Opinión
Mari Carmen sí lo sabe y viva Rigoberta

Periodista y escritora
Hay una canción machacona que llevo ya tiempo oyendo en fiestas, verbenas y bares. En cuanto suena, la gente se echa a bailar, botar y cantar. Yo también. Se llama Mari Carmen y la versión es del grupo catalán La Pegatina. Básicamente, su letra dice una y otra vez lo que sigue:
Mari Carmen, Mari Carmen, tu hijo está en el afterhour
Mari Carmen, Mari Carmen, tu hijo está en el afterhour
Tú no lo sabes, tú no lo sabes
Tu hijo es el último en salir de todas las raves
Tú no lo sabes, tú no lo sabes
Tu hijo es el último en salir de todas las raves
Yo soy Mari Carmen. Lo supe desde la primera vez que escuché bien la letra. Hay veces que todas las madres somos un poco Mari Carmen, o Mari Carmen del todo. Se equivocan los mierdas que dicen que soy una "Chari", no tienen ni pajolera idea. Me siento muy Mari Carmen cuando escucho "Mari Carmen, Mari Carmen, tu hijo está en el afterhour", y también en otras ocasiones. Pero después, inmediatamente, dejo de ser Mari Carmen, recuerdo el afterhour y por supuesto que sé lo de mi hijo porque antes que él, la que estuvo en el afterhour era yo. Me dan ganas de mirar alrededor y decirles que sí, que Mari Carmen sabe que su hijo es el último en salir de todas las raves porque ella era también la última y hay cosas que se heredan, o que se notan.
Son los hijos y las hijas quienes nos retratan, para bien y para mal y sin más, porque lo mejor es no darle demasiadas vueltas, sobre todo en verano.
"Mamá", me dice mi hija adolescente, "me sorprende que Rigoberta tenga hijos". Me doy cuenta de que quiere decir que le sorprende que sea madre. Conducimos hacia el Mocayo, 9 de la mañana, sol radiante como una buena amenaza. Bandini acaba de cantar "No entiendo por qué nadie nos pasó hachís cuando entramos en el FIB". Las dos coreamos a gritos moviendo la cabeza como los perrillos aquellos de mi infancia que los coches llevaban a saber por qué. "También me sorprende bastante que seas madre tú", añade. Flash, retrato.
Podría decirle lo del afterhour, y asunto zanjado. Le comento apenas, sin monserga, que es porque no escondemos el pasado que tradicionalmente una se guardaba en el bolso del fondo de un armario a la que empezaba a parir. O peor, a la que decidía ser pareja. Ser pareja es una de las peores decisiones en las que nos empecinamos una y otra vez durante esta vida rara. "Nos morreamos con la vida y nos sangraron las encías y al volver me hice trenzas en el pelo, y Julio Iglesias en tu coche, y Yes, we can…".
Con las encías ya cicatrizadas, detrás de un interminable camión long vehicle, miro a mi chavala de soslayo al corear "Cuando miro al pasado, veo cuánto la he liado". Lo sabe y yo sé que ella sabe. Siento de pronto un amor tremendo por Rigoberta Bandini, que en lugar de vender la moto de la madre que no sabe que su hijo está en el afterhour, transmite a mi hija lo contrario, lo mío, lo de cuando era yo la última en salir de cada rave.
Y cantamos las dos a coro: "Ponme aceite y sal, que aún hay mucho pan y esto va pa largo", sin armarios ni ficciones.
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