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Voto electrónico ¿Por qué el voto electrónico todavía no sustituye al voto por correo y rogado?

La posibilidad de votar electrónicamente es una realidad desde hace años que, sin embargo, no se ha puesto en práctica en España. Han sido varios los intentos, pero nunca han fructificado a pesar de los beneficios que traería consigo.

Código binario. Foto de Archivo.

Hace 11 años que el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero propuso llevarlo a la práctica para la comunidad migrante dadas las dificultades que representa el voto rogado. Una situación que se ha agravado aún más, porque si en las elecciones de 2008 el censo fuera de España era de apenas 1,2 millones de personas, en las elecciones de 2016 los españoles registrados con derecho a voto en el extranjero rozaba los dos millones y únicamente pudo votar el 6,3% de ellos.

Este fracaso del voto rogado desembocó en duras críticas en las anteriores elecciones por parte de la Unión Europea y a una nueva propuesta de la Junta Electoral Central para aplicarlo al voto de las personas españolas residentes en el extranjero. Tampoco cuajó entonces la propuesta y, de cara la cita electoral del próximo domingo, ni siquiera se ha contemplado.

España no sigue la estela de otros países europeos, como Suiza, Estonia o Noruega. Para Borja Adsuara, abogado y profesor de Derecho Digital y ex director de Red.es (2012-2013), la barrera al voto telemático se resume en "un problema de confianza y de cultura digital".

Adsuara, que no ve en la necesaria modificación de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) ningún obstáculo, desde la óptica tecnológica considera que, "la seguridad y la privacidad están razonablemente garantizados", aunque asume en esta vida todo es ‘hackeable’".

¿Es seguro el método actual?

En España, hablar de voto telemático lleva irremediablemente a Scytl, la empresa surgida en 2001 de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y que, entre sus hitos, destaca haberse encargado de las elecciones electrónicas en países como Noruega o Suiza y ser la primera compañía certificada en EEUU para proveer el voto por Internet.

En sus filas cuenta con Jordi Puiggalí, que ha dirigido el departamento de Investigación y Desarrollo de Scytl desde que se constituyó la empresa. Desde el punto de vista tecnológico, este experto en encriptación es un firme convencido de que si únicamente nos fijamos en el canal, el sistema actual es inseguro. Para ilustrarlo, por ejemplo, recuerda el caso de Canadá en 2011, cuando unos ciberdelincuentes consiguieron acceder a las direcciones de correo electrónico de militantes de ciertos partidos y les remitieron direcciones incorrectas de lugar de votación para que así no pudieran ejercer su derecho.

En esta misma línea, el actual envío telemático del escrutinio –que se realiza desde los diferentes colegios electorales a la sede central– podría quedar comprometido, pero esa cuestión no parece estar encima de la mesa. La compañía Indra, encargada del escrutinio provisional por cerca de 7,5 millones de euros, rehusó hacer declaraciones a Público sobre el voto telemático, alegando que "las razones por las que las elecciones se hacen por un determinado sistema no son decisión de Indra. Nosotros somos simplemente proveedores de servicios en el proceso de recopilación y difusión de los resultados provisionales de las elecciones generales". Desde la tecnológica, señalaron que "es una decisión de nuestro cliente, quien convoca las elecciones (Ministerio del Interior), que es quien decide cuales son las condiciones de las elecciones y las publica en el pliego correspondiente".

Del mismo modo, el Ministerio del Interior también rechazó arrojar luz sobre este asunto, indicando que "los responsables que se ocupan de esto están todos volcados en la organización de las elecciones".

Medidas de seguridad

A pesar de las voces contrarias a la implantación del voto electrónico, Scytl lleva años predicando sus bonanzas, asegurando que traería ahorros de entre un 30% y un 40%. Entre los beneficiarios directos, además de la comunidad emigrante, también se encontrarían todas aquellas personas con diversidad funcional o con problemas de movilidad reducida, entre otras.

Puiggalí explica que "lo que hace una elección segura son las medidas de seguridad que se implanten" y, en ese sentido, el experto sitúa a los protocolos de encriptación en el epicentro de la cuestión. Según Puiggalí, estos protocolos tienen por objetivo "garantizar la privacidad y la protección de la integridad de los votos, así como permitir la auditoría de las elecciones".

Este último aspecto incorporado en los últimos años y que, gracias a los procesos matemáticos que entran en juego, permite una auditoría, incluso, más segura que en el voto por correo tradicional, donde el elector pierde control sobre su voto. Los procesos matemáticos incorporados permiten la participación de observadores independientes que den fe de que se evitan fraudes y manipulación de las elecciones.

Por otro lado y ante el avance de la tecnología blockchain, Puiggalí se muestra muy cauto a la hora de emplearla en sistemas de voto electrónico, tal y como explica en algunas de sus publicaciones, puesto que además de quedar almacenadas para siempre –quién dice que en un futuro con ordenadores cuánticos sea posible romper su blindaje-, podría comprometer el principio de sufragio secreto.

Falta de información

A pesar de las garantías criptográficas del voto telemático y aún con los aspectos tecnológicos razonablemente cubiertos, Adsuara sugiere que, los votantes lo desconocen, prestándose a ser víctimas sobre fake news interesadas. Dos son los frentes que se presentan a ello: por un lado, la posibilidad de que se modifiquen los datos electrónicos o, incluso, de que sin hacerlo, sí se acceda al proceso para identificar qué ha votado determinada persona.

Por otro lado, este consultor de estrategia digital apunta también a la integridad del voto: "¿Realmente estamos seguros de que quién utiliza ese DNI electrónico para votar es su propietario legítimo?", cuestiona. Y es que, según admite, "en el pasado yo mismo he presenciado cómo una secretaria tenía encima de la mesa una montaña de firmas digitales de directivos que no sabían usarlas y firmaba documentos con ellas".

Así las cosas, Adsuara no se muestra demasiado optimista en la implantación del voto electrónico, sugiriendo que de llegar, "veríamos como el partido que perdiera comenzaría a cuestionar la fiabilidad del voto telemático con fake news, favoreciendo de nuevo la desconfianza".