Cuando Barcelona ayudó a Sarajevo: el origen del proyecto Distrito 11 que ahora se solidariza con Palestina
Los artífices de esta pionera iniciativa de cooperación internacional fueron el exalcalde de Barcelona Pasqual Maragall y Manel Vila, actual presidente del Comité Asesor del Distrito 11, Ciudades de Palestina

Barcelona--Actualizado a
Es julio de 1992 y la euforia olímpica llena cada rincón de Barcelona. La ciudad, que hasta entonces había vivido de espaldas al mar, se presenta profundamente transformada para acoger un acontecimiento histórico. Y en la víspera de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, el alcalde del momento, Pasqual Maragall, recibe en el ayuntamiento a los alcaldes de otras ciudades olímpicas en una cena institucional. Entre los invitados se encuentra el alcalde de Sarajevo, Muhamed Kreševljaković, que había logrado huir de la ciudad asediada por las tropas serbias a través de un túnel subterráneo. Kreševljaković no desaprovecha la ocasión.
"Hizo un llamamiento para que las ciudades ayudaran a Sarajevo: precisamente un día antes las tropas serbias habían bombardeado el Ayuntamiento. A raíz de aquel discurso, se produjo un efecto solidario muy importante", explica en una llamada con Público Manel Vila, actual presidente del Comité Asesor del Distrito 11, Ciudades de Palestina y responsable de la ayuda humanitaria y gerente del Distrito 11 de Barcelona en Sarajevo entre 1992 y 1999. El Distrito 11, Ciudades de Palestina es la iniciativa del Gobierno municipal de Jaume Collboni que recupera el espíritu de Maragall y que pretende ofrecer en la actualidad apoyo económico y técnico a Ramala, Gaza y Belén para su reconstrucción.
La ciudad que había sido sede olímpica en 1984 se encontraba bajo un "asedio medieval", sin agua, luz, gas, teléfono e, incluso, "sin la posibilidad de enterrar a los muertos", ya que normalmente los cementerios se encuentran fuera de los municipios. El grito de ayuda de Kreševljaković impactó con fuerza en la sociedad catalana y Pasqual Maragall creó la campaña solidaria Sarajevo depende de ti. "De 1992 a 1995 fuimos construyendo un puente de solidaridad y enviando convoyes con ayuda humanitaria, pero los Acuerdos de Dayton marcaron un punto de inflexión", continúa la mano derecha del exalcalde socialista en este proyecto.
De la ayuda humanitaria a la anexión como distrito
Después de tres años de conflicto y veinte días de negociación, el 21 de noviembre de 1995 se firmó en la base aérea de Wright-Patterson, cerca de la ciudad de Dayton, en Estados Unidos, el acuerdo que pondría fin a la guerra de Bosnia. Para Vila, no era un acuerdo de paz, sino más bien un acuerdo de no guerra, para detener las acciones bélicas, "muy similar al que se ha firmado en Palestina". Ese mismo año, el alcalde Maragall visitó Sarajevo y concibió el proyecto Distrito 11. El asedio, sin embargo, todavía no había terminado. Las tropas serbias aislaron la ciudad hasta el 29 de febrero de 1996.
"A partir de los Acuerdos de Dayton, Barcelona llega a un compromiso con Sarajevo. Esta vez no se quería enviar solo ayuda humanitaria; se quería ayudar en la reconstrucción. Para hacerlo hacía falta un concurso público y seleccionar a las empresas adecuadas. Los tres primeros años de envío de ayuda humanitaria fueron fáciles porque había iniciativa política, pero con la reconstrucción las dificultades burocráticas eran muy superiores", recuerda Vila. Por este motivo, Maragall tuvo una idea pionera: dado que Sarajevo todavía no tenía reconocimiento internacional, Barcelona podía anexarla como un distrito más —la capital catalana tiene 10— y, a partir de ahí, "podía nombrar un gerente, un secretario, un interventor y un arquitecto, y montar la estructura municipal para facilitar la tramitación administrativa".
