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Calles con nombres de mujer Galicia, del callejero franquista al feminista

A Coruña apuesta por visibilizarlas en el nomenclátor, Ferrol pretende crear el primer barrio sólo femenino y Santiago toma impulso. Pontevedra (BNG) aprueba una heterodoxa lista de treinta personajes, entre los que hay una taxista y una aviadora.

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Calle dedicada en A Coruña a Marcela y Elisa, las primeras mujeres casadas por la Iglesia. / ANDY PÉREZ


Las calles de las ciudades gallegas son un territorio casi exclusivamente masculino, aunque los nuevos gobiernos salidos de las urnas en 2015 intentan revertir la marginación de las mujeres en el nomenclátor. Si bien en A Coruña sólo se han inaugurado por ahora dos vías —dedicadas a la profesora republicana Elvira Bao y a las primeras lesbianas que se casaron por la Iglesia, Marcela y Elisa—, el Ayuntamiento tiene previsto conceder en breve tres rúas a la poeta Luisa Villalta, a la arquitecta Milagros Rey y a la empresaria Rosalía Mera. El grupo Inditex, propuesto por el PP, no corrió la misma suerte.


Todas integran la lista aprobada en 2016 por la Comisión de Honores del Concello, entre los que se cuentan once varones y siete féminas. Además, el año pasado también se inauguró una que homenajea a todas ellas, Ocho de Marzo, que remite al Día Internacional de las Mujeres. Aparte de las citadas personalidades, figuran la concejala pionera en el salón de plenos coruñés, Rosa Buján, y otro nombre que ya constaba en el plano, pero con el apellido equivocado y ahora corregido: Isabel Zendal.


La rectora de la Casa de Expósitos cruzó el Atlántico en el navío María Pita —heroína contra los franceses que da nombre a la plaza mayor de la urbe— para llevar a América la vacuna de la viruela, previamente inoculada a una veintena de niños. Desde entonces, a comienzos del siglo XIX, Zendal fue llamada Cendalla, Sendalla, Zendalla, Cendales, Sandalla, Gandalla o Gandalia. Finalmente, el gobierno de Xulio Ferreiro (Marea Atlántica) ha subsanado el error cometido con la enfermera que pasó a la historia por embarcarse en la expedición del médico Francisco Balmis, quien merecerá otra placa.

Rúa de Maruxa Mallo en Santiago. / MARÍA NOVAS

“La intención es ahondar en la visibilización de las mujeres en el rueiro en su condición de transformadoras de la sociedad silenciadas durante décadas”, explican desde el Concello de A Coruña, que a su juicio ha iniciado “un ambicioso proyecto para dar cumplimiento a la Ley de Memoria Histórica”. Por ello, además de los indicados, se han modificado una veintena de espacios, como la plaza de Millán Astray, hoy Praza das Atochas. Otros se han merecido las denominaciones de Educación, Cultura, Filantropía o Concordia.


La mayoría de estos nombres fue aprobada por anteriores corporaciones, matizan fuentes del Consistorio, pero decidieron usarlos para “poder acelerar la salida del nomenclátor coruñés de nombres de personajes que llegaron a él mediante la represión y la violencia”. Por ejemplo, durante la pasada legislatura se dio luz verde a las vías dedicadas a los futbolistas y héroes de la hinchada blanquiazul Fran y Mauro Silva, cuya placa ya ha sido instalada.


Otros ilustres coruñeses, como el crooner Pucho Boedo, acompañarán a las siete mujeres, quienes aumentarán el ínfimo porcentaje estimado por Patricia Arias en el estudio Sobre toponimia urbana. Mulleres na rúa, publicado hace una década en la revista Andaina: apenas había un 6% de nombres femeninos, contando a las vírgenes, santas y reinas.


Los pasos dados en A Coruña a favor de la visibilización han resultado exitosos, caso de la Rúa Marcela e Elisa, cuyas figuras han vuelto a ser reivindicadas tanto en Galicia como en el Estado español, hasta el punto de que serán objeto de un biopic dirigido por la cineasta Isabel Coixet. “Teníamos una deuda no sólo con dos mujeres, sino también con las primeras que lograron casarse”, afirmaba en su día Rocío Fraga, concejala de Igualdad y Diversidad. No obstante, ha habido tiras y aflojas, como el rechazo del grupo municipal del BNG a Rosa Buján, pues supuestamente difamó a la maestra María Barbeito, pionera de la renovación pedagógica, quien sería depurada por el franquismo.

Avenida María Victoria Moreno, en Pontevedra. / @TURISRIASBAIXAS

Nada comparado con la polémica surgida en Ferrol cuando el Concello se propuso crear en la zona de Telleiras el único barrio exclusivamente femenino de Galicia. Las actuales denominaciones son letras y números: de la A a la G y del 1 al 14. En su lugar, las direcciones pasarían a ser Xohana Torres, Maruja Mallo, Ánxos Alvariño o Clara Campoamor, nombres propios que convivirían con otros colectivos como Augadoras, Lavandeiras o Carboeiras. “Es un proceso abierto, no vinculante, que habrá que consensuar con los vecinos”, matizan fuentes del Ayuntamiento, consciente de que es una “propuesta de trabajo ambiciosa" que ha levantado ampollas.


El objetivo sería saldar una “deuda histórica” con las féminas que defendieron sus derechos, pero cuyos nombres “quedaron diluidos por una versión masculinizada de la historia”, aseguró en mayo la concejala de Igualdad tras una reunión del Consello Sectorial da Muller. Entonces, Saínza Ruiz, insistió que era una “propuesta inicial, fruto de un proceso participado”, que daría como resultado “un barrio singular y único”.


Las reticencias de la Asociación de Vecinos de Caranza prolongarán las negociaciones, si bien el Concello —en manos de Jorge Suárez, de Izquierda Unida, quien concurrió a las pasadas elecciones bajo la marca Ferrol en Común— aboga por la “feminización del callejero”, aunque desde el Consistorio explican que, “además de cambiar algunas calles, habrá que buscar nuevos espacios”.


De algún modo, la primera ciudad del cambio en Galicia fue Pontevedra, allá por 1999, cuando todavía no se había acuñado el término. Miguel Anxo Fernández Lores (BNG), el único alcalde nacionalista de izquierdas en su historia, emprendió una rehabilitación de la urbe cuyo modelo le ha llevado a recibir prestigiosos premios, como el de ONU-Hábitat, el del Center for Active Design y el Ciudad de Movilidad Inteligente Euro-China. Al tiempo que emprendía la humanización de la localidad, Lores se propuso sacudir la caspa del callejero.

“Decidimos quitar los nombres de personalidades vinculadas al franquismo, como Salvador Moreno, que pasó a ser Rosalía de Castro”, recuerdan fuentes municipales, que desterraron del nomenclátor al militar golpista que bombardeó desde el Canarias a la población que huía de Málaga. Durante la desbandá, fueron masacradas bajo el fuego miles de personas, aunque el expresidente Mariano Rajoy defendió la placa y dejó claro que seguiría llamando la vía por el nombre del capitán del crucero pesado que sembró el terror en la costa durante la Guerra Civil.


Al principio, en Pontevedra “primó el criterio de la toponimia tradicional, al que contribuyó el equipo de normalización lingüística”, hasta que en la anterior legislatura el concejal de Patrimonio Cultural y Memoria Histórica, Luis Bará, implantó el programa La memoria de las mujeres “para recuperar su huella”, matizan desde el Concello. Fruto de su empeño, hoy los pontevedreses pasean por el parque Amalia Álvarez, viuda del histórico galleguista Alexandre Bóveda y víctima de la represión franquista, así como por la calle Josefina de Arruti, esposa del último alcalde republicano, quien se vio forzado al exilio, mientras ella era encarcelada y sometida a arresto domiciliario.


A ambos espacios, inaugurados tras las elecciones de 2015, se ha sumado en mayo la avenida en honor a la profesora y escritora María Victoria Moreno —a quien este año se le dedicó el Día das Letras Galegas—, quien borró del mapa al comandante, ministro y represor del régimen José María Fernández Ladreda. “Quedan pendientes más de veinte mujeres, que nombrarán en principio nuevas vías”, añaden desde el Consistorio, cuyo Pleno ha aprobado una moción “para la galleguización y feminización” del callejero. El objetivo: “Situar a las protagonistas de la historia de Pontevedra y de Galicia en los espacios públicos” y “avanzar en el camino de empoderamiento”, reza el texto.

Inauguración de la calle Marcela y Elisa en A Coruña. / ANDY PÉREZ

A propuesta de la Marea, con sólo dos concejales, finalmente se añadieron los nombres de Virxinia Pereira —benefactora del Museo de Pontevedra y compañera de Castelao, intelectual, viñetista y uno de los padres de la patria— y a Emma Mourón —compañera del alcalde Filgueira Valverde, quien también dio con sus huesos en la cárcel—. La lista es larga y alcanza la treintena, entre ellas la pionera de la aviación Elisa Patiño, la curandera perseguida por la Santa Inquisición en el siglo XVI Vasquida García o la lavandera de los futbolistas rojillos Dolores Calviño, popularmente conocida por Lola de Pasarón, cuyo apodo alude al estadio local.


La línea de trabajo del Ayuntamiento, que organizará rutas urbanas para recuperar su memoria, discurre en paralelo al reconocimiento de las víctimas del golpe de 1936: “Mujeres de hombres comprometidos políticamente, mujeres que fueron protagonistas de la lucha política y sindical, mujeres asesinadas, torturadas, encarceladas, vejadas, rapadas, sometidas a la persecución política, moral, económica y laboral”, reza la moción del BNG, que actualmente cuenta con la farmacéutica y profesora María do Carme Fouces al frente de la Concellería de Igualdade.


La situación no pinta tan bien en Santiago de Compostela, regida por Martiño Noriega (Compostela Aberta), aunque fuentes del Concello explican el porqué: “No hemos hecho cambios en el rueiro en los últimos años ya que supeditamos cualquier modificación a la aprobación de la nueva regulación de condecoraciones, pues la anterior databa de mediados de los años sesenta. La nueva se aprobó hace un par de meses, por lo que ahora sí que podremos comenzar a incorporar nuevos nombres, sobre todo en clave femenina”.


En una propuesta realizada en 2012 por el exalcalde popular Gerardo Conde Roa —condenado a dos años de cárcel por defraudar a Hacienda a través de su promotora inmobiliaria—, apenas saltaban a la vista dos féminas entre una treintena de nombres propios. La escritora Elena Quiroga de Abarca y las hermanas Fandiño, conocidas como las Marías y con una escultura que las homenajea en la Alameda. Junto a ellas, figuraban insignes personalidades masculinas como José María Aznar, Benedicto XVI, Rouco Varela y, a modo de reconocimiento colectivo, la tuna compostelana.

Calle dedicada a las Trece Rosas en Santiago. / MARÍA NOVAS

El estado de salud del callejero femenino en la capital gallega fue difundido en 2016 por la arquitecta María Novas en el estudio Toponimia urbana de Compostela: ¿un ámbito de igualdad? La investigadora no se limita a analizar el nomenclátor de Santiago, pues establece además una comparación con otras ciudades. En esta entrevista, la autora argumenta la exclusión a la que han sido sometidas en todos los ámbitos de la sociedad, incluidos los que discurren sobre el asfalto del ensanche y los adoquines del casco viejo.


¿Por qué el atraso histórico que han sufrido en el callejero?

Su situación en la toponimia urbana es un reflejo más de la desigualdad histórica que afecta a las mujeres. Pero no sólo a nosotras, sino también a todos aquellos grupos sociales que se encuentran lejos de los estándares del canon de persona ciudadana digna de reconocimiento y prestigio social.


Más allá de su labor investigadora, ha destacado por su activismo, al poner en entredicho el discurso oficial de la arquitectura.

Los estudios de género y la teoría feminista llevan mucho tiempo cuestionando la aparente inocencia e imparcialidad universal, evidenciando el histórico androcentrismo o visión del mundo desde una determinada mirada masculina que favorece a una minoría privilegiada e implica procesos de cierre y exclusión de la gran mayoría y diversidad de la población mundial.

Como explico en el artículo (pdf), el hecho de nombrar las calles es una forma urbana de poder que cualifica el territorio, que inscribe territorialmente la memoria colectiva y que nace de prácticas urbanas conmemorativas que, además de tener como fin geocodificar —con una función utilitaria—, validan una determinada expresión política de la historia en la ciudad —lo que implica una asociación simbólica—.

Es decir, establecen una narrativa y naturalizan una versión de la historia que no está al margen de esta realidad. Los estudios sobre toponimia desde unha perspectiva crítica, en el que se enmarca el de Santiago, tratan de analizar estos procesos en términos de justicia espacial. Y, en este caso concretamente, poniendo en el centro la situación específica de las mujeres, la cual no tiene por qué ser la única.


Una situación que no sólo puede, sino que debe ser revertida para erradicar la marginación.

Claro. El paisaje de nuestra toponimia, al igual que fue creado, puede ser reconstruido —me refiero a las narrativas espaciales colectivas como construcción social viva, dinámica, que redefina su dimensión política—. La selección en la denominación del espacio público es una oportunidad de conversación y negociación para recoger las voces históricamente marginadas.

Empleando el concepto de “conocimiento situado” (situated knowledges) de Donna Haraway, por ejemplo, no se necesitaría una doctrina de la objetividad que prometa trascendencia, sino conocimientos situados que transformen el debate de la neutralidad, ya que la “Historia es una historia” (History is a story). O sea, una narrativa. Y el conocimiento del pasado incluye experiencias emocionales en el presente. Es más, construye el presente. Y, por lo tanto, contribuye a crear diferentes futuros.


¿Ha advertido medidas en los Ayuntamientos —sobre todo, a partir del 2015, en las ciudades del cambio— para paliar la desigualdad histórica?

El estudio de Compostela fue hecho en 2016, por lo que los datos están enmarcados en ese arco temporal. En el caso específico de Santiago, se advierte una modificación importante con la inclusión de figuras de mujeres en 2007 [cuando gobernaba la ciudad el socialista Sánchez Bugallo, quien había tomado el testigo del arquitecto Xerardo Estévez, responsable de la rehabilitación y puesta en valor del casco histórico]. Eso hizo que los porcentajes variaran de un modo muy relevante y que la salvaran de alcanzar unas proporciones aún más desiguales.


Quiere decir que en las decisiones de modificar el callejero advierte un sesgo ideológico.

Evidentemente, tiene que existir una relación dependiendo de la ideología política del grupo de gobierno municipal, ya que el proceso de inscripción de odónimos es competencia local. En Santiago, tanto en 2003 como en 2007, el PSdeG gobernó en coalición gracias al apoyo del BNG. Además, las dinámicas que fomentan la participación política de los grupos tradicionalmente al margen de los procesos de toma de decisión favorecen, en general, la incorporación de narrativas diversas en la construcción de la memoria colectiva de nuestras ciudades.

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