Las razones que explican la sobrepoblación de palomas en Barcelona y por qué es un problema
En entornos urbanos se necesitan medidas para controlar su población cuando se supera una densidad de entre 300 y 400 ejemplares por kilómetro cuadrado, pero en la capital catalana el volumen se eleva mucho más allá y se mueve entre los 1.300 y los 1.700.
Desde hace varios años el Ayuntamiento lleva a cabo diversas acciones para reducir el número de palomas, entre las cuales concienciar a los vecinos de los perjuicios que comporta alimentarlas.

Barcelona--Actualizado a
Barcelona lleva años sufriendo una sobrepoblación de palomas, hasta el punto de que el elevado número de estas aves puede considerarse una plaga y un problema de salud pública para la ciudad. La concentración es especialmente elevada en determinadas zonas, como la plaza Catalunya, lo que ha llevado al Ayuntamiento a tomar diversas medidas para intentar paliar el problema. En este sentido, desde el consistorio apuntan fundamentalmente a dos causas para explicar el crecimiento de la población de palomas: la intervención de los humanos en su comportamiento, básicamente a través de la sobrealimentación; y el impacto de la crisis climática en su reproducción.
La directora de Servicios de Derechos de los Animales del Ayuntamiento de Barcelona, Carme Maté, comenta que no tienen un dato actualizado de la población total de palomas en la ciudad, si bien los últimos censos -de hace algunos años- la sitúan por encima de los 100.000 ejemplares. Lo relevante es que el propio consistorio reconoce que hay que "establecer medidas para controlar la población" cuando la densidad de palomas supera la media de 300-400 ejemplares por kilómetro cuadrado. En Barcelona, la densidad se estima en entre 1.300 y 1.700 palomas por km2.
El consistorio sí tiene cifras más actualizadas de la concentración de palomas en determinados espacios. Se trata de zonas donde tienen acceso fácil y diario a alimentos a raíz de la acción de los humanos y donde desde hace algunos años se aplican medidas para intentar reducir la población. En la plaza Catalunya "se calculó que se podían llegar a dar hasta un total de 60 kg de alimento diario, lo que sustenta una población de 2.000 palomas que sólo yendo a plaza Catalunya tienen el día hecho", asegura Maté.
En zonas en las que hay personas que los alimentan o terrazas de bar que recogen más tarde las mesas, por ejemplo, las palomas encuentran comida fácil y eso les fideliza al espacio. No necesitan más que bajar a tierra para tener alimento. La responsable municipal también destaca otras acciones que condicionan sus comportamientos, como tirarles comida lejos de las mesas de una terraza cuando están molestando. El mensaje que recibe el animal es que si molesta, le darán de comer.
Más de 230 alimentadores de palomas
Al mismo tiempo, Maté expone que las palomas se adaptan rápido y recuerda que durante la pandemia tardaron muy poco en dejar de ir a la plaza Catalunya porque se tenían que buscar la comida. Entonces, se redujo la población, aunque remarca que tampoco tienen datos claros. En 2024 el Ayuntamiento detectó un total de 236 grandes alimentadores de palomas en la ciudad, algunos de los cuales podían llegar a darles hasta 15 kilos de comida al día. Por ello, Maté asegura que una de las principales medidas que ha tomado el consistorio ha sido la campaña de información y concienciación para hacer entender que alimentar a las palomas es una actividad que "no les hace ningún bien a los animales" y que tiene consecuencias para el entorno.
La concentración de palomas genera problemas como los excrementos, un cierto riesgo de zoonosis o un deterioro de las estructuras y el mobiliario urbano, entre otros
La directora de Servicios de Derechos de los Animales del Ayuntamiento enumera los problemas más habituales a raíz de la concentración de palomas en un espacio: "Molestias, excrementos, plumas, ruidos, un riesgo bajo de zoonosis, también de transmisiones de enfermedades entre las palomas con otras especies de aves, un deterioro de las estructuras y Ajuntament urbano y, por tanto, una necesidad de más inversión en limpieza para mantener el espacio limpio". La superpoblación también supone estrés para las aves por hacinamiento, posibles peleas y alimentar a las palomas hace que a menudo queden restos de comida esparcidos en las calles, generando suciedad y favoreciendo la presencia de insectos, ratas y ratones.
Entre las acciones llevadas a cabo que destaca Maté está la intervención en el entorno de la plaza de Folch i Torres, en el distrito de Ciutat Vella. Si en 2023 se habían observado 229 palomas, en 2024 el dato ya ascendía hasta los más de 600. "Pedimos a los imanes que los técnicos del Ayuntamiento pudieran acceder a las mezquitas [de la zona] para explicar por qué era conveniente no dar alimento a las palomas. Explicamos que entendíamos que los alimentos no se pueden tirar, pero que si los tiras al contenedor de la orgánica, esto genera un compuesto que vuelve a generar alimento. También intercambiamos inquietudes, abrimos espacio para que la comunidad nos pudiera trasladar inquietudes respecto al bienestar animal", explica la responsable municipal. Tras la intervención, la plaza Folch i Torres pasó a tener una media de 155 palomas.
"Cuando haces una tarea de información dirigida, y conoces las motivaciones del colectivo, los puedes interpelar directamente y es muy efectivo, porque entienden que son actores y promotores de una situación que genera problemas y quejas", resume Maté. También explica que se ha trabajado conjuntamente con el área de la Estrategia municipal contra la soledad, porque "hay gente que alimenta y que dice que los animales lo necesitan, que miran con cara de pena". Remarca que "estas personas están reflejando en la paloma su propio estado de ánimo".
Las hembras pueden hacer hasta nueve puestas
La directora del servicio municipal asegura que hay otras variables que influyen en el crecimiento de la población de palomas y que el Ayuntamiento también trabaja para regular. Hace años "había una bajada reproductora entre noviembre y marzo, pero con los tiempos se ha observado que antes de marzo ya empiezan a reproducirse y a hacer puestas". Maté detalla que las palomas ahora tienen una reproducción continua y que esto ha hecho crecer la población, una derivada de la crisis climátia. De hecho, comenta que es habitual encontrar hembras descalcificadas por la cantidad de puestas que han llegado a hacer. En este sentido, se han hecho tratamientos anticonceptivos para regular la reproducción de estos animales.
Finalmente, apunta que todas las tareas deben ir coordinadas porque, a pesar del control reproductivo, lo que sustenta una población es la disponibilidad de alimento y los puntos de nidificación. En la ciudad tienen muchos puntos donde hacer nidos, un aspecto que todavía está pendiente de ser regulado, pero sobre todo, tienen mucho alimento disponible. Hay que matizar, sin embargo, que la presencia de palomas en la ciudad en una cantidad que el ecosistema urbano pueda asumir, tiene efectos positivos, "aparte del gozo para las personas que les gusta observar a los animales y compartir espacio con ellos, también son alimento para otras especies que estamos potenciando que vuelvan a las ciudades, como los halcones", concluye Maté.


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