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Primarias PSOE Los viejos jóvenes toman el PSOE

Se concentraban en Ferraz unas 400 personas, según fuentes policiales, que también desvelaban que no esperaban mucha gente. A medida que avanzaba la noche, más gente joven. Se intentó otra vez La Internacional, pero ya no se la sabían.

Simpatizantes de Pedro Sánchez celebran los primeros resultados ante la sede del PSOE en la calle Ferraz. /EFE

Aníbal Malvar

Se concentraban en Ferraz unas 400 personas, según fuentes policiales. Que también desvelan que no esperan mucha gente más.

--¿Habíais escuchado alguna vez cantar La Internacional delante de la sede de Ferraz?

--Nunca. Solo en Rodiezmo cuando iba Alfonso Guerra.

No había demasiada gente ante la sede de Ferraz cuando se anunció la victoria de Pedro Sánchez en las primarias socialistas. La final cruzada de la liga de fútbol es muy difícil competencia. Eran las 21.40 cuando Susana Díaz reconoció su derrota y entonces sonaron las notas de la olvidada tonadilla revolucionaria de Pièrre Degeyter. Una mujer madura intentaba colarse entre los periodistas con el teléfono en alto.

--¿Lo estás escuchando, estás escuchando La Internacional? --le gritaba al móvil.

--Disculpe, ¿me podría decir a quién está llamando?

--A mi madre.

--Está usted llorando...

--Sí, y mi madre también.

El voto mayor, por lo visto ayer, es el que ha apadrinado esta 'joven', esta arriesgada revolución desde la base que ha tumbado al 'aparato' de Susana y al tradicionalismo sosegado de Patxi López. Los dos fueron recibidos la tarde del domingo, antes de conocerse los resultados, al grito de traidores. Y también Eduardo Madina, que se volvió hacia las decenas de pedristas que lo increpaban y, orgulloso y fuerte, sonrió hacia ellos y les levantó el puño derecho con un gesto a la vez conciliador y retador. Es difícil acojonar a ciertos tíos.

La policía no clausuró la calle hasta bien pasadas las diez, cuando la liga estaba decidida y la Cibeles se preparaba para recibir a medio Madrid. Nada que ver con aquella noche de primavera de 2004 en que una multitud hacía imposible respirar porque todo el aire se consumía en el grito multitudinario de 'no nos falles' dirigido a José Luis Rodríguez Zapatero. Que les falló. Y reformó el artículo 135 de la Constitución con el voto favorable del ciudadano Sánchez: destinatario de La Internacional de este domingo. Y cuán largo el olvido, escribió Neruda. En el amor es triste. En política puede ser peligroso.

Los periodistas que se aburrían horas antes viendo atardecer ante la sede socialista a la espera de los candidatos no hacían conjeturas sobre el resultado. Y eso es cosa rara. Es esta una profesión de listos, siempre nos armamos de sesudas predicciones por si alguien se sienta a escucharnos a cambio de invitarnos a una copa. Esta vez nos hicieron un simpa. Estaba claro que nadie esperaba nada de nosotros. Con razón.

Otra mujer mayor, otra revolucionaria de la tercera edad, también estaba llorando.

--Yo soy de Pedro y lo que quiero ante todo es un partido unido y limpio.

--¿Y cree eso posible, Carmen?

--No, pero tiene que serlo. Mira cómo está la gente. Si hasta he visto a algún periodista llorar...

---Sería de El País...

--Ay, qué risa, gallego. Qué cosas tienes --dice con toda Andalucía metida en la boca--. Yo soy de Sevilla, ¿sabes?

Un hombre de músculo poderoso, canosa barba castrista y gorra de béisbol colorada se interpone a gritos y abrazos.

--¿Qué esperaba el Ibex, que iba a doblar al Partido Socialista? ¡En pie, famélica legión!

--Oiga, no me abrace usted tanto, que yo soy de la prensa.

A medida que avanzaba la noche, más gente joven. Pero la que menos gritaba. Se intentó otra vez La Internacional, pero ya no se la sabían.

Las poco más de doscientas personas que esperaron a las 23.25 horas la salida al balcón del ganador, abuchearon con furia el agradecimiento de Pedro a Susana y Patxi. Sin apellidos. Como dijo una vez un malvado, todos los de esta gran familia hablan mal de todos, y todos llevan razón. La Internacional, fuerte y muy bien conjuntada, demasiado bien conjuntada por unos cuantos compromisarios sanchistas, volvió a sonar al final. Patxi y Susana no salieron al balcón. Ni la tuna se había acercado para cantarles nada.