Caminar hacia la libertad bailando por una pasarela: el 'ballroom' en España como vía de resistencia
Surgió en el Nueva York de los 70 y ahora es un movimiento global. El colectivo 'queer' racializado usa esta escena cultural como un lugar de refugio que en España tiene varios grupos.

Madrid-
Nueva York, 1967. Crystal LaBeija, mujer negra y trans, abandona el escenario tras perder un concurso de belleza drag. No es que no fuera lo suficientemente guapa, alta o simpática. El motivo de su derrota era otro, no jugaba con las mismas cartas que las demás.
El estándar de belleza de los sesenta dejaba fuera a mujeres como ella. La norma era que las chicas racializadas como Crystal aclararan su piel con maquillaje para tener más posibilidades de ganar. Ella también lo hacía, pero esa noche dijo basta. "Tengo derecho a enseñar mi color", declaró. Su enfado entre bambalinas quedaría grabado para siempre en el documental The Queen (1968).
Años después, LaBeija, junto con otra compañera, organizó la primera ball tal y como las conocemos hoy. Es decir, una competición de baile y modelaje creada entonces por y para personas trans racializadas que en la actualidad se ha abierto también a otras identidades. Su historia fue el primer paso para que, más de 50 años después, decenas de jóvenes se reúnan para entrenar runway, old way o vogue femme, categorías que forman parte del universo ballroom.
Desde sus inicios entre la comunidad negra estadounidense, las balls se identifican como un espacio seguro y libre. En estos eventos, distintas agrupaciones, denominadas houses —casas, en español—, se enfrentan entre sí en disciplinas que incluyen baile, desfile y posado.
Michael Roberson, teólogo queer y miembro de esta escena underground desde hace más de tres décadas, lo explica en su libro Ballroom: A History, A Movement, A Celebration. "En los noventa comienza una expansión absoluta del ballroom", afirma.
Series como Pose y éxitos como Vogue de Madonna se han inspirado en el movimiento hasta popularizarlo a nivel global. Ahora muchas de las houses son internacionales, contando con miembros en Brasil, Italia, Indonesia o Corea del Sur. En España, la comunidad crece cada vez más.
Hacer 'vogue' en Barcelona
Tras dos años haciendo vogue —un estilo de baile que nació imitando poses de modelos en revistas de moda— Jayce (Barcelona, 2002) pensó en dejarlo porque no podía pagar las clases. "No había lo que yo pensaba que era para mí, un espacio seguro para la gente racializada y trans, sin depender de quién pudiera pagar", cuenta.
En 2021, con el covid aún haciendo estragos, Jayce formó el colectivo Ballroom Encounters en Barcelona. Tenía 17 años. Comenzó alquilando una sala en el barrio de El Raval y dividiendo el precio entre quienes iban a entrenar. Con el tiempo, las restricciones de aforo de la pandemia fueron desapareciendo y con ello creció la comunidad.
"Poco a poco la gente cada vez pedía más clases", explica. Cinco años después, cuentan con más de cinco mil seguidores en Instagram y realizan todo tipo de eventos. El entrenamiento de hoy lo dirige La Toro (Gran Canaria, 1999), que se considera hermana de Jayce aunque no comparta lazos de sangre.
Ambas pertenecen a The Gorgeous House of Gucci, una casa creada en Estados Unidos que con los años se expandió hasta Europa. Continuando con la terminología, los líderes de las casas son madres o padres y el resto de miembros más jóvenes, sus hijos. Las houses pasan a formar parte del nombre del artista como una especie de apellido.
"Intento animar a que la gente camine runway", explica La Toro Gorgeous Gucci mientras calienta antes del entrenamiento. Su categoría consiste en desfilar, como una modelo de pasarela.
—Strike a pose. Pose, pose, pose, pose…—
Un altavoz llena la sala con música house de ritmos fuertes y rápidos. Diez personas practican su desfile en tacones y crocs frente a un espejo alargado de pared. Una de ellas competirá en unos días y La Toro le está ayudando a perfeccionar algunas poses.
Otra de las asistentes, Lilia, lleva tan solo unos meses yendo a los ensayos. Llegó desde Ucrania hace tres años. Nunca había bailado antes, pero la unión que se crea en los entrenamientos es lo que le hace repetir cada semana.
"Cuando empecé entrenaba en la calle, pero pasaban muchas cosas. Así no se crea comunidad", explica Jayce Gorgeous Gucci. Ahora, el Ayuntamiento de Barcelona les ofrece una sala gratuita en un centro juvenil del Barri Gòtic. Personas de diferentes houses entrenan juntas, dejando la competición para los shows.
"Yo cuando empecé entrenaba en la calle, pero pasaban muchas cosas. Así no se crea comunidad", recuerda Jayce Gorgeous Gucci
En la otra esquina del país, Pablo (Tenerife, 2002) hace old way —como se denomina al vogue clásico— en Santa Cruz de Tenerife. Empezó en 2022, teniendo que desaprender lo que había adquirido en clases de baile urbano para adaptarse a este nuevo lenguaje.
Aunque la escena canaria es pequeña, cada fin de semana se reúnen para entrenar durante horas. Con un sistema horizontal similar al de Barcelona, las más experimentadas aconsejan a los que se acaban de unir.
El año pasado, se organizó la primera kiki ball en las Islas Canarias. El término kiki indica una comunidad más emergente y joven, generalmente menos competitiva. Pero la dinámica nunca cambia. Como en un desfile de moda, el público se coloca a los lados formando una pasarela. Los participantes desfilan, bailan y posan mientras una mesa de jueces evalúa cada actuación.
Las 'houses', un hogar de verdad
El ballroom comenzó a crecer en EEUU cuando la homofobia dentro de la comunidad negra y latina forzaba a muchos a abandonar sus hogares, recuerda Michael Roberson. Las houses se convertían frecuentemente en una casa real. Muchos de los llamados hijos vivían con su madre de la escena no para pertenecer al proyecto, sino por necesidad.
En Málaga, Ilyak Visori (Cádiz, 1977) busca mantener esa filosofía con su The House of Visori. Ella es madre de la primera casa fundada en España. "El origen era crear espacios seguros para gente que realmente lo necesitaba", explica.
La relación maternofilial que se crea en esta house de origen malagueño va mucho más allá de los eventos. Aceptar nuevos miembros en esta familia requiere un proceso previo hasta construir un vínculo real. "Es importante que ellos sientan que alguien les apoya en sus proyectos, en sus ilusiones y en lo que ellos quieren ser", cuenta Ilyak.
Una de sus hijas ballroom es Pantera (Ecuador, 1996). Descubrió la escena en Quito y, años más tarde, tras mudarse a Málaga, encontró las clases de vogue que ofrecía Ilyak Visori.
"Todo empezó como ocio, pero al final se ha vuelto parte de mi vida", afirma. Para Pantera, este baile es un forma de liberación y "desacato corporal", un lugar donde respetarse y "celebrar la propia identidad".
El 'ballroom' también es política
Michael Roberson ve en el ballroom un aspecto político esencial que a menudo pasa desapercibido: "Aquellos que tienen un poder hegemónico se interesan por las actuaciones, no prestan atención al movimiento como resistencia política".
Para él, es necesario conocer la historia de la escena, no entenderla solo como un producto que consumir. Hoy día, sigue siendo un espacio de lucha. En España, está integrado en muchos casos por personas racializadas o migrantes que escapan de la heteronormatividad en alguna de sus formas.
Para Ilyak Visori, este movimiento es inevitablemente político. "Surgió en un contexto de rechazo social donde no había otra manera de existir", recuerda. Además, insiste en que los casos de LGTBIfobia y racismo que "seguimos viendo" hacen que continúe siendo necesario la reivindicación.
En el contexto internacional, capitales como Moscú (Rusia), Lagos (Nigeria) o Budapest (Hungría) también tienen una escena ballroom, a pesar de que el colectivo LGTBI+ esté criminalizado. Según Roberson, estos espacios guardan algo de democracia y libertad en países donde las propias leyes persiguen lo queer.
"El ballroom es una comunidad global que tiene algo que decir sobre lo que significa ser humano y luchar por la libertad", explica el autor estadounidense. Para él, su dimensión política es cada vez más importante en un momento donde "necesitamos organizarnos alrededor de la alegría para confrontar al fascismo".
"El 'ballroom' es una comunidad global que tiene algo que decir sobre lo que significa ser humano y luchar por la libertad", cuenta Michael Roberson
Jayce Gorgeous Gucci entiende el ballroom como una vía de escape. Es prácticamente imposible vivir de él, pero autogestionándose y gracias a algún patrocinador consiguen organizar eventos y asistir a competiciones internacionales.
Roberson recuerda sus inicios en los noventa. Los shows solían organizarse los domingos. En su opinión, no era casualidad: "Ese era el día que sistemáticamente nos excluían de la iglesia, el club pasó a ocupar ese lugar".
El ballroom es mucho más que un espectáculo. Cada persona lo vive de forma distinta, pero todos repiten las mismas palabras: "familia", "refugio" y "activismo". Ilyak de The House of Visori lo tiene claro: "Lo que queremos es que haya un espacio sin miedo a prejuicios, rechazo ni violencia".







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