En un inicio, Barcelona quería ayudar en la reconstrucción del casco antiguo, pero en la primera reunión los representantes de Sarajevo pidieron que la zona escogida fuera la villa olímpica de Mojmilo, ya que la consideraban "el orgullo de la ciudad". El proyecto preveía rehabilitar un total de 1.487 apartamentos y, gracias a un acuerdo con el Comité Olímpico Internacional (COI), también se incluyó la recuperación de las instalaciones olímpicas. "Durante aquellos años rehabilitamos la Villa Olímpica con fondos de la Unión Europea y del Ayuntamiento de Barcelona, y las instalaciones con el apoyo del COI", detalla el exgerente.
Paralelamente a todo ello, el Consejo de Europa impulsó durante la posguerra un programa de Embajadas de la Democracia Local para fomentar la cooperación municipal, la reconstrucción y la promoción de la democracia tras los conflictos balcánicos. Barcelona participó en este programa y abrió una oficina en Sarajevo alrededor de 1996, que todavía funciona en la actualidad reconvertida en una fundación local.
¿Por qué fue innovador el Distrito 11?
El Distrito 11 marcó un antes y un después en el ámbito de la cooperación internacional porque tenía una gran singularidad: los acuerdos ciudad a ciudad. Hasta entonces, la solidaridad se hacía vía ONG, con el famoso compromiso del 0,7% del PIB. "La novedad es que se ponen de acuerdo dos estructuras municipales para trabajar conjuntamente. En los ayuntamientos hay un idioma universal: sabemos hablar de agua, de potabilización, de movilidad... mientras que, a menudo, las organizaciones humanitarias solo se preocupan por su sector, ya sea la lucha contra la desigualdad de género, la defensa de la infancia o la medicina. Es fantástico, pero falta una visión global", reconoce Vila.
Al mismo tiempo, el Distrito 11 trabajaba siguiendo ocho principios: el compromiso político e institucional; la actuación directa en la zona; el desarrollo de una tarea continuada; el diálogo y el intercambio permanente con la sociedad civil; la coordinación con los organismos internacionales y las redes de ciudades; la búsqueda de inversiones y, por último, las campañas de sensibilización. Ocho principios que todavía se mantienen y que se aplican en el desarrollo del Distrito 11, Ciudades de Palestina.
¿Qué queda de aquel acto de solidaridad?
El Distrito 11 de Sarajevo finalizó en 1999, cuando Bosnia y Herzegovina ya tenía cierto reconocimiento internacional como país y la ayuda de Barcelona no era tan necesaria. La relación bilateral entre ciudades, sin embargo, no se rompió ahí. En 2012, personas que habían estado involucradas en el Distrito 11 —y encabezadas, precisamente, por Manel Vila— crearon la ONG Distrito 11 - City to City. El objetivo de la entidad era recuperar y promover la memoria de las relaciones entre la capital catalana y Sarajevo y utilizar los aprendizajes para idear nuevos proyectos cooperativos entre ciudades de todo el planeta.
"Nos preocupaba que, con los años y con el cambio de color político en el Ayuntamiento, el modelo de cooperación ciudad a ciudad cayera en el olvido y se volviera al 0,7%. Era un sistema muy eficiente y no queríamos perderlo", admite Vila. A raíz de su trabajo, el alcalde Jaume Collboni ha tomado el relevo de Maragall y se ha solidarizado con las ciudades palestinas más allá del envío de ayuda humanitaria. El proyecto empezó a caminar en agosto y en diciembre se supo que Laura Pérez Castaño —de Barcelona en Comú y responsable del área de Derechos Sociales en el mandato pasado— sería nombrada su gerente.
Gracias al Distrito 11, hoy en día todavía existe un puente de solidaridad, hay compañías de teatro que realizan colaboraciones internacionales y hay un convenio entre la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y la de Sarajevo. Sin duda, la idea de Maragall fue "clave", pero para Vila hay otro factor que llevó el proyecto a buen puerto y que lo ha hecho perdurar: "Sarajevo es y era muy resiliente. No solo esperaba la solidaridad internacional, eran un volcán de propuestas", concluye el especialista.

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