Cuando abrir paquetes sin parar deja de ser mágico: el síndrome del niño 'hiperregalado'
Más del 83% de las familias españolas entrega cinco regalos o más por hijo en Navidad y el 21,4% incluso supera los diez. Este exceso de juguetes deja huella en el desarrollo emocional de los menores.
La publicidad y los catálogos despiertan el deseo de los niños y los padres ceden a sus peticiones porque sienten la necesidad de hacer felices a sus hijos, según los expertos.

Madrid-
"¡Ya ha llegado Papá Noel!". Nerea, de cinco años, se despertó ilusionada el pasado 25 de diciembre. Bajo el árbol de Navidad, los regalos brillaban amontonados, más de los que podría imaginar. La niña gritó de emoción mientras corría a abrir los primeros paquetes: primero la muñeca que pidió en su carta, luego la consola que tanto quería, un patinete, un robot interactivo…
En su casa, han dejado seis regalos, pero más tarde vendrían los de los abuelos, primos, padrinos… Nerea comenzó a jugar con la muñeca, pero pronto cambió de interés, pasando a la consola y después al robot. Ya está centrada por completo en los otros diez regalos que pedirá a los Reyes Magos.
La escena se repitió en miles de hogares españoles donde cada juguete despierta ilusión en los niños, pero también diluye el del anterior. Al final, cuando abren todos los regalos, no saben muy bien qué hacer con todos ellos. Este fenómeno tiene nombre: el síndrome del niño hiperregalado, aquel que recibe más de lo que necesita y más de lo que sus emociones pueden aceptar. Francesc Núñez Mosteo, sociólogo que popularizó este término, explica a Público que a los menores "les cuesta digerir toda esa cantidad de estímulos, se saturan y una vez que tienen el juguete, ya no lo disfrutan. La felicidad es inmediata, pero de corta duración porque abrir el primer o segundo regalo produce ilusión, pero abrir el décimo, ya no tanto. Disminuye la sorpresa y la satisfacción", apunta.
Detrás de este comportamiento hay mucho más que capricho infantil. La exposición constante a anuncios, catálogos y conversaciones con otros niños genera "un deseo casi continuo". Los más pequeños quieren todo lo que ven, "sin medir cantidad, calidad ni tiempo", pero el experto insiste en que "el problema no está en los niños, sino en la estructura familiar y social que les rodea".
Una encuesta sobre hábitos de consumo navideños de Sapos y Princesas señala que más del 83% de las familias españolas entrega cinco regalos o más por hijo y el 21,4% incluso supera los diez regalos por niño en Navidad o Reyes, lo que alimenta la saturación y la falta de valoración posterior. Además, el mismo estudio indica que el 35% de las familias admite que la mayoría de los juguetes no se usan a lo largo del año.
Publicidad y búsqueda de felicidad
El sociólogo asegura que la publicidad es la principal culpable de este sobreconsumo ya que provoca que se despierte la ilusión incluso antes de recibir el regalo. "Cuando los niños ven un juguete en un anuncio, ya empiezan a sentir la satisfacción de tenerlo antes de que lo reciban", explica. Este fenómeno también atrapa a los adultos. Los padres imaginan lo felices que podrían ser sus hijos con algún juguete y sienten la necesidad de responder a esos deseos. "Consideran que cuanto más puedan satisfacer a tu hijo, mejor, y se esfuerzan por hacerlo, incluso cuando la ilusión es ficticia o generada por el contexto", apunta Núñez. A la ecuación se suman abuelos, tíos y otros familiares, lo que hace que la espiral pueda salirse de control.
Los padres imaginan lo felices que podrían ser sus hijos y sienten la necesidad de regalar
Este empeño por cumplir las expectativas de los pequeños supone en algunas familias un gran esfuerzo. Los regalos de Reyes siguen siendo, un año más, el principal desembolso navideño. Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), cada persona destina de media 192 euros a este día, superando los 178 euros que se gastan en los regalos de Papá Noel.
Mientras tanto, millones de niños y niñas en España no podrán recibir regalos. El país tiene la tasa de pobreza infantil más alta de la Unión Europea, con alrededor del 29% de menores viviendo por debajo del umbral de pobreza y aproximadamente un 35% en riesgo de pobreza o exclusión social, según el último informe de UNICEF España. Para estas familias, los gastos básicos como vivienda, comida o calefacción ya son un desafío, y la compra de regalos se convierte en una presión adicional en la mayoría de ocasiones imposible de cubrir. El fenómeno de los niños hiperregalados no hace más que acentuar la desigualdad, haciendo aún más evidente la brecha entre quienes tienen demasiado y quienes no tienen lo básico.
Egoísmo, vacío emocional o menor imaginación
La desigualdad no es la única consecuencia. Los expertos advierten de que este exceso de juguetes deja huella en el desarrollo emocional de los menores. El Instituto Europeo de Psicología Positiva señala que recibir regalos en exceso puede traducirse en sensación de vacío emocional, escasa gratitud, tendencia al egoísmo, menor tolerancia a la frustración, una imaginación más limitada y un pensamiento marcado por el materialismo y el consumismo.
La psicóloga María Ángeles Mairena explica en una publicación de la Escola de Salut Sant Joan de Déu que este exceso de regalos también "dificulta el desarrollo de una adecuada tolerancia a la frustración, ya que están acostumbrados a tener siempre lo que quieren y no se les da la oportunidad de aprender que a veces no pueden tener algo". Además, según una investigación publicada en la revista científica Infant Behavior and Development, tener menos juguetes favorece a que los menores sean más creativos, con mayor autorregulación y compromiso emocional.
Para evitar la saturación y fomentar una relación más saludable con los juguetes, algunos psicólogos y educadores recomiendan aplicar la llamada "regla de los cuatro regalos". La idea es limitar los obsequios a cuatro a partir de los cuatro años -antes recomiendan solo dos- y combinarlos de manera equilibrada: un regalo que haga especial ilusión; otro que pueda usar, como ropa o accesorios; uno de carácter educativo que estimule el aprendizaje o la creatividad; y un cuarto que cubra una necesidad real, ya sea material escolar, algo para su habitación o para sus actividades diarias.
Por su parte, Núñez asegura que no es justo culpar solo a los padres por el síndrome del niño hiperregalado. Para él, sería necesario regular los anuncios y las malas prácticas de marketing y, mientras tanto, los adultos deberían acompañar a los niños frente al televisor para ayudarles a filtrar la información que reciben. "Es importante estar allí y hacer ese filtro; según la edad, hay niños que tienen capacidad de raciocinio y pueden aprender a relativizar las cosas si se la explicamos", concluye.

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