La impunidad de la homofobia en el fútbol masculino deja sin referentes deportivos al colectivo
Según un informe de la Agrupación Deportiva Ibérica LGTBI+, las instalaciones deportivas configuran el cuarto espacio donde se denuncian más delitos de odio.

Madrid--Actualizado a
Según el informe LGTBIfobia e Inclusión en el Deporte 2024, elaborado por el Observatorio de la Agrupación Deportiva Ibérica LGTBI+, las instalaciones deportivas son el cuarto espacio donde más se reportan este tipo de agresiones. Las violencias experimentadas por los deportistas del colectivo van desde ataques verbales homófobos hasta intentos de excluir a mujeres trans de las competiciones. Se trata de agresiones estructurales que representan la realidad cotidiana de quienes deciden visibilizar abiertamente su identidad u orientación sexual en el deporte. Como denunció este año el Consejo Superior de Deportes a través de un comunicado, actualmente la manifestación material del odio LGTBIfóbico incluye "agresiones físicas, amenazas e injurias, chistes en medios de comunicación y redes sociales, risas en los vestuarios y en las instalaciones deportivas, así como el silencio".
Los comentarios estigmatizantes y discriminatorios coreados a menudo desde las gradas durante los partidos, representan tan solo una pequeña parte de la violencia que sigue perpetrándose contra el colectivo. Las redes sociales se han situado como uno de los entornos donde más se esparce el odio hacia deportistas queer. Sin ir más lejos, el año pasado la jugadora de la liga de baloncesto de EEUU DiJonai Carrington recibió amenazas de muerte a través de internet debido a su orientación sexual. Lo mismo ocurrió, en la misma competición, con la estrella de las New York Liberty Breanna Stewart y con su pareja Marta Xargay, ambas víctimas de discursos de odio online reiterados.
Hace cuatro años, el deportista australiano Josh Cavallo se convirtió en el primer futbolista profesional de primera división en activo en anunciar su homosexualidad. Hoy, en pleno 2025, el centrocampista del Adelaide United ha confesado que desde su salida del armario ha sido víctima de repetidos ataques homófobos. Según transmitió la revista queer Gay Times, "si bien el joven deportista ha recibido todo este tiempo el apoyo de sus entrenadores, compañeros de equipo y la comunidad LGTBIQ+, sigue sufriendo el odio de los trolls en internet y amenazas de muerte". Mucho antes que él, en los años 80, el también futbolista Justin Fashanu se suicidó ocho años después de hacer pública su orientación sexual debido a la espiral de crueldad que vertieron sobre él medios de comunicación sensacionalistas como el británico The Sun.
La cascada de comentarios hirientes e insultos que suelen acompañar al anuncio de un jugador sobre su orientación sexual se convierte en un aviso para todos aquellos que todavía permanecen en el armario. Por ello, muchas veces dar el paso termina siendo el inicio de una pesadilla. Ese miedo a sufrir a posteriori violencias homófobas explica que todavía a día de hoy, y pese a los innegables avances en materia de igualdad, pocos deportistas se atrevan a revelar su opción sexual.
Los deportistas queer cuentan con escasos referentes dentro de su ámbito profesional o de ocio en los que poder reflejarse. Un efecto que deriva de esta carencia de modelos LGTBIQ+, pero también del temor a la discriminación, es que la mayoría de los hombres homosexuales prefiere practicar deportes individuales antes que en equipo. Lo demuestra un estudio realizado por el Observatorio Funcas sobre participación físico-deportiva en el tiempo de ocio de las personas LGTBIQ+ en España. Del mismo se extrae que los varones no heterosexuales participan en un 68% en actividades deportivas de tipo individual y en menor medida en colectivas, así como en otro tipo de actividades.
Muchos renuncian a permanecer en sus equipos por la toxicidad que se desprende en los vestuarios. También debido a los sentimientos de incomodidad e inseguridad que experimentan, en especial las personas más jóvenes. Muchos de ellos han llegado a manifestar incluso que estos entornos son generalmente crueles y hostiles para el colectivo. En cambio, las mujeres lesbianas y bisexuales participan más frecuentemente en ambos tipos de actividades (el 49% en los dos casos).
La diversidad choca contra los estereotipos heteropatriarcales
Donde más se repite este patrón de violencia homófoba es en el fútbol masculino. En él, los mandatos de género heteropatriarcales y los estereotipos machistas siguen imperando más que en actividades más minoritarias como el hockey o el beisbol. La pervivencia de una masculinidad tóxica extendida en el terreno futbolístico se pone de manifiesto cada vez que las hinchadas braman a pleno pulmón consignas y cánticos misóginos, racistas y LGTBIfóbicos.
