Este artículo se publicó hace 4 años.
'Venezuelización' de la derecha española

Inna Afinogenova
Madrid-
"Comunistas, chavistas, bolivarianos, España se convertirá en Venezuela, queremos libertad". ¿Cuántas veces y durante cuántos años habéis oído estos adjetivos y amenazas desde los grandes medios de información y distintos voceros políticos?
La noticia es que la actualidad política de España sí se está 'latinoamericanizando' , y mucho. La paradoja es que esto se está produciendo por quienes más temen ser Venezuela o, al menos, quienes más gritan sobre ese supuesto peligro.
La derecha española está adoptando los comportamientos antidemocráticos de las élites latinoamericanas, que consideran que el poder les debería pertenecer por mandato divino y, por lo tanto, cualquier acción para corregir el "mal voto" de la mayoría popular les parece legítima.
No terminan de asumir que haya gobiernos de izquierdas elegidos en las urnas, y al no asumirlo, pasan a la estrategia de "acoso y posterior derribo". O lo que el politólogo estadounidense Gene Sharp, fundador de la ONG Albert Einstein, denominó 'golpe blando'.
Es importante que todo parezca consecuencia lógica de la impotencia de ese gobierno y no de una acción coordinada de otros poderes.
La estrategia de 'golpes blandos' se ha estudiado muchísimo más en América Latina: tanto publicaciones académicas, como artículos o intervenciones públicas sobre el tema llevan la firma de autores o políticos latinoamericanos.
Y esos golpes suaves tienen un rasgo en común: aparentan legalidad. Todo amplificado por corporaciones mediáticas y avalado por magistrados. Todo lleva al mismo resultado: destitución de gobiernos. Lo hemos visto en Brasil, con Dilma Rousseff y Lula da Silva, cuyos casos se anularon al no tener pruebas.
Lo hemos visto en Bolivia después de las elecciones presidenciales que ganó Evo Morales y que la Organización de los Estados Americanos (OEA) declaró como fraudulentas, legitimando la toma de poder por parte de la derecha más recalcitrante.
Lo vimos en Ecuador, donde el expresidente Correa tiene tantos casos abiertos que no lo puede ni pisar.
Lo vimos, en su versión más heavy metal, en Venezuela, donde se han intentado desde 'golpes blandos', como auto proclamaciones en medio de una plaza, hasta magnicidios, intentos de golpe armado, desembarcos de mercenarios extranjeros, etc.
Y estoy hablando tan solo de los últimos tres años. Si escarbas más, verás lo que pasó en Honduras en 2009, cuando, mediante una farsa judicial, fue depuesto el presidente Manuel Zelaya. Los juicios en su contra, al igual que en el caso de Lula, fueron anulados.
Esos procesos en América Latina suelen culminar con asunción y sin elecciones en gobiernos de derechas, legitimados por las instituciones internacionales, magistrados locales y, sobre todo, los principales medios de información.
Es toda una estrategia que tiene sus etapas. Lo formuló el propio Gene Sharp, y lo reformuló, hace unos ocho años, Rafael Correa, que lo terminó viviendo en carne propia.
Primera etapa: quitarle a la gente la esperanza, crear malestar en el estado de opinión pública. Todo está mal y no tiene solución.
Segundo, decía Correa, deslegitimar. "Gobierno ilegítimo", "usurpadores", "gobierno acabado", ¿os suena de algo? Miles de editoriales, declaraciones públicas con mentiras, falsas investigaciones, calumnias disfrazadas de opinión, etc.
Convertir al adversario político en un criminal que permita pasar al uso de lawfare o guerra judicial. Jueces corruptos que encarcelan a presidentes a cambio de ascensos, como en el caso de Brasil. Jueces puestos por decreto que inhabilitan a adversarios políticos, como en el caso de Argentina. O jueces con mandatos caducados que votan contra su propia recusación, como en el caso de España de hoy.
Calentamiento en las calles. "Combatir el comunismo" por la libertad. Todo esto, en conjunto, lleva finalmente a la fractura institucional. Así se define la agenda, se moldea la opinión pública y se consuma el golpe suave. Todos respiran aliviados, porque a los "inútiles y corruptos" esos hace tiempo que había que echarlos.
Y si bien en Latinoamérica a esto se ha recurrido en numerosas ocasiones, en varios países y a lo largo de más de una década, con lo cual las técnicas han ido perfeccionándose, la cantidad de similitudes que vemos ahora en España con todo aquello, es alarmante.
Y es en esto en lo que consiste la 'venezuelización' o la 'latinoamericanización' de España. O más concretamente, de la derecha en España. El juego democrático que se acepta sólo cuando la gente "vota bien". Si se le ocurre "votar mal", todo vale para corregir el resultado del voto.
Se denunciará hasta la saciedad la dictadura, se prostituirán las palabras "libertad" y "comunismo", se usurpará el poder judicial y mediático, si hace falta. Y se volverá todo aún más peligroso si de otro lado solo queda equidistancia de intelectuales, cuando no reclamos a la izquierda de tener un poquito de 'autocrítica'.
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