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Coronavirus ancianos El ejército de voluntarios que acompaña a distancia a los ancianos que viven solos el confinamiento

El acompañamiento rutinario de las personas mayores en soledad no deseada se ha transformado en llamadas telefónicas a diario.

El Ministerio del Interior reconoce que un gran número de las agresiones a ancianos en el ámbito familiar no llegan a denunciarse - Archivo
Ancianos.

En un momento en el que las cifras y los datos marcan las decisiones más cortoplacistas debido a las muertes y los contagios de coronavirus, todavía hay realidades que siguen ahí, esta vez mirando a la calle por la ventana. Se estima que en España hay dos millones de personas mayores de 65 años que viven solas, algunas de ellas con serias dificultades para socializar y sentirse incluidas en una sociedad demasiado frenética para alcanzar la mentalidad y la conciencia de aquellos que nacieron en la primera mitad del siglo XX.

El coronavirus es mucho más letal en la tercera edad. Es algo que se repite en todos los países del mundo. Por eso, organizaciones que ya venían realizando acompañamiento a los ancianos han reconfigurado su esquema de acción para intensificar su labor mediante llamadas telefónicas, incluso han surgido algunas iniciativas, tanto a nivel institucional como individual, debido al confinamiento por el coronavirus.

Minutos en compañía es el programa que se ha puesto en marcha en la capital, y que primero se extendió a toda la Comunidad de Madrid y después a Andalucía, aunando la fuerza de Voluntarios por Madrid y Adopta un Abuelo. Teniendo en cuenta que en la capital una de cada cuatro personas mayores vive sola, mediante un número de teléfono gratuito (919 490 111) atienden a todo el que lo necesite. Alberto Cabanes, director de Minutos en Compañía, explica así el procedimiento: "Cualquier persona que llama es atendida por una centralita, aunque todos están trabajando desde casa, y derivamos la llamada a una aplicación móvil que cada voluntario tiene instalada, así se pone en contacto el interesado con su interlocutor. Ninguno sabe el número del otro".

Poco después de la primera semana de la puesta en marcha de Minutos en Compañía, la iniciativa ya había recogido más de 4.200 llamadas y tenía en su haber 15 días de conversación, es decir, 360 horas de escucha por parte de la centena de voluntarios que empezaron con el programa y a los que pronto se sumarán doscientos más. En este caso, Cabanes acepta que el perfil de voluntario que han elegido tiene experiencia "por las llamadas tan difíciles que habrá que atender", esbozando así el perfil de la persona media que suele levantar el teléfono para sentirse acompañada: octogenarias y mujeres. "Pero esto también se debe a la denominada feminización de la vejez, ya que ellos suelen fallecer antes que ellas", relata el director.

Qué hacer ante la pérdida de sus rutinas

"Tienen miedo, no solo porque les pase algo a ellos, sino a sus hijos o nietos"

María Isabel Gilabert es voluntaria en Minutos en Compañía y ha recibido seis llamadas. Comenta que los ancianos "tienen miedo, no solo porque les pase algo a ellos, sino a sus hijos o nietos". "Tenemos muchos mayores que están solos aunque tengan familia; solo quieren hablar con alguien un rato. De hecho, muchas veces tienen más confianza hablando con personas que somos desconocidos que con sus propios seres cercanos", dice esta jubilada de 62 años no sin antes remarcar la "responsabilidad" que siente al escucharles y el sentimiento de gratitud que les muestra hacia ellos porque "se aprende mucho, sobre todo de su capacidad de sufrimiento, aguante y superación".

"Normalmente llaman con ansiedad porque están solos y no saben qué hacer ahora que se han roto todas sus rutinas, pero tras la conversación se quedan bastante tranquilos", agrega Adrián Peláez, voluntario de Adopta un Abuelo. Según este estudiante y camarero, los ancianos prefieren sentirse más escuchados que otra cosa porque no paran de darle vueltas a sus problemas y "todas sus preocupaciones se han agravado con el encierro en el que se encuentran las 24 horas al día". Peláez, que lleva tres años de voluntario en esta organización, comenta con cierto estupor que "algunas personas llaman incluso llorando, pero poco a poco se van calmando" a lo largo de la llamada, que suele durar unos 20 minutos.

Iniciativas individuales de proximidad

Adrián Peláez, voluntario de Adopta un Abuelo.

