lara—. El día en que las Administraciones del Estado ayuden a localizar y entregar a la familia de Josu Mujika la autopsia que se le hizo, seguramente en el Hospital de La Paz, se podrá tener más información concreta, si murió de un disparo, dos o varios disparos de diferentes armas". Txepe Lara fue detenido en aquella operación y llevado a la Dirección General de Seguridad, donde fue torturado.
Quién era Josu Mujika
Josu Mujika, de 23 años, fue un militante antifascista, que tras participar en diversos movimientos obreros y sociales, se integró en ETA político-militar en 1974. Después de la detención de varios amigos en el marco de los continuos estados de excepción decretados en Gipuzkoa, cruzó a Francia.
La familia lleva años intentado localizar el expediente sobre su muerte, no tienen la autopsia ni ningún informe que aclare las causas de la defunción. "No dejaron llevar el cuerpo a Legazpia, las autoridades franquistas lo inhumaron en el Cementerio de La Almudena; estuvo allí 15 meses, hasta que la familia pudo trasladarlo", explica a este diario Juan Mari Olaizola, portavoz de la familia de Josu Mujika, que añade que no se le volvió a hacer la autopsia.
En un principio, las versiones oficiales hablaron de "suicidio" y un "enfrentamiento armado". La querella da cuenta del maltrato que sufrió la familia, sin apenas datos sobre lo que le había pasado al joven. "El alcalde de Legazpia en aquella época, Prudencio Larrañaga, recibió una fotografía del cadáver y comunicó a la familia que estaba cosido a balazos, pero esas imágenes no se conservan o, al menos, no han sido posible localizarlas", dicen los querellantes.
Un topo llamado El Lobo
Mikel Lejarza, alias El Lobo, fue el agente infiltrado en ETA más famoso de España, gracias a una labor propagandística en libros periodísticos y biográficos. Se hacía llamar Gorka entre los miembros de ETA y El Lobo, ante los servicios secretos. Hay muchas lagunas en su biografía, pero parece constatado que Lejarza es vasco y que durante un tiempo se dedicó a "trapicheo de drogas", siendo detenido en dos ocasiones, y en la última se le ofreció infiltrarse en ETA para evitar ir a la cárcel, según cuentan algunos investigadores vascos.
La querella de la familia Mujika señala también al comisario de Policía Jorge Cabezas, a cuatro mandos de la dotación de la Policía Armada identificados como A. G. L., J. M. R. G., M. C. A., J. y L .C. C; a otros 16 agentes que intervinieron en la persecución; al entonces ministro de Gobernación, José García Hernández [habría fallecido en el año 2000]; y a ocho inspectores de la Policía política franquista; y "así como todas aquellas personas que hayan tenido intervención directa o indirecta con los hechos denunciados y que resultasen responsables a lo largo de la investigación como autores o partícipes", indica la querella.
El error que cometió El Lobo
El comisario Jorge Cabezas asegura en un libro que intervino en aquel operativo policial. La obra, de 2003, se titula Yo maté a un etarra: secretos de un comisario de la lucha antiterrorista. Respecto a Mikel Lejarza, el comisario relata que aquel día "logró camuflarse entre los viandantes y huir. Se refugió en casa de un matrimonio de ancianos a los que secuestró pistola en mano y desde el teléfono de la vivienda llamó a sus contactos en los Servicios Secretos, quienes acudieron a buscarle y le sacaron de aquel infierno".
Continúa el libro del comisario Cabezas: "Sin embargo, al llamar por teléfono insistentemente desde aquella casa dejó un reguero de pistas. El matrimonio sería más tarde entrevistado por la BBC y así saldría a la luz la posibilidad de que aquel supuesto etarra fuera en realidad un agente encubierto que se hacía llamar El Lobo. Este hecho precipitaría más tarde su desenmascaramiento".
El CNI no le da protección
Precisamente estos días Mikel Lejarza vuelve a la actualidad al conocerse que se resiste a abandonar una vivienda con la excusa de que le protege el CNI, que se la habría concedido por su vinculación a los servicios secretos. Pero el Centro Nacional de Inteligencia se desmarca de esa pretendida protección, según ha publicado la Cadena Ser, que informa de que El Lobo nunca fue miembro del CNI, sino solo colaborador, según fuentes de la Inteligencia española.

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