¿Qué es el 'brainrot' y cómo afecta realmente a tu capacidad de atención?
Aunque sea una palabra que se utiliza habitualmente con cierto cinismo, el 'brainrot' esconde un problema muy real.

Zaragoza-
Cada generación tiene sus propios códigos y contextos; y no hay duda que los zillenials están profundamente marcados por TikTok. La plataforma de vídeos cortos no apela únicamente a los más jóvenes, aunque sin duda son los que mejor se han adaptado a ella. Hasta el punto de que han logrado crear un lenguaje nuevo que aplica dentro de la app, pero también fuera de ella. Uno de esos conceptos de nueva creación que han acuñado para expresar su realidad dual es el brainrot, que incluso fue elegida palabra del año 2024 por el diccionario Oxford.
Sobre el efecto de los vídeos cortos y los virales mucho se ha escrito en los últimos años. Es habitual hablar de un déficit de atención generalizado en la sociedad, de la necesidad de estímulos constantes que poseen algunas personas o de la poca tolerancia al aburrimiento que existe entre la "chavalada". Este es el marco en el que se desarrolla el brainrot, o mejor dicho, el estado de las cosas satirizado en un humor ácido muy propio del zeitgeist.
Qué significa 'brainrot'
Brainrot es un término nacido en Internet y que literalmente significa podredumbre cerebral. No obstante, hace referencia a un concepto mucho más concreto. Concretamente, el diccionario Oxford lo definió como: “el supuesto deterioro del estado mental o intelectual de una persona, especialmente visto como resultado del consumo excesivo de contenido online considerado trivial o poco desafiante”. O visto de otra manera, es una obsesión intensa y casi compulsiva que se instala en el cerebro por un sonido, un meme o una frase.
Nótese que la definición de Oxford utiliza el atenuador “supuesto” pues estamos hablando en todo momento de slang de Internet. Es decir, de un término paródico y no de un concepto clínico. El brainrot, tal y cómo está concebido, es una sensación que puede ser común en algunos usuarios después de una sesión de scroll infinito, pero sobre todo es un sarcasmo respecto a la preponderancia que las redes sociales poseen en el entretenimiento actual. Aun así cabe preguntarse, ¿tiene alguna base?
¿Qué dice la ciencia sobre el 'brainrot'?
Lo cierto es que el brainrot sí posee una base científica, en el sentido de que la exposición prolongada a las redes sociales, y más concretamente a los vídeos cortos y repetitivos, sí tiene efectos concretos sobre el organismo.
Concretamente, un estudio de la American Psychological Association trató de ponderar los efectos que poseen los vídeos cortos, ya sean de TikTok, reels de Instagram u otros contenidos análogos, en la salud mental y las capacidades cognitivas de los usuarios. Para ello analizaron los datos de 98.299 participantes en 71 estudios diferentes, dando pie a una conclusión principal: cuanto mayor es el consumo de contenido de formato corto, peor es el rendimiento cognitivo en atención y control de las inhibiciones de una persona.
Concretamente, la investigación afirma que “la exposición repetida a contenido muy estimulante y de ritmo rápido puede contribuir a la habituación, en la que los usuarios se vuelven menos sensibles a tareas cognitivas más lentas y que requieren mayor esfuerzo; como la lectura, la resolución de problemas o el aprendizaje profundo”. Además, también apunta que puede desembocar en situaciones de “aislamiento social, una menor satisfacción vital e incluso problemas de autopercepción o satisfacción corporal”. Así que sí, de alguna forma el brainrot existe, aunque no esté codificado como un trastorno clínico.
Efectos similares a los del alcoholismo
Para comprender mejor estas consecuencias es importante conocer cómo funciona el cerebro humano, y en especial el sistema de recompensa que motiva la repetición de conductas vitales. A este respecto, una investigación llevada a cabo por la Universidad Tianjin Normal de China analizó cómo la exposición prolongada a vídeos cortos, como los de TikTok, puede generar patrones cerebrales similares a los observados en conductas adictivas como el alcoholismo o el juego.
Esto se debe al papel que juega la dopamina en nuestro sistema, conocida popularmente como la hormona del placer por ser liberada ante experiencias satisfactorias como lo pueden ser el sexo, la comida o conseguir un logro personal. Los vídeos cortos están diseñados para ofrecer recompensas rápidas y frecuentes a los usuarios. Algo que genera una reacción positiva en el organismo, haciendo que el cerebro segregue una dopamina que ejerce de pegamento a la pantalla.
Claro que esto tiene una contraparte. Con la exposición prolongada y constante a estos formatos, el llamado doomscrolling, la sensibilidad del cerebro a la dopamina puede disminuir, haciendo que sea más difícil experimentar placer con estímulos habituales como la lectura, una conversación con amigos o viendo una película. Este patrón de respuesta cerebral, es decir la búsqueda de gratificación inmediata que conlleva una menor sensibilidad a recompensas normales, se observa también en personas con adicciones al juego o al alcohol.

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