Otra forma de ayudar mucho más próxima es la que realizó Sandra León al poner en el portal de su lugar de residencia en Madrid un cartel en el que se ofrecía a ayudar durante el confinamiento a cualquier persona mayor que lo necesitara. "Ésta tan solo es una de las cientos de iniciativas individuales que se están realizando en todo el país. La idea surgió de la sensación de impotencia, del pensar cómo estará la gente vulnerable, especialmente los mayores", explica. Inspirada en otras iniciativas como coser mascarillas caseras o la recogida de los buzos para hospitales, puso el cartel al inicio del estado de alarma.

"Al final llamaron una pareja de ancianos que tienen a sus hijos viviendo lejos. Necesitan comprar alimentos y medicamentos, así que cuando salgo les acerco lo que necesiten", relata la politóloga e investigadora en la Universidad Carlos III de Madrid, que deja la compra en la puerta de la pareja en cuestión y una vez que se ha marchado éstos la abren y recogen los productos. En su portal también hay un cartel de un vecino odontólogo que ofrece sus servicios a aquel que los precisa, así como otra persona que se ofrece a ayudar en lo que sea, una dinámica que se repite en los portales de otras urbanizaciones aledañas a la de León, en el distrito madrileño de Aravaca. "Qué mínimo que acercar comida y medicamentos a los que no pueden o tienen miedo de salir de casa", reflexiona.

Tejido vecinal como algo imprescindible

Una de las asociaciones que ha reconfigurado sus rutinas es Grandes Amigos. Su portavoz, José Ángel Palacios, afirma que el grueso del voluntariado era el acompañamiento afectivo al anciano, como mínimo, dos horas a la semana. Esta organización, que pone el foco en la recuperación del tejido vecinal y el apoyo de proximidad, ha utilizado los grupos que ya tenía establecidos en cada barrio para aminorar la incidencia del confinamiento en los ancianos. Grandes Amigos cuenta con una experiencia de 16 años en Madrid, aunque la entidad tiene ámbito estatal, y en ella participan tanto mil personas de la tercera edad como mil voluntarios.

"Muchas veces, ellos que han vivido la guerra y la posguerra son quienes nos dan lecciones de fortaleza a los demás"

El perfil del voluntario medio de esta organización se sitúa en una mujer de 40 años que también trabaja, pero es tan diverso que entre sus filas hay voluntarios de 18 a 86 años. El acompañamiento físico que solían hacer, y al que en ocasiones también se agregaban algunas llamadas telefónicas, actualmente se ha truncado. "Esas llamadas que hacían antes individualmente, las hemos estructurado en un nuevo plan que continuará", aduce Palacios. "El feedback de los mayores es bastante bueno. Han comprendido la seriedad de la situación y, muchas veces, ellos que han vivido la guerra y la posguerra son quienes nos dan lecciones de fortaleza a los demás", añade el portavoz.

Dirigidos a mayores sin redes de apoyo familiar y vecinal, muchos de ellos con una situación complicada de salud y problemas de movilidad, desde Grandes Amigos se afanan en gestionar el aluvión de solicitudes de voluntarios que han tenido en estos días. Del mismo modo, también han lanzado una campaña de financiación para que los medios de los que disponen se vean fortalecidos y redunden en una mejor atención a los mayores.

"Lo importante es escuchar"

El colectivo Amigos de los mayores, presente en Aragón, Comunitat Valenciana, Catalunya y Comunidad de Madrid, acompaña a más de 2.000 ancianos mediante la ayuda de sus dos millares de voluntarios. "Aunque siempre hemos hecho acompañamiento en domicilios, hospitales y residencias, los equipos de acción voluntaria ahora se han convertido en plataformas de apoyo telefónico", cuenta Albert Quiles, el director gerente de la organización. De esta forma, él mismo asegura que no solo se han modificado los protocolos de actuación, sino que se han intensificado.

"Sin personas que hicieran esta función, la vejez sería mucho peor porque algunos piensan que están enfermos únicamente porque sienten soledad"

Desde el punto de vista de Quiles, el perfil del voluntario es muy variado, pero sobresalen las mujeres con estudios medios o superiores comprendidas entre los 40 y los 60 años. Por su parte, el director gerente señala que "muchas llamadas se han centrado en la escucha de los mayores, en tranquilizarles y resolver dudas, pero también en entretenerlos de alguna forma porque estar encerrados 24 horas al día aburre y cansa".

