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Educación privada El modelo educativo con el que estudiarán los jefes de nuestros hijos

Mientras la inversión en la educación pública baja, la educación privada empieza a insertar métodos de enseñanza que aspiran a desarrollar las capacidades de los estudiantes para que sean los líderes del futuro.

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Una niña jugando en la escuela El Dragón. FERNANDO SÁNCHEZ.

En Torrelodones, un pueblo del norte de Madrid, está afincado El Dragón. Un colegio privado fundado en 2012, con una cuota de 500 euros al mes, bilingüe y que rechaza los métodos de educación tradicionales. Mientras tanto, la educación pública nacional tiene una inversión por estudiante más baja que la mayoría de Estados de la OCDE.

El Dragón está supeditado al NEASC, una homologación estadounidense que le permite no regirse únicamente bajo los estándares españoles. Abogan por un estilo de democracia orgánica, donde todo el mundo, alumnos incluidos, tienen opinión sobre el devenir del centro. Además, cada estudiante organiza su tiempo como quiere y acude a las clases que elija, pudiendo incluso no asistir a ninguna, salvo las designadas como obligatorias por el sistema educativo madrileño.

Barbara Serrano, directora del colegio, se decanta por un cambio total en la manera de afrontar la educación de los niños y niñas: “Queremos que tengan habilidades personales, que sean capaces de transformar la realidad. Estamos más interesados en el desarrollo de habilidades que en la adquisición de contenidos”, cuenta.

Bárbara Serrano, directora de El Dragón. FERNANDO SÁNCHEZ

En el salón central tienen colgada una bandera LGTBI, dan clases de defensa personal y hacen hincapié en que la comida que llega a los platos de los alumnos sea ecológica. Rechazan educar bajo cualquier paraguas ideológico o religioso, lo que ha supuesto que haya familias que no encajen en este colegio: “Al feminismo aquí lo llamamos coeducacion. Queremos que la escuela esté exenta de política y religión, no queremos influir en los chicos y chicas, porque cualquier cosa que les digamos les puede marcar. Sin embargo, es inevitable que, cuando crees en la libertad y en los derechos humanos, de alguna manera eso conecte con alguna ideología, así que hay familias que aquí no terminan de encajar. Nosotros educamos en igualdad, y lo llevamos al extremo. Vivimos en una sociedad totalmente sexista con roles de genero muy marcado y cuando vemos que eso pasa, tomamos medidas y acciones, pero no desde la ideología, sino desde la igualdad y libertad. Si eres una niña y estás todo el rato eligiendo faldas y tacones, debes saber que limitan el movimiento y tus músculos no se van a desarrollar bien. La coeducación es básica para nosotros”, asegura la directora.

"Si eres una niña, debes saber que cierta ropa te está limitando el movimiento y tus músculos no se van a desarrollar bien"

Los alumnos de El Dragón no tienen deberes, a no ser que tengan una motivación personal y se los pidan a sus profesores. Eso es algo que gusta mucho y de lo primero que comentan, pero a la pregunta de si ellos han pedido alguna vez trabajo para hacer en casa, dos amigos se miran, sonríen con picardía y responden un rotundo no.

Comedor del centro educativo El Dragón. FERNANDO SÁNCHEZ

¿Un colegio de para las élites?

La cuota de inscripción limita el acceso a familias de clase media, las expectativas que se ponen sobre los alumnos, la ambición de desarrollar las capacidades de los alumnos hasta nuevas cotas, la mirada siempre puesta en EEUU... Todas estas cuestiones llevan a preguntar a profesores y padres si este colegio prepara a un pequeño grupo de jóvenes para ser la élite del futuro, los jefes de los niños que crezcan en la escuela pública. Si una familia española tarda 120 años en convertirse en clase media, este tipo de brechas pueden acrecentar aún más las diferencias. A fin de cuentas, según el informe PISA de 2015, la Comunidad de Madrid es la segunda región europea con mayor segregación en centros educativos de secundaria por motivos económicos.

Sabedores de esta presión, el centro intenta lidiar con las expectativas que, involuntariamente, se genera sobre ellos: “Cuanto mayores son los niños, más expectativas tienen sobre sí mismos, pero cuando llevan un curso o más ya van descubriendo la realidad, porque conocen sus puntos fuertes y débiles, por lo que les dan un baño de realidad”, asegura la directora.

Interior del colegio El Dragón. FERNANDO SÁNCHEZ.

Otro profesor, en cambio, es más idealista al respecto: “Los niños que salgan de aquí son el futuro, los que hagan las empresas y adapten las empresas a la medida de sus posibilidades”, dice Santiago Benítez, maestro del colegio. La directora intenta humanizar el proyecto, buscar los grises en torno al proceso educativo. “No tenemos como meta hacer genios y creadores de Apple, sino que sean genios en su terreno, aunque esto acaba generando inevitablemente, otros objetivos más farónicos”, asegura.

Los motivos de los padres

¿Qué lleva a los padres a cambiar a sus hijos de centro para acabar en El Dragón? “Mis hijos habían dejado de sonreír, se les había olvidado lo que era la calle, tenían muchos deberes... y eran pequeños aún. Eso fue lo que me empujó a cambiar. El detonante fue con mi hijo mayor, ya que vinieron a decirme que era un niño que no iba a destacar nunca y lo encasillaron, con 11 años”, cuenta Agatha Bolibar, una madre que lleva a sus dos hijos a este centro. Esta mujer asume el sobrecoste que eso supone para sus gastos mensuales como puede: “Podemos pagarlo, pero está involucrada parte de la familia. Ellas pagan un niño y nosotros otro”, arguye.

Un poco diferente es la historia de Heydi Martínez, nacida en Venezuela, que apuntó a su hija a El Dragón por la carga de deberes que vivía en la escuela convencional. "Mi hija es superdeportista y está federada, es bastante buena, y a veces no iba a entrenar por la cantidad de deberes. Ella quiere ser una deportista de élite y la escuela convencional no le sirve para lo que busca. Ahora va a poder hacer lo que quiere, y probablemente la bequen para ir a Estados Unidos", cuenta por teléfono. 

¿Es un modelo viable en la escuela pública?

"A gran escala, con un colegio masificado, este proyecto no es viable"

En The Wall, la película escrita por Roger Waters, miembro de Pink Floyd, se veía a los niños desfilar por una pasarela hasta ser convertidos en carne picada. Esta metáfora y crítica sobre el sistema educativo tradicional marcó a una generación que ha buscado desesperadamente modelos alternativos a pasar ocho horas al día sentados, aprender las tablas de multiplicar cantando y a los escritores más importantes de la historia de carrerilla.

Mientras la universidad pública pierde un docente al día y la privada gana cuatro, mientras la inversión se reduce y mientras el sistema tradicional cada vez tiene más detractores que tachan de obsoleto el modelo, la cuestión gira en torno a qué decisiones tomarán los ministerios y consejerías de Educación.

Isabel Galvín, Secretaria General de Enseñanza de Comisiones Obrebras (CCOO) de Madrid, ve una estