Cómo empezar a meditar paso a paso
La meditación es tanto un hábito como una habilidad, lo que implica que necesita de un proceso de aprendizaje previo a recoger sus frutos.
Zaragoza-
La meditación es una técnica que posee resultados positivos ampliamente demostrados por la ciencia. Está probado que ayuda a mejorar la salud mental, principalmente para tratar patologías como la depresión, la ansiedad y el estrés, lo que a su vez repercute positivamente en otras afecciones relacionadas con la salud cardiovascular o el trastorno del sueño. Se trata, además, de una práctica muy barata de realizar. En esencia, lo único necesario es algo de tiempo libre y, a poder ser, un habitáculo en el que poder aislarse, aunque sea temporalmente, del mundanal ruido.
Claro que si todos son pros y apenas tiene contras, entonces, ¿por qué no medita todo el mundo? Lo más probable es que la mayoría de gente no sean conscientes de los beneficios que esta práctica posee, o que incluso les genere cierto rechazo por su asociación tradicional al campo de la espiritualidad. Sin embargo, no es menos cierto que hay un segmento de la población que si bien ha podido acercarse con curiosidad, termina desistiendo por varios motivos. El principal de ellos se puede resumir en que, aunque meditar pueda parecer algo sencillo, en realidad no lo es.
Cómo empezar a meditar
Lo primero que es necesario tener en cuenta es que meditar es un hábito. Es decir, se trata de una costumbre que se debe generar por medio de la repetición. O dicho de otro modo, exige ser constante. Además, meditar es una habilidad. Es decir, para poder meditar primero hay que aprender a hacerlo y, no solo eso, practicar para poder ir mejorando poco a poco. Asimilar estas dos cualidades es imprescindible antes de iniciarse en la práctica. Pues, en otras palabras, es necesario tiempo y paciencia para ver los primeros resultados.
Es más, si entendemos la meditación como una habilidad y un hábito, tendremos claro que la introducción debe realizarse poco a poco. También que nos enfrentamos a una curva de aprendizaje que no para todo el mundo es igual. La clave, por tanto, es no desfallecer ni rendirse a las primeras de cambio. Los inicios en la meditación pueden ser frustrantes, pero es el peaje a pagar por disfrutar de sus beneficios.
Paso cero: las condiciones que nos rodean
Antes de comenzar a meditar, es importante disponer de un lugar en el que meditar. ¿Se puede meditar en cualquier sitio? Bueno, cuando se domina la práctica seguramente sí. Sin embargo, si nos vamos a iniciar, condiciones como un entorno tranquilo y calmado o el llevar una ropa cómoda pueden evitarnos distracciones innecesarias. Porque aquí la clave es la concentración, como ahora veremos.
La postura, además, también es importante. No existe una postura única para meditar, aunque nuevamente debe ser cómoda para evitar distracciones. Además, a ser posible, se debe tener la espalda recta y tanto hombros como brazos deben estar relajados, pues la respiración es la otra pata de la meditación. Da igual si es sentado o tumbado; sobre una silla o en el suelo.
Paso uno: comienza con sesiones cortas
La meditación es una técnica fundamentada en el control de la respiración (aunque existen otras técnicas como concentrarse en un sonido o la repetición de un mantra) cuyo objetivo final consiste en alcanzar un estado de relajación mental y física completa. Así dicho es sencillo, pero hacerlo ya resulta más complejo. Al fin y al cabo vivimos en un mundo de estímulos constantes y aquí se busca a ir completamente a contracorriente.
Para evitar frustraciones, lo ideal es comenzar con sesiones cortas, de cinco a diez minutos. ¿Significa eso que vamos a meditar durante ese tiempo concreto? No. Probablemente, al inicio, esos cinco o diez minutos se sientan eternos y, en ningún momento seamos capaces de abstraernos del hecho de que estamos intentando meditar. Es aquí donde mucha gente lo deja, de hecho. Por ello no hay que frustrarse si al principio no se consigue acallar esas voces internas que nos sugieren dejarlo.
Además, con el objetivo de crear el hábito del que hablábamos previamente, es de gran ayuda establecer un horario determinado para la meditación. Se trata de acostumbrar al cuerpo de que, llegado un momento determinado, como por ejemplo al terminar de trabajar, es la hora de la meditación.
Paso dos: no luches contra tu mente
Si los primeros intentos son un fracaso, no pasa nada. Uno de los errores más comunes suele ser intentar luchar contra nuestros pensamientos, buscando forzar dejar la mente en blanco de manera consciente. Lo recomendable es justamente lo contrario: permitir que la mente fluya y aprender a observar nuestras ideas discurrir pero sin anquilosarse a ellas.
De hecho, esa es la clave de la meditación. Aceptar nuestros pensamientos, emociones y sensaciones corporales, sin intentar eliminarlos, modificarlos o juzgarnos por ello. En el momento en el que la distracción sea muy poderosa, el método de regresar al estado meditativo es enfocándose nuevamente en la respiración.
Paso tres: aumenta la frecuencia progresivamente
Una vez dominada la técnica, ya solo es cuestión de ir aumentando el tiempo diario de meditación. Sin prisa pero sin pausa. El objetivo es ir incrementando gradualmente hasta llegar hasta los 20 o 25 minutos diarios. ¡Ah!, y si un día no puedes cumplir con tu cuota, no pasa nada. Acéptalo y sigue hacia adelante. De hecho, esa es la clave de todo: aceptarnos a nosotros mismos sin presiones ni exigencias externas.
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