Entrevista a José Antonio Donaire"Barcelona no debe controlar el número de turistas sino el tipo y cómo usan la ciudad"
Hablamos con el Comisionado de Turismo del Ayuntamiento de la capital catalana, que explica las medidas adoptadas el último año para reducir la presión de visitantes en las zonas más saturadas de la ciudad.

Barcelona-
Doctor en Geografía, antiguo profesor en la Universitat de Girona y exdirector del Instituto de Investigación en Turismo (INSETUR), José Antonio Donaire (1968) es desde junio del año pasado el Comisionado para la Gestión del Turismo Sostenible de Barcelona, cargo creado por el consistorio que encabeza Jaume Collboni. Lo entrevistamos para conocer qué acciones se han tomado desde entonces para gestionar el turismo en la ciudad ante una crisis de la vivienda que la señala como una de las causas, y en un contexto de incremento de precios de combustible debido a la situación geopolítica.
¿Barcelona ha llegado a su límite de turistas?
Barcelona ha llegado a su límite de turistas, es una decisión que se tomó hace tiempo. Cuando el Ayuntamiento decide limitar el número de plazas turísticas está asumiendo un tope, un umbral. Cuando tú limitas la oferta, en el fondo limitas la demanda. Nosotros somos consecuentes con esta decisión. Barcelona no debe controlar el número, "cuántos turistas", sino, el tipo, "qué" turistas y "cómo" usan la ciudad.
Barcelona ha llegado a su límite de turistas, es una decisión que se tomó hace tiempo
¿Qué define el modelo turístico actualmente?
La palabra más importante es la gestión. Hemos pasado de la promoción a la gestión y ponemos el foco en la forma o los instrumentos que tiene la ciudad para que la relación entre el turismo y la ciudad sea mucho más armónica. Lo estamos haciendo de tres maneras diferentes: incentivando cambiar la tipología de visitantes de manera que haya un incremento sustancial del número de turistas tanto de carácter cultural como de carácter profesional en términos relativos. En segundo lugar, buscar una mejor distribución en el territorio poniendo en valor otros elementos que forman parte del paisaje turístico de la ciudad. Y en tercer lugar, minimizar y mejorar la relación y la gestión en los espacios que tienen una mayor presión turística, que los hemos llamado Espacios de Gran Afluencia (EGA) y donde estamos llevado a cabo una batería de acciones que buscan conciliar la actividad turística y la vida ciudadana.
¿Nos puede poner algún ejemplo de acción?
Los espacios de grandes afluencia es, probablemente, el programa más importante que estamos llevando a cabo. Aunque en cada uno de estos espacios hay acciones específicas, una treintena o cuarentena, que van desde la microcirugía, las acciones específicas, hasta las grandes acciones, destacaría el valor que damos a los agentes cívicos. Hemos hecho este año un incremento sustancial de la presencia de estas personas que están situadas en estos espacios y que tienen como función la de buscar una mejor relación de los turistas con la ciudad, minimizar los posibles conflictos, informar de la forma de relacionarse con la ciudad y actúan para buscar la convivencia entre turistas y residentes.
Ponemos el foco en los instrumentos que tiene la ciudad para que la relación entre el turismo y la ciudad sea mucho más armónica
Otro elemento que tiene un gran valor simbólico es el fomento del comercio, especialmente del tradicional. Hay una tendencia natural a que el perfil de los sistemas comerciales sean espacios dirigidos a turistas y esto puede generar un cierto sentimiento a los residentes que no se sienten partícipes o identificados emocionalmente con ese espacio. Por eso, nosotros ponemos un esfuerzo económico muy importante para potenciar el comercio local, aquellas fórmulas comerciales que están muy dirigidas a los vecinos y vecinas, porque sabemos que es un elemento de identificación simbólica.
¿Como en el caso de La Boqueria?
Por ejemplo. Hemos ido de la mano de La Boqueria para reducir los puntos de venta de productos de consumo directo. Nos gustaría que fuera, esencialmente, un espacio de productos que están destinados a ser consumidos más adelante. Y por ejemplo también, en esta línea, estamos trabajando en la reducción del peso de las terrazas en el perfil de la Rambla. Todas estas medidas en los espacios de gran afluencia van completamente orientadas a que los residentes se sientan propietarios e identificados simbólicamente con un espacio que es suyo.
Todas estas medidas son públicas, pero el sector privado, que es propietario de muchos espacios con reclamo turístico, ¿rema en la misma dirección?
