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Barbados da alas al republicanismo británico

La figura de la monarquía comienza a ser cuestionada por los jóvenes del Reino Unido, mientras la ex colonia dejará de reconocer a la monarca británica como jefa de Estado. La organización Republic, fundada en 1983, aglutina a personas que abogan por un un modelo como el de Irlanda.

La Reina Isabel II de Gran Bretaña, tras un acto en el Castillo de Windsor. REUTERS/Chris Jackson/Pool
La Reina Isabel II de Gran Bretaña, tras un acto en el Castillo de Windsor. REUTERS/Chris Jackson/Pool

CONXA RODRÍGUEZ

Isabel II y sus 94 primaveras no tenía suficiente con los disgustos de su hijo Andrés y el Meghanexit para que ahora haya salido la primera ministra de Barbados, Mia Mottely, primera mujer en el cargo, anunciando que retiran a la reina de cabeza de Estado y se convierten en república.

Así marcarán en 2021 los 55 años de independencia, conseguida en 1966, y siguen también los pasos de los 54 miembros de la Commonwealth, de los que sólo 14 (hasta ahora 15) reconocen a la monarca británica como jefa de Estado.

La isla del Caribe, con 300.000 habitantes (como Luxemburgo) es un lugar próspero que ha sabido diversificar la riqueza de la producción de azúcar en turismo y servicios financieros.

El anuncio no ha llegado en el mejor momento para la monarquía. "God save the Queen; She’s not a human being", cantaban con éxito y sin asustar el grupo punk Sex Pistols en 1977 para celebrar los 25 años de reinado o, según la canción, de fascist regime". Algo de razón llevaban con lo de que Isabel II no es un "ser humano" puesto que, en realidad, son dos: la mujer y la institución que personifica; la privada y la pública.

Dónde empieza una y acaba la otra es un misterio, como lo qué va antes: ¿el huevo o la gallina? La monarquía británica es una institución milenaria (sólo interrumpida de 1649 a 1660) arraigada en el sistema político y adaptada a las circunstancias históricas. Su objetivo es perpetuarse.

El apoyo a la monarquía baila según el momento. La ONS (el CIS británico) publicó en 2018 (antes de la retirada de Harry y Meghan o Meghaexit y del escándalo del príncipe Andrés con el pedófilo Jeffrey Epstein) lo siguiente: un 57% de ciudadanos de 18 a 24 años de edad apoyaba la monarquía, un 25% estaba en contra; entre los mayores de 55 años, un 77% era favorable a la institución, un 18% adverso.

De lo que se deduce que, de los 66 millones de habitantes, los mayores son más monárquicos que los jóvenes. Un 20% de británicos son incondicionales a la realeza, un 20% republicanos por convicción, un 30% depende del comportamiento de la institución y un 30% son indiferentes. Las cifras colocan a los Windsor en la cuerda floja y en estado de alerta permanente para mantenerse en el trono: en casa y en los territorios allendes. 

Entre los incondicionales está el mismísimo primer ministro conservador Boris Johnson quien el año pasado dijo que "la institución de la monarquía es irreprochable". Unas semanas antes él fue el primer jefe de gobierno que mintió (o no le dijo la verdad) a la soberana al informarle del cierre del Parlamento durante cinco semanas.

Aunque a Boris le gusta hacer reverencias a Su Majestad, en la Cámara de los Comunes los laboristas Neil Kinnock y Dennis Skinner se negaron a trasladarse a la Cámara de los Lores para escuchar el discurso de la Reina de apertura del Parlamento. El ex diputado Dennis Skinner destacó por la mofa anual que hacía de Isabel II.

La organización Republic, fundada en 1983, aglutina a personas activas a favor de la república. Su portavoz, Graham Smith, dice que "nuestro modelo más cercano es el de Irlanda donde eligen el presidente para funciones limitadas más que Alemania (elección por el Parlamento) o Francia donde el presidente tiene poder político; en nuestra hoja de ruta Making the Change detallamos el proceso del cambio y una constitución que atribuya las competencias al presidente".

Sobre las encuestas de opinión dice que "a la pregunta de mantener la monarquía como jefatura del Estado, muchos responden sí, pero al profundizar en ello, a la mayoría les importa un rábano".

En algunos sectores, los activos republicanos destacan más que los monárquicos incondicionales. Nombres como Martin Amis, Julian Barnes, Daisy Ridley, Colin Firth, Noel Gallagher, Glenda Jackson, Daniel Radcliffe, los desaparecidos David Bowie y John Lennon, Vanessa Redgrave, Ken Loach, Patrick Morrissey o Tracey Ullman se apuntan al republicanismo.

Emma Thompson ha reconocido su banal contradicción al aceptar, siendo republicana, una medalla de la Reina. A otros, como Mick Jagger, Paul McCartney o los Beckham, les cae la baba cuando entran en Palacio.

La concesión de un título honorifico por parte de la realeza pirra a muchos, sin embargo, la lista de quienes lo rechazan, identificados en Wikipedia (List of people who have decline a British honour), dibuja un país de republicanos o desagradecidos, a diferencia de Roald Dahl, que en 1986 rechazó la categoría de Oficial del Imperio Británico porque le parecía poco y quería ser Caballero del imperio inexistente.

"La monarquía, basada en la herencia genética, no se puede modernizar porque es arcaica: una contradicción consigo mismo; pueden modernizar las relaciones públicas y la imagen que proyectan porque no les queda otro remedio, pero no pueden modernizar el principio hereditario porque no es moderno", aduce el portavoz de Republic.

La monarquía británica ha dejado de ser absolutista o con poder político como son la de Arabia Saudita (que prohíbe a las mujeres salir a las fotos), la de Tailandia, Marruecos, Jordania, Malasia o las de Abu Dabi y Dubai, parte de Emiratos Árabes.

La reina Isabel II de Gran Bretaña, en una vistia a Barbados en 1989. REUTERS

Aunque constitucional y, teóricamente, transparente, las finanzas reales todavía andan envueltas de un cierto secretismo en torno a la riqueza de la familia Windsor como privados y lo que obtienen como institución, que afecta también a lo privado. Cuesta a la Hacienda pública 345 millones de libras (410 millones de euros) al año.

En opinión de Graham Smith, y si la naturaleza sigue su curso,  "la Reina, de 94 años, morirá en los próximos diez y veremos qué pasa con Carlos porque él no genera el mismo embaucamiento que ella, además el príncipe Andrés está erosionando la institución con mayor profundidad que Harry y Meghan que han optado por desentenderse del tinglado".

Barbados no ha esperado a que la naturaleza siga su curso. En 1952, cuando Isabel II accedió al trono, un porcentaje de británicos creía en el origen divino de la realeza (debatido en la España del siglo XIX) y los republicanos no llegaban al 10%.

La Reina más longeva del planeta, que en 2022 celebrará el Jubileo de Platino o 70 años en el trono, dejará paso a su hijo Carlos, que si no revierte la tendencia de las cifras de popularidad a la baja podría ser el último de la historia a no ser que la recatada pareja de Guillermo y Kate reviertan, de nuevo, la tendencia a la alza.

Los republicanos, de todas formas, no parecen disminuir ni querer desaparecer. "Empezamos un grupo en Londres y ahora estamos por todo el país", apostilla la voz de Republic. En la herencia, además del trono, lo que sí recibirán será una Commonwealth menguada.

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