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Economía Los fondos buitre amplían su presencia en los sectores que más disparan los precios: banca, ladrillo y energía

Las entidades de capital riesgo intensifican su actividad en España, que vuelve a los niveles previos a la pandemia mientras crecen sus participaciones en los ramos que más están castigando el bolsillo de los ciudadanos.

Vista del patio de negociación de la Bolsa de Madrid. EFE/ Altea Tejido Sánchez
Vista del patio de negociación de la Bolsa de Madrid. Altea Tejido Sánchez / EFE

Los fondos buitre están aumentando su presencia en la banca, la energía y el ladrillo coincidiendo con la escalada de los precios de venta de sus productos y servicios, cuya tendencia alcista  lleva meses castigando los bolsillos de las familias al tratarse de artículos de primera necesidad a cuyo consumo, como ocurre con los alimentos, un ramo en el que también están ampliando sus posiciones, resulta prácticamente imposible renunciar.

¿Que esta pasando con la energía?

Los registros de la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) muestran cómo los fondos y los bancos extranjeros han aumentado su participación en las dos principales empresas españolas del sector del gas: Enagás y Repsol. En la primera, en la que ya controlan el 19%, la entidad financiera francesa Credit Agricole superó a finales de julio el 3%, mientras que en la segunda, donde su presencia alcanza el 16,5%, Amundi, el principal fondo europeo con 1,7 billones de euros en activos, alcanzó en febrero el 4,5 mientras el estadounidense Black Rock, que mueve inversiones por más de cinco billones de dólares por todo el mundo y está presente en buena parte de las principales firmas españolas, llegó en agosto al 5,2%.

También ha habido movimientos en el sector eléctrico: Fidelity, uno de los principales fondos de pensiones del mundo, se hacía en febrero con algo más del 1% de Endesa mientras Norges Bank, el banco central de Noruega, alcanzaba en abril el 1,4% de Naturgy, empresa que ya tiene casi dos tercios de sus acciones en manos de grupos inversores extranjeros como CVC, el líder mundial en capital riesgo; el luxemburgués Dato Capital, en este caso a través de su filial Gip III Canary, o Global Infraestructure Management, con un 20% cada uno. La presencia alcanza el 17% en Iberdrola.

Esos movimientos, que también se han dado en Solaria, la principal firma eléctrica española que solo opera en el sector de las renovables, en la que seis fondos ostentan algo más de la sexta parte del capital social tras haber ampliado sus posiciones este año, coinciden en el tiempo con un histórico encarecimiento de la electricidad y del gas  que va a mantenerse durante varios meses y, también, con una mejora de los resultados de las empresas que operan en esos sectores.

¿Qué ocurre en el ladrillo?

Algo similar, según la misma fuente oficial. En este caso los movimientos de ampliación de las participaciones se han producido en la inmobiliaria Colonial, donde los fondos copan la mitad del accionariado y donde han avanzado posiciones en lo que va de año Black Rock, PGM y Qatar Investment Autorithy, el fondo soberano de ese petroestado, y también en ACS, donde la primera de esas entidades ya controla más del 5%, y Ferrovial, donde además de esta, que ya supera el 3%, han realizado movimientos Fidelity (2%), el inversor estadounidense Christopher Hohn (5,6%) y el fondo Children.

Esas operaciones coinciden con un calentamiento del mercado inmobiliario, varios de cuyos indicadores apunta a que comienza a encaminarse hacia una nueva burbuja, y se producen en vísperas de la llegada del grueso de los fondos europeos, una de cuyas líneas se dirige a la construcción y la mejora de infraestructuras de transporte.

¿Qué sucede en la banca?

Tres cuartos de lo mismo: Black Rock se ha movido en CaixaBank (3,6%) y en Sabadell (3,4%) mientras en Bankínter lo hacían Fidelity (1,06%) y el alemán DWS (3,4%). Eso ocurre en vísperas de que los fondos de la UE provoquen una movilización de 40.000 millones en créditos bancarios hasta 2023 y la de 80.000 más en los tres siguientes, según las estimaciones del banco catalán, y mientras el continuo aumento de las comisiones encarece el acceso a los servicios financieros al mismo tiempo que se consolida como una de las patas fundamentales  del negocio.

¿Los fondos miran los precios o las expectativas de negocio?

No está claro: ocurre como en el dilema del huevo y la gallina, aunque sí resulta llamativa la coincidencia de ambas posibilidades con el momento y el escenario de su actual expansión, que se ve favorecida por la abundancia de liquidez que están generando las políticas monetarias de la UE, que les facilita la captación de fondos como también lo hacen las bajas rentabilidades de los productos bancarios.

"La liquidez es brutal, les está viniendo muy bien la política monetaria del BCE, y lo que buscan es rentabilidad; lo que les interesa es una rentabilidad financiera", explica el economista Carlos Sánchez-Mato, que destaca cómo "la enorme liquidez que existe empuja esa operativa", a lo que se suma la posibilidad de "captar más recursos de inversores por la baja rentabilidad de los productos financieros".

¿Hay movimientos en otros sectores?

Sí, los fondos de inversión han aumentado sus participaciones en 20 de las 35 empresas del Íbex en lo que va de año, algo que ha ocurrido en ramos como la industria (Acerinox y CIE), la movilidad (Aena y Amadeus), la química (Grífols y Viscofán) y las tecnológicas (Cellnex, Indra y Telefónica).

¿Cómo funciona un fondo?

Básicamente, se dedican a captar recursos de inversores, ya sean institucionales, bancos o particulares, con el objetivo de obtener rendimientos en ciclos que normalmente se sitúan en el entorno de los cinco años. La operativa consiste en invertir en empresas, capitalizarlas y lanzar sus negocios para, después, vender esas participaciones revalorizadas para obtener unos beneficios que se suman a los dividendos que puedan haber ido cobrando en esos años y que son los que, deducida su parte, se reparten a los inversores.