Así lo atestigua Anna Villalobos, una de sus voluntarias, que relata a Público lo duro que es escuchar cosas como esto que le dijo un anciano: "En mi casa hay tanto silencio que hasta lo escucho". Entre sus preocupaciones principales, apunta la voluntaria, está la incertidumbre sobre qué pasará o por qué no pueden salir de casa, pero también una gran preocupación por su familia. En su caso, afirma que las llamadas que ha hecho hasta la fecha han durado desde media hora hasta las dos horas, cumpliendo lo recomendado de estar mínimo 20 o 30 minutos hablando con el anciano: "Es muy necesario este voluntariado porque es un público muy olvidado. Sin personas que hicieran esta función, la vejez sería mucho peor porque algunos piensan que están enfermos únicamente porque sienten soledad", agrega Villalobos.

Amigos de los mayores ha abierto una segunda línea telefónica denominada Llamadas contra el silencio, en la cual gestionan todas las casuísticas relacionadas con el tema. Además, su función se centra en sensibilizar a la sociedad para que se mantenga comunicación con los ancianos más cercanos, para lo que han publicado una pequeña guía con procedimientos de cara a ayudar de la forma más satisfactoria posible a aminorar el sufrimiento de la soledad no deseada. Del mismo modo, han abierto la posibilidad de enviar mensajes de ánimo a los mayores que ellos después distribuirán entre quienes llamen. Igualmente, han hecho un llamamiento para realizar una donación a la entidad debido a la sobrecarga de demandas que tienen, "porque los recursos siguen siendo los mismos", recuerda Quiles.

Vuelta a la cartas tradicionales

Iniciativas Humanas es otra organización presente en Gran Canaria y Tenerife que, actualmente, se ha visto obligada a reconfigurar el acompañamiento que venían realizando. Según comenta a este diario Caridad Cuyán Jorge, su presidenta, los voluntarios llaman individualmente a gente anciana conocida; en el caso de la misma Cuyán, llega a marcar tres números de teléfono todas las tardes de personas de la tercera edad que viven solas. "Antes estábamos con cien residentes de un centro sociosanitario, pero con el confinamiento lo que hacemos es enviarles cartas, así que todos los días tienen un par de textos escritos por los voluntarios que les leen de forma grupal, ya que ellos no tienen móviles propios", señala la presidenta.

"Muchos de ellos están angustiados porque no entienden la situación y temen enfermar y no saber cómo actuar"

"Aunque la acogida de estas llamadas es una maravilla, muchos de ellos están angustiados porque no entienden la situación y temen enfermar y no saber cómo actuar", apunta Cuyán. Según sus cálculos, los cien voluntarios con los que cuentan en Iniciativas Humanas están realizando, en total, unas 40 llamadas diarias: "Muchas veces no es tanto hablar, sino dejar hablar y escuchar porque las personas mayores van directas a su problema, a expresar la angustia", enfatiza.

Una cuestión en la que coinciden todos es el agradecimiento de esta oleada de solidaridad para con los más mayores, pero advierten de que muchos de sus problemas ya estaban y seguirán estando cuando la crisis del coronavirus se supere: "La solidaridad está bien en un momento crítico como este, pero al ser cortoplacista lo que se debe reivindicar es el compromiso y una verdadera inclusión social de los ancianos", comenta Cabanes, el director de Minutos en compañía. "Esta crisis ha sido el detonante de una situación que ya veníamos palpando desde hace un tiempo. La falta de medios ante el coronavirus no es la causa de que al final se priorice una atención sanitaria en función de la edad", asegura Palacios, desde Grandes Amigos.

El propio Palacios va más lejos y denuncia que "hay un poso en la sociedad de que la vida de las personas mayores no vale lo mismo que las demás, a la vez de que se les estigmatiza e infantiliza en su día a día". En la misma cuerda se sitúa Albert Quiles, el director gerente de Amigos de los mayores, al recalcar que "las personas que ahora están acompañadas de forma telefónica ya estaban sufriendo soledad no deseada". Es Adrián Peláez, el voluntario de Adopta un abuelo, el que mejor ejemplifica este postulado: "Está muy bien que hoy les hagamos la compra, pero si hoy no pueden, igual mañana tampoco".

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