Este artículo se publicó hace 4 años.
Trumpismo mediático

Pablo Iglesias
Madrid-
La ultraderecha trumpista no sólo es un peligro. Es el mayor peligro para la democracia. Y es evidente que esa ultraderecha no solamente es VOX, también es lo que representa Ayuso. Pero ojo, pensar que la ultraderecha es un fenómeno que tiene que ver solo con los partidos, es desconocer lo que significó y significa el fenómeno Donald Trump que va mucho más allá de Trump. La ultraderecha como fenómeno cultural e ideológico, la ultraderecha como trituradora política y máquina de matar democracias es, ante todo, un fenómeno mediático.
Por eso creo que se equivocan las izquierdas que aún creen en el mito de una derecha democrática con la que se podría construir una suerte de cordón sanitario frente a los nuevos trumpismos. La historia de Europa revela que siempre fueron las derechas las que allanaron el terreno para la llegada de los fascismos al poder. Un famoso periodista de El Mundo lo dijo en ARV: prefiero un ministro corrupto antes que un ministro comunista. Al decirlo reconocía que frente a lo que ellos llaman comunistas, el crimen es aceptable. Eso es la derecha española: la justificación y la práctica del crimen cuando ven su poder en cuestión.
Ni Casado ni Feijoo son ultras de corazón pero sí piezas en engranajes corruptos. Las fotos del gallego sin camiseta con un narco son un indicador inequívoco de cómo funciona el poder en Galicia. Pero tanto ellos como todo el PP saben que la ultraderecha mediática ya ha colonizado ideológicamente sus bases. ¿Ustedes creen que un patético Pedro J. disfrazado un ratito de demócrata puede competir hoy con Losantos o con Herrera? Para competir con la ultraderecha, el PP solo tiene una vía: parecerse aún más ella.
Y frente a eso a la izquierda no nos van a servir ni los cordones sanitarios por muy buenas intenciones que tengan, ni los estilos propios de una época en la que el sentido común (no somos mercancías en manos de políticos y banqueros) era progresista. Estamos en otra época en la que los sentidos comunes han sido esculpidos con tesón por la derecha mediática.
Creo que la izquierda y los demócratas en general necesitamos una dieta saludable pero rica en calorías ideológicas. Ser antifascista hoy significa asumir que para defender la democracia y la justicia social, una de las batallas políticas más importantes, es la cultural. Digámoslo tan claro como lo decían los Panteras Negras: si juegan a ser nazis no vamos a ser sus judíos.
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