A menudo el objetivo de rentabilidad alcanza el 10% anual, algo que, por su desmesura, está provocando la generalización de lo que se ha dado en llamar "la financiarización de la economía", un modelo en el que no se buscan inversiones estables y duraderas sino beneficios a corto y medio plazo a base de reducir los costes y aumentar las ganancias por la vía de los márgenes, algo que no siempre resulta sostenible para las empresas.
En ocasiones sus plazos de permanencia en el accionariado de las empresas están limitados en sus propias normas internas.

¿Cómo entran en las empresas?

Por dos vías: la adquisición de acciones en la bolsa en el caso de las cotizadas y negociaciones bilaterales con los propietarios cuando se trata de sociedades que no cotizan.
"La liquidez les da una enorme capacidad para tomar posiciones cuando hay correcciones en el mercado", anota el economista, que se muestra crítico con el empleo de estos formatos por la banca y las instituciones monetarias para crear dinero mediante la canalización del crédito. "¿Por qué no se hace a través de las pymes? Nada lo impide", señala.

¿Cuál es la actividad de los fondos en España?

Sus operaciones de inversión arrojan un saldo positivo de 13.371 millones de euros en los últimos ocho años, según los datos de ASCRI, la patronal del capital riesgo en España, que también revelan una tendencia ascendente hasta 2019 que se interrumpió con la pandemia, con la que el crecimiento del 42% de 2019 (de 6.013 a 8.527 millones) se convirtió en un retroceso del 26% (6.275) aunque con una afección menor (16%) al saldo entre inversiones y desinversiones.

Ese patrimonio de 13.371 millones de euros en participaciones en empresas con el que cerraron el ejercicio de 2020 equivale al 1,12% del PIB español de ese año. La actividad económica desplegada a partir de esas posiciones es prácticamente imposible de calcular.

Su actividad inversora ha vuelto a crecer este año en relación con el anterior, con casi 400 operaciones de inversión que suman algo más de 2.000 millones de euros entre enero y junio y 139 salidas por valor de 1.016, lo que deja un saldo de 1.041. No obstante, los registros siguen por debajo de los de 2019.

El grueso de la actividad la desarrollan las entidades con sede en otros países, que en los últimos ocho años han venido movilizando entre dos tercios y tres cuartos de los fondos cuando el volumen de las operaciones era de entre la cuarta y la sexta parte del total.

¿La presencia de los fondos es nueva?

Para nada. La primera experiencia se remonta a la irrupción del fondo soberano kuwaití KIO a finales de los años 80. "Los fondos de inversión y los fondos soberanos llevan décadas entrando en la economía española", señala Sánchez Mato.

Lo que ha crecido es su presencia, que no se reduce a las grandes empresas del Íbex35 sino que se extiende a toda la escala del tejido productivo. De hecho, el grueso de las operaciones (344 en el primer semestre de este año, 334 en el de 2020) no alcanza los diez millones de euros y más de 300 no llegaron al millón.

¿Cuántos tipos de fondos hay y cuáles están más en España?

Básicamente, tres: los ‘estándar’ que captan liquidez privada y la canalizan, los soberanos que invierten los recursos de un Estado en otros territorios y los de pensiones, a los que, por las similitudes de la operativa, se puede añadir a los bancos de inversión.

El calificativo de ‘fondo buitre’se le aplica a cualquiera de ellos cuando se dedica a hacerse con empresas en crisis o a intervenir en mercados de bienes de primera necesidad como la vivienda, la energía o los alimentos.

Sin duda, Black Rock y Fidelity, los principales del planeta en los dos primeros formatos, a los que se añade Norgest, que en la práctica resulta ser un híbrido de fondo soberano y banco de inversión, son los que tienen mayor presencia en España al extenderse a más de la mitad de las firmas del Íbex35.

¿Cuál es la vía de entrada de los fondos?

En la mayoría de las ocasiones los fondos basan su actividad en la adquisición de acciones en la bolsa y en el rastreo del mercado para localizar lo que consideran oportunidades de inversión, aunque también actúan de manera coordinada con las administraciones.

De hecho, el ICO mantiene abiertas tres líneas de colaboración con fondos de inversión a través del programa Axis, que dispone de tres líneas, una global, otra para pymes y una más centrada en las infraestructuras con las que ha movilizado casi 5.000 millones de euros y a las que se va a sumar otra llamada Next Tech cuyo objetivo consiste en complementar a los fondos europeos con inversiones en empresas dedicadas a la tecnología y la inteligencia artificial.

El programa, que comenzó a operar en 1986, combina la atracción de fondos, tanto españoles como extranjeros, para canalizar sus inversiones, a menudo complementadas con recursos públicos, con la participación en las propias entidades foráneas como medio para atraerlas.

"Los fondos son vehículos de inversión e intentamos atraerlos. Se trata de movilizar capital privado que complemente al público para canalizarlo hacia empresas españolas", explican fuentes del ICO, que señalan tres objetivos como los fundamentales: impulsar el sector del capital riesgo en España, estimular la inversión privada y atraer capital extranjero.

¿Los fondos garantizan éxitos?

No. Cualquier negocio tiene entre sus variables el riesgo y no son una excepción. De hecho, en los últimos días se ha conocido cómo Azora, un fondo que opera en el sector de la vivienda que se hizo con 3.000 viviendas públicas en Madrid  en una polémica operación que han acabado tumbando los tribunales, ha entrado en pérdidas por sus menores ingresos y la depreciación de sus activos, según adelantó Cinco días.

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