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Caza de brujas Escocia perdonará a 2.500 mujeres ejecutadas por "brujas" hace 400 años

Se podrían absolver los delitos como se hizo con los de homosexualidad que incluyeron a Oscar Wilde y Alan Turing.

Brujas ahorcadas en un grabado de la época de la persecución.
Brujas ahorcadas en un grabado de la época de la persecución.

Conxa Rodríguez

En el año 1414 San Vicente Ferrer resucitó a un niño en Morella (Castellón) cuya madre "enajenada" había descuartizado para ponerlo al puchero y alagar al santo con lo mejor que tenía en casa, que era su hijo. El santo iba predicando por los dominios del Reino de Valencia e iba a encontrarse allí con un rey (Fernando de Antequera) y un obispo (Benedicto XIII). Antes de sentarse a la mesa a comer, devolvió la vida al pequeño protagonizando uno de los milagros más siniestros del catolicismo. Dos siglos después, en 1590 en Berwick (Escocia) y en 1661 en Forfar (Escocia), dos mujeres fueron juzgadas por haber matado y comido a un niño, que no tenía nada que ver con el milagrero aparte de compartir la religión.

Las dos mujeres escocesas forman parte de los 3.837 acusados (el 84% mujeres), de los que 2.500 fueron ejecutados, bajo la Ley de Brujería (Witchcraft Act) vigente en las Tierras Altas y Bajas escocesas de 1563 a 1736. Ha llegado la hora del perdón y el homenaje o, al menos, el reconocimiento de la injusticia histórica en Escocia. La campaña está en marcha.

Una serie de circunstancias convergieron en Escocia en los siglos XVI a XVIII: el reinado de Jaime VI de Escocia y I de Inglaterra, de 1567 a 1625, un monarca que fomentó el pánico satánico y la persecución de la brujería; la unión en 1603 de las coronas escocesa e inglesa con la llegada a Escocia de ambulantes jueces ingleses y protestantes para aplicar la ley y, de paso, represaliar a los católicos, o al revés. Jaime VI, obsesionado con los hechizos, escribió la obra Daemonologie protagonizada por tres brujas. Un trío que coincide con el conjuro de otras tres en Macbeth, de William Shakespeare, estrenada en Londres en 1606, tres años después de la unión de las coronas.

Jaime VI, regresando de Dinamarca adonde había ido a casarse y llevarse a su esposa Ana, se halló en el mar al fuerte vaivén de una violenta tempestad que adjudicó a los poderes ocultos de la brujería. Su barco se balanceaba peligrosamente poniendo en peligro la vida de los recién casados. A su llegada a Escocia ordenó una caza de brujas. Los delitos por brujería abarcaban desde la presencia de un gato negro en la casa hasta las relaciones sexuales con el demonio o la elaboración de mejunjes curativos y mágicos.

A la cabeza de la campaña, por el perdón y el homenaje a las muertas en la hoguera o torturadas hasta lo inhumano, está la abogada Claire Mitchel, con el apoyo de la Law Society o cuerpo profesional de abogados escoceses, que ha explicado a The Guardian lo siguiente: "Hay que reconocer oficialmente lo qué les ocurrió a estas mujeres, el error que la Justicia cometió con ellas al margen de cómo se aplicaba en aquel momento". El relato de los juicios es espeluznante; desde quemarlas en la hoguera o arrojarlas a un pozo hasta el ensañamiento más brutal, como el castigo a Janet Cornfoot, de Pittenween (costa este escocesa), atada entre una barcaza y la orilla del mar mientras una turba la apedrearon hasta la muerte; un linchamiento frecuente, el de tirarles piedras o dardos hasta acabar con el aliento simulando así el martirio de San Sebastián.

Además del perdón de Estado, Claire apuesta por un monumento conmemorativo a las víctimas. "En los jardines de la calle Princesa, en el centro de Edimburgo, hay numerosas estatuas ecuestres de militares e incluso hay un monumento a un oso, pero nada recuerda la mayor injusticia que se ha cometido en la historia de Escocia", apostilla la abogada. Una discreta placa en un pozo del castillo de Edimburgo, El pozo de las brujas, remite a 300 mujeres quemadas allí. Un recordatorio insuficiente para la campaña que dirige Claire Mitchel y que busca "el perdón de todas las convictas de delitos de brujería, una disculpa a todos los acusados bajo la misma ley y un monumento nacional conmemorativo".

El próximo mes de noviembre se celebrará (telemática o presencial) la primera conferencia, y se abrirá un podcast, para acordar los términos del perdón y el homenaje entre los miembros de la campaña y las instituciones escocesas que hasta ahora no se han mostrado muy receptivas. Como precedente al homenaje, cuentan con lo que hizo, jurídicamente, la ciudad de Salem (Massachusetts, EEUU) en 1957 al condonar a 200 mujeres estranguladas en 1690 por delitos similares a los de las escocesas. Los cuerpos de las americanas fueron quemados para no dejar ni rastro de su existencia. Más cerca en el tiempo y en la geografía, la abogada toma de referencia el perdón del Parlamento británico en 2017 a los delitos de homosexualidad en el pasado. En esta disculpa masiva se encontraban nombres como el escritor Oscar Wilde o el descifrador de códigos y matemático de la Segunda Guerra Mundial Alan Turing, un hombre reconocido hoy como héroe de la inteligencia bélica cuya vida quedó tachada, en la sombra, por su homosexualidad.

La Universidad de Edimburgo se ha puesto también manos a la obra para dispensar a los condenados por brujería. Su contribución a la campaña ha sido la elaboración de un mapa interactivo de los lugares en los que se cometieron los mayores delitos de brujería, titulado Burning Times: The Scottish Witch Trials. El historiador Lenny Low, que ha rastreado la documentación de los juicios con atino, avisa desde las páginas de The Couriere que "no podemos caer en la generalización porque algunas de las acusadas reconocieron crímenes como el asesinato así que no vamos a erigir monumentos a asesinas, otras, la mayoría fueron víctimas". "De hecho, a la mayoría no se les permitió ni hablar en el juicio para defenderse de las acusaciones", apostilla el historiador aduciendo casos de mujeres viudas a quienes se les acusaba sin pruebas y se les sentenciaba con la apropiación de sus tierras por delitos inexistentes; la forma de robarles sus posesiones tras perder al marido.

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