Nosotros buscamos una mejor distribución espacio-temporal, tanto en qué espacios como en qué momento del día, por lo que el mismo número de turistas si tienen una distribución más dispersa genera un impacto inferior. Allí donde el Ayuntamiento puede incidir, lo ha hecho con la política del Bus 4.0 o, claramente, la decisión de reducir el número de visitantes del Park Güell que va en esta línea de reducir la presión. Pero, necesitamos de la complicidad también del sector privado, de estos grandes operadores.
¿Y cómo están encontrando esta complicidad?
Hay un elemento que nos ha ayudado mucho que es la generalización de las entradas por reserva. Habitualmente, muchos de estos operadores tenían un tíqueting constante por lo que había momentos del día que tenían muchísima presión y colas interminables y momentos del día que se llamaban valle en el que prácticamente no había nadie. Desde el momento que estos espacios culturales introducen la venta anticipada están distribuyendo de forma más homogénea en el tiempo los visitantes.
Sin embargo, a nosotros nos gustaría entrar en conversaciones con ellos para intentar hacer que el número absoluto de visitantes también se vaya reduciendo con el paso del tiempo con el fin de que, sin renunciar a la importancia que tienen estos elementos, haya otros espacios de la ciudad que, alternativamente, puedan convertirse en puntos de interés y que, de este modo, la distribución de los turistas sea más dispersa y su impacto también sea menor.
Ha mencionado la política del Bus 4.0, ¿está funcionando?
Todavía no tenemos suficiente volumen de datos para sacar conclusiones, pero el Bus 4.0 está haciendo política de anticipación. A Barcelona llega un volumen muy significativo de visitantes que están en otras localidades y que nos visitan por unas horas y esto está generando una presión muy fuerte de los autobuses turísticos en torno a estas zonas más congestionadas e, incluso, en el momento que no había plazas disponibles, algún punto de indisciplina.
Lo que nosotros hemos hecho es generar, utilizando la tecnología, visores, cámaras, incluso la inteligencia artificial que permite leer estas matrículas, un sistema muy denso de control que permite al mismo tiempo hacer una reserva previa. Es decir, los autobuses que entran en la ciudad deben decidir en qué franja horaria entran y se les asigna un espacio. Esto nos dota de una posibilidad de gestión, nos permite distribuir de una manera más racional y homogénea los flujos, y también nos aporta información. Ahora disponemos de un registro en tiempo real de cuántos autobuses hay en la ciudad, cuáles son las áreas con mayor densidad y esto nos permite operar e incidir en los flujos turísticos para buscar esta dispersión territorial.
¿Cuál ha sido la evolución de la gestión del turismo en la ciudad?
Barcelona es una ciudad que ha incidido mucho en la gestión del número de visitantes para estabilizarlo y la primera estrategia fue limitar el número de camas. Se hizo con el Plan Urbanístico de Alojamientos Turísticos, donde se limitó el crecimiento de camas que podían ser de apartamentos, de hoteles o de otras formas. La segunda fase ha sido limitar los cruceros. Es la segunda entrada de visitantes que tiene la ciudad y, por ello, el año pasado se tomó una decisión muy significativa porque con un plazo hasta 2030, es decir, en cinco años, la ciudad pasará de siete a cinco terminales y esto reducirá el número de cruceristas que pueden estar como máximo de manera simultánea en el puerto. Y la tercera estrategia que nos quedaba era la de ordenar o mejorar la gestión de los flujos de estas personas que no pernoctan en la ciudad pero que nos visitan desde otras localidades del país. Hay un hilo conductor en estas tres políticas que es el de limitar y ordenar el impacto del turismo sobre el consumo de la ciudad.
Aplicamos estrategias con el hilo conductor de limitar y ordenar el impacto del turismo sobre el consumo de la ciudad
En una entrevista con este diario, en 2024 hablaba del impacto que supondría el pacto de descarbonización europeo. ¿La estamos notando ya?
De momento, los planes europeos no nos han impactado porque la normativa prevé un crecimiento gradual y todavía estamos en un momento muy inicial del plan para reducir las emisiones en un 55%. Al final tendrá un impacto muy importante porque supone que el 60% del combustible tendrá que ser SAF (Sustainable Aviation Fuel) y es mucho más caro. Pero todavía estamos en fase de implementación y no hemos visto el efecto real. Pero sí que poco a poco el destino tiene que hacer frente a un proceso del incremento del precio del combustible, tendremos que ser conscientes.
El precio del combustible está aumentando pero por un motivo diferente, la situación geopolítica.
Estamos teniendo un ensayo, porque la tensión geopolítica que hay en el estrecho de Ormuz y, en general, en Oriente Medio, está provocando cierto incremento de precio, aunque todavía contenido. ¿Qué efecto tendrá esto a medio plazo y cómo nos podemos preparar? Normalmente, cuando se incrementa el precio del combustible, pasan dos cosas, la primera es que se reduce la distancia y esto lo tendremos que tener presente para mantener Barcelona en el radio de destinos cercanos. Nos interesa el mercado asiático y el norteamericano, pero no podemos perder de vista el mercado europeo porque con un contexto de alza de precios, los mercados de proximidad serán muy significativos. El segundo, y esto es muy importante, cuando se incrementa el precio de transporte, lo hace el tiempo de estancia. Por lo tanto, esto es muy positivo porque es lo que estamos buscando en Barcelona, visitantes que quieran estar varios días en la ciudad porque también es una forma de distribuir mejor los flujos.
¿Cómo se relaciona la duración de la estancia con el flujo?
Parece que no tengan relación pero tienen mucha. Cuando un visitante viene muchos días, puede tener una cierta tendencia a ver los elementos más conocidos de la ciudad, pero una vez vistos y fotografiados, los días posteriores tendrá una visión de la ciudad mucho más rica y dispersa. Debemos saber leer los efectos positivos y negativos que tienen este tipo de factores externos.
Un turista consume de media un 60% más de agua que un habitante local en Catalunya, lo que equivale a unos 100 litros más por persona y día. ¿Eso es sostenible?
La sostenibilidad es muy importante para nosotros, hemos hecho una propuesta muy clara y directa y estamos trabajando de la mano de todos los operadores. Barcelona tiene uno de los consumos domésticos más bajos del mundo. Un habitante consume alrededor de 100 litros por residente y día, que realmente es muy poco. Nuestro objetivo es que un turista que viene a la ciudad tenga un consumo cada vez más pequeño y estamos acompañando a las empresas para que su consumo diario con protocolos muy diversos se vaya reduciendo y se equipare al doméstico.
¿Catalunya necesita una nueva ley de turismo?
Sí, pensamos que sí. La anterior ya tiene años y desde entonces el panorama tanto del país como del modelo turístico han cambiado mucho. Nos consta que el Parlament de Catalunya está trabajando para la elaboración de una nueva ley.
¿Es el turismo la causa del problema de la vivienda?
Nosotros sabemos que la vivienda es el principal problema de la ciudad, el de las ciudades europeas. El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, forma parte de la iniciativa Mayors for Housing que tiene como objetivo trabajar conjuntamente con la Unión Europea con políticas activas contundentes para resolver este gap entre la demanda y la oferta de alojamiento asequible, de alojamiento para clases medias, para clases populares.
La necesidad de vivienda es un problema multicausal, no hay un único factor que explique la situación. La única manera de darle respuesta es con una batería de soluciones coordinadas entre ellas. Por eso, para nosotros, la decisión que en su día tomó el Ayuntamiento, con el decreto de 2023, de no dar licencias a viviendas de uso turístico en el 2028, no responde a una política turística sino que es una decisión vinculada a esta política de apoyar la creación y disposición de alquiler de vivienda para las clases medias y populares. Aquí es donde estamos trabajando.
Conjuntamente con los operadores privados y las iniciativas públicas estamos consiguiendo poner en el mercado unas 2.000 viviendas nuevas de forma anual y actualmente hay 10.600 de uso turístico en el mercado. Pensamos que tiene todo el sentido acelerar el proceso de incremento de oferta de vivienda mediante la restricción de licencias de uso turístico porque la emergencia no justifica que casas que habían sido para un uso residencial lo estén en términos turísticos.
Tiene todo el sentido acelerar el proceso de incremento de oferta de vivienda mediante la restricción de licencias de uso turístico
¿Qué mensaje debemos dar a la población que apela al "tourists go home"?
Siempre que los ciudadanos se quejan, lo primero que debemos hacer es escuchar y hacernos partícipes de la queja, que es el resultado de un problema percibido. Estamos trabajando para que el turismo sea una fuerza positiva de la ciudad. Para que los ciudadanos perciban que el turismo puede actuar a favor de la ciudad y de su dinamismo económico, cultural y social.


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