Por qué hay que seguir recordando que un animal no es regalo de Reyes
Aunque parezca mentira, los Reyes Magos todavía siguen trayendo animales y mascotas a los niños.

Zaragoza-
Los animales son seres vivientes y sintientes, por lo que no se pueden tratar como meros objetos. Un hecho respaldado por la ley y que quizá creemos asumido de manera mayoritaria, pero que en realidad no lo está tanto. De vez en cuando, la actualidad nos recuerda que todavía quedan muchas personas que no distinguen a un cachorro de un juguete, un complemento de moda o simple decoración doméstica.
El último caso ha hecho mucho ruido en redes. Kim Kardashian, quizá la influencer más importante del mundo, tuvo la idea de regalar un perrito a cada uno de sus cuatro hijos por Navidad. En concreto, cuatro cachorros de pomerania que, según denunciaron desde PETA, compró y no adoptó. Los cuatro perritos se suman al cachorro de labrador negro que también adquirió su hermana Khloe estas Navidades.
Regalar un animal es el primer paso para su abandono
El mero hecho de utilizar un ser vivo como regalo ya implica el verlo como un objeto, como una propiedad traspasable. Bajo esa lógica, también son algo que se puede devolver si no nos convence, o si cambiamos de parecer. Es por ello que, en los meses que siguen al periodo navideño, el abandono de mascotas tiende a aumentar. Así lo reflejó la Fundación Affinity en su informe Él nunca lo haría de 2022, en cual recogía que un 69% de las entidades de protección animal relacionaba los abandonos que se producen a principio de año con los regalos de perros y gatos durante las fiestas navideñas.
Si bien en la última edición de 2025 el documento no ofrece datos al respecto, sí señala que la pérdida de interés en el animal es la segunda causa de abandono más frecuente, con un 14% de los casos. Es decir, son familias que se cansan del animal, sin que exista ningún motivo adicional para cerrarles las puertas de su casa. Solo las camadas no planeadas superan como motivo de abandono a aquellas personas que, simplemente, ya no quieren tener a su compañero de piso junto a ellos. Nuevamente, la percepción de un ser vivo como algo de lo que te puedes deshacer..
Cabe remarcar que estamos hablando de personas que deciden abandonar a su mascota sin razón objetiva alguna. Es decir, no se trata de animales que presenten un mal comportamiento (un 10% de los abandonos), o familias con problemas económicos (un 7%), ni siquiera se trata de que los dueños vayan a mudarse y no puedan hacerse cargo del animal (el 12%).
Adoptar un animal requiere planificación
Dejar de lado a un animal simplemente porque te has cansado de su presencia responde a un mecanismo mental de una persona caprichosa. El mismo razonamiento impulsivo que también operan en varios de los regalos que se realizan en Navidad. Son lógicas perniciosas que pueden exculparse en los niños, pues todavía no poseen las herramientas o la experiencia necesarias para pensar en el medio y el largo plazo. Por ello, son los adultos los que deben tener en cuenta todo lo que implica adoptar a un animal.
Desde el dinero que supone mantener anualmente a un perro (o a un gato) hasta cuestiones inherentes a su cuidado, como la responsabilidad que tenemos sobre su alimentación o de cubrir todas sus necesidades fisiológicas y afectivas. Así, antes de poner encima de la mesa el abrir nuestras puertas a un compañero de piso peludo, todo ello debe ser valorado con mesura y tranquilidad. Precisamente, dos cualidades que nada tienen que ver con la inmediatez que en ocasiones exigen los regalos navideños.
Es a la vuelta de vacaciones cuando se refleja la realidad de tener un animal en casa. En el momento en el que se acaba el tiempo libre y debemos convivir con él, al mismo tiempo que atendemos todas las obligaciones contraídas durante nuestro día a día. Entonces se comprueba si disponemos de la capacidad, tanto económica como de tiempo libre, de alimentarle, sacarle de paseo si lo requiere, jugar con él, etc. Además de testar sin red de seguridad si de verdad estamos dispuestos a compartir nuestro espacio y hogar con él; como por ejemplo tolerar los más que posibles destrozos y trastadas que perpetre en sus primeros años de vida. En este choque con la realidad que supone el convivir con un animal se producen la mayor parte de abandonos, los cuales se podrían haber evitado.
El impacto del abandono sobre el animal
Cuando hablamos del abandono de un animal, en ocasiones se pasa por alto el impacto que este tiene en él. Un estudio publicado por la revista Scientific Reports, en el que se analizó a más de 4.500 perros, determinó que aquellos canes que sufrieron adversidades tempranas, entre las que se incluyen el abandono a una pronta edad o una falta de socialización adecuada (con otros perros pero también con humanos), desarrollaron más miedo y conductas agresivas en la etapa adulta.
No solo eso, sino que la literatura científica da por probado que el reingreso de un animal en un centro de adopción eleva notablemente sus niveles de estrés. Por ejemplo, un artículo publicado en Physology & Behaviour determinó que el ingreso en una protectora para perros provoca un pico en cortisol seguido de una adaptación lenta, por lo que se deduce que el cambio de entorno genera estrés fisiológico en el animal.
Todo ello sin contar que las protectoras de animales en España se encuentran desbordadas. Según el informe Él nunca lo haría 2025, en 2024 los refugios españoles acogieron más de 173.000 perros y más de 118.000 gatos, la cifra más alta de los últimos 5 años. Lo que a su vez redunda en la idea principal del artículo, y es que el abandono animal es un problema estructural de nuestra sociedad. Uno que, entre otras cosas, se ve potenciado al la adopción como un la adquisición de un objeto más.

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