¿Es verdad que en verano hay más rupturas amorosas?
El verano se ha ganado la fama de ser la época en el que las relaciones se terminan pero, ¿es esto cierto?

Zaragoza-
El verano no es tan idílico como solemos creer. Todos recordamos aquellas vacaciones escolares interminables, el cambio en la rutina, la sensación de libertad… Sin embargo, cuando llega la vida adulta aquella pátina de película Èric Rhomer desaparece y, como suele suceder, la realidad es mucho más compleja y poliédrica. Aunque la literatura tiende a inmortalizar los llamados amores de verano, aquellos tan intensos como efímeros, lo cierto es que los meses estivales son el escenario habitual de una realidad muy diferente. Al menos, eso dicen las estadísticas.
¿Es verdad que en verano hay más rupturas amorosas?
Según datos del Consejo General de Poder Judicial (CGPJ) sobre demandas de nulidad, separación y divorcio, el tercer trimestre del año, que abarca los meses de julio, agosto y septiembre, es el periodo en los que más disoluciones matrimoniales se registran en España. Esto ocurre justo durante y después de las vacaciones de verano, lo que ha contribuido a que el estío consolide su fama de ser la época en la que se termina el amor.
Las causas atribuidas son muchas y variadas. Por norma general, se cree que las vacaciones juegan un papel crucial en este desenlace. El verano es el momento en el que una pareja con problemas pasa a convivir las 24 horas juntos, sin las distracciones del trabajo o del día a día haciendo de mediador. Por ello, es el momento en el que el conflicto emerge a la superficie para tomar un papel central. También es el momento del año en el que hay más tiempo para hablar las cosas, para tomar la decisión de poner punto y final a la relación o, incluso, para materializar un divorcio que ya se había consensuado previamente.
No en vano, las rupturas amorosas raramente suceden de un día para otro. Se trata de un proceso que si bien en algunos casos termina una fecha concreta, la mayoría se fragua durante un tiempo prolongado.
El mito de la primavera como época para romper
El dato de los divorcios es relevante, aunque desde luego el matrimonio no es el único tipo de relación sentimental que existe. De hecho, se trata de una institución en claro declive. Por ello, cabe preguntarse si el resto de historias románticas también siguen el mismo curso. Ahí emerge otro dato que cambia ligeramente el relato: la primavera como detonante de rupturas románticas. Un relato que nace a partir de la publicación un estudio de 2008, el cual analizó los cambios de estado de 10.000 usuarios de Facebook. La investigación, llevada a cabo por David McCandless y Lee Byron, descubrió que existían dos picos claros de rupturas: uno en primavera (concretamente entre los meses de febrero y marzo) y otro en invierno, previo a la Navidad.
A partir de ahí, muchos fueron los artículos que comenzaron a hablar de la primavera como catalizador de las separaciones románticas. Sin embargo, cabe matizar que no se trata de un estudio científico per se, sino de una explotación puntual de datos de una única plataforma, con una muestra limitada a usuarios de Facebook y, además, realizada hace casi dos décadas. Por ello, es importante cogerlo con pinzas.
No obstante, sociológicamente, la idea de romper en primavera sí que coincide con la lógica social que dibuja a la primavera como una época de nuevos comienzos. En la naturaleza, es la estación en el que la vegetación comienza su ciclo vital; algo que en cierto modo también replicamos nosotros. El buen tiempo y las mayores horas de luz son vistas como un momento de renovación: más vida social, viajes, fiestas… De ahí que se pueda ver como el momento idóneo para terminar con lo antiguo para dar paso a un nuevo capítulo. De hecho, en los últimos años incluso se ha popularizado el término uncuffing season (la temporada de quitarse las esposas), el cual busca dar nombre al hábito de algunas personas de quedarse libres cuando llega el buen tiempo.
Aún así, es importante matizar que se trata de tendencias sociales observadas, que no evidencias científicas probadas. La realidad es mucho más prosaica y, si las relaciones establecidas terminan en verano, es debido a problemas que llevan arrastrándose durante mucho tiempo. Por su parte, si aquellas menos establecidas acaban cuando llega el buen tiempo es probablemente a causa de una realidad incómoda: no había compromiso ni proyecto suficiente como para justificar seguir juntos cuando la vida vuelve a acelerarse de nuevo.


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