David Armenteros: "En los recintos deportivos siguen existiendo gritos de 'maricón', lo que refuerza que ser LGTBIQ+ es algo peyorativo"
David Armenteros, vicepresidente de la Federación Estatal LGTBI+, estima que "dentro de los recintos deportivos continúan existiendo gritos de maricón dirigidos a árbitros y jugadores, lo que refuerza la idea de que ser LGTBIQ+ es algo peyorativo, vergonzoso o es incompatible con el éxito en el deporte". Bajo su mirada, la violencia simbólica (es decir, ejemplarizante) se ha normalizado en muchos entornos deportivos, "lo cual resulta extremadamente perjudicial para la diversidad en su conjunto".
En este sentido, Armenteros explica a Público que desde el momento en que un jugador se sale abiertamente de la norma dominante, acaba señalado como débil, al tiempo que sus habilidades técnicas profesionales son cuestionadas de inmediato. "Esta situación tiene consecuencias importantes, ya que quienes se visibilizan suelen enfrentarse a una fuerte discriminación y eso afecta a los demás del colectivo", resalta. Para muchos jugadores, árbitros, entrenadores y otros profesionales del fútbol, la cancha de juego no es ni de lejos un espacio seguro. No solo por la pervivencia de agresiones verbales, sino por la impunidad con la que se extienden sin apenas penalizaciones.
El 'pinkwashing' de las federaciones deportivas
De hecho, algunos futbolistas queer hablan de un clima generalizado de "miedo" y "falta de libertad" a la hora de expresarse dentro y fuera del campo. David Moreno, deportista y vocal de Deporte en la Agrupación Ibérica Deportiva LGTBI+, pone el foco en la responsabilidad de las federaciones deportivas a la hora de actuar con contundencia contra las situaciones de violencia: "Los organismos deportivos se tienen que encargar de tener un protocolo claro y de ejecutarlo. Muchas veces se llenan la boca hablando de inclusividad, pero cuando sucede una situación de odio lo dejan pasar, por eso en el fútbol masculino suele ser bastante barato ser un agresor verbal", incide.
David Moreno (Agrupación Ibérica Deportiva LGTBI+): "En el fútbol masculino suele ser bastante barato ser un agresor verbal"
A juicio de muchos jugadores del colectivo, las entidades deportivas lavan su imagen con meros gestos de pinkwashing como emitir comunicados contra toda discriminación, mientras que en la práctica su implicación real es casi nula. Armenteros resalta en esta línea que "aún no se está haciendo lo suficiente, ya que muchos de estos clubes no buscan referentes ni promueven un ambiente inclusivo".
Por ello, además de abogar por el cumplimiento real de los protocolos antidiscriminación, la FELGTBI+ aboga por la aprobación de un Pacto de Estado contra los discursos de odio en el deporte. "Es necesario un compromiso más firme y activo, tanto de los clubes como de las federaciones, para realmente fomentar un entorno inclusivo y libre de discriminación", señala.
El fútbol femenino, "una película totalmente distinta"
En el fútbol femenino, no obstante, esta realidad difiere sustancialmente. Es cierto que todavía persiste la violencia contra las jugadoras que se salen de la heteronorma. De hecho, Paula Iglesias, presidenta de FELGTBI+, apunta a que algunas deportistas, solo por ser mujeres y no cumplir con ciertos estereotipos de feminidad hegemónica, "son automáticamente etiquetadas como bolleras con una connotación denigrante". Además, las mujeres trans o intersex continúan siendo señaladas y estigmatizadas por los movimientos ultras "hasta ver amenazado su derecho a desarrollar la práctica deportiva".
Ahora bien, pese a esto, tanto futbolistas como representantes institucionales de entidades LGTBIQ+ destacan que "el ambiente de libertad sexual dentro de la cancha es abismalmente diferente". El hecho de que las mujeres hayan tenido que derribar barreras y trazar lazos de sororidad dentro de los equipos ha logrado que hayan luchado históricamente por construir espacios de igualdad. Para Moreno, "el entorno es mucho más saludable, respetuoso y tolerante porque llevan consigo una trayectoria en la que han tenido que pelear más que los hombres para llegar hasta el punto en el que están".
Paula Marín (Puerto de Vallekas): "En el fútbol femenino la película es totalmente diferente, casi se puede hablar de dos deportes diferentes"
Con su visión coincide Paula Marín, jugadora del club de fútbol femenino Puerto de Vallekas, una agrupación deportiva que abandera un posicionamiento firme "contra el racismo, la LGTBIfobia, el capitalismo, el bullying y el fascismo". Para ella, "en el fútbol femenino la película es totalmente diferente" dado que "las diferencias en la forma de concebir y respetar tanto al propio equipo como a las rivales hace que la diversidad sea más posible y real, así como que el clima sea menos agresivo y más sano". Tanto que, afirma, "casi se puede hablar de dos deportes radicalmente diferentes en ese sentido".
Los comentarios hirientes en redes sociales que proliferan contra jugadoras queer en alusión a su posible orientación sexual, "suelen ser siempre emitidos por hombres", destaca. Además, sostiene que jugadores como el futbolista Borja Iglesias continúan siendo víctimas de ataques cuando desempeñan actividades consideradas femeninas (y, por tanto, denostadas socialmente): "Que un día se pinte las uñas en una boda y eso genere comentarios en sus redes sociales con barbaridades es lamentable", sentencia. El hecho de que la selección española femenina -siendo esta diversa y contando con muchas jugadoras feministas- haya sido campeona del mundo, ha contribuido a la visibilidad del colectivo en los clubes de mujeres.
La presión económica impide salir del armario
Un escollo, en el caso de los deportistas de élite, que actúa en contra de que muchos futbolistas salgan del armario es la posibilidad de que su decisión perjudique sus contratos laborales. Moreno incide en que el hombre en el fútbol "puede tener miedo de perder sus contratos de patrocinio al mostrar abiertamente su sexualidad, o de que la presión de ciertos sectores radicales de aficionados lleve al club a prescindir de sus servicios o apartarlo del foco mediático", cuenta con indignación. Esta pata económica es también la que lleva a menudo a los clubes y federaciones a no defender más activamente los derechos y libertades de sus jugadores.
En este caso, el deportista hace referencia a la polémica acontecida en 2022 durante el Mundial de Catar, cuando algunas selecciones no pudieron llevar brazaletes con la bandera LGTBIQ+ por prohibición expresa de la FIFA, organizadora del torneo. "Las inversiones económicas en el deporte profesional están siendo determinantes en este aspecto, porque el deporte profesional se está llenando de inversiones multimillonarias por parte de países árabes. Muchos de ellos no respetan ciertos derechos fundamentales como puede ser la libertad de identidad o de orientación sexual", explica en relación con esta falta de posicionamiento por parte de las organizaciones deportivas españolas.
"Cuando hablamos de muy alto nivel, se tiene que decidir entre la inversión económica o la protección de los trabajadores y sus libertades", esgrime. Por este motivo, existen equipos que renuncian a hacer declaraciones, emitir comunicados o publicar posts en redes en contra la discriminación el Día del Orgullo.
Construir entornos deportivos diversos e inclusivos
Para poder avanzar en este ámbito, establece Iglesias, es imperativo construir espacios seguros que huyan de las lógicas cisheteropatriarcales: "Más allá del deporte de élite, la actividad deportiva, en todas sus variantes, debería visibilizar el trabajo en equipo y la cooperación. Nadie puede disfrutar de la práctica deportiva si se adentra en ella con miedo a ser rechazado, discriminado e incluso violentado únicamente por ser quien es".
La alternativa se está ya cocinando en distintos clubes deportivos de todo el Estado español, formados por jóvenes queer en su mayoría. "En el equipo al que yo pertenezco, tanto como una jugadora de la plantilla de fútbol como una persona que se encarga de trabajo desde algunas comisiones, una de las cosas que tenemos más claras es abrazar la diversidad con tolerancia, respeto y sobre todo naturalidad, porque es que al final el mundo que tenemos delante es así de diverso", establece Martín.
Además de Puerto de Vallekas, grupos deportivos como el club LGTBIQ+ Panteres Grogues en Barcelona reman en el mismo sentido. En su página web se definen como "una asociación abierta a todas las personas que quieran practicar actividades deportivas en un ambiente libre de discriminación". Asimismo, promueven espacios seguros, inclusivos y diversos para todos sus participantes. En la Comunidad de Madrid, GMadrid Sports lleva desde 2007 impulsando un equipo de fútbol 11 integrador donde las personas del colectivo LGTBIQ+ se encuentran en un entorno deportivo "seguro, sin prejuicios y sin comportamientos discriminatorios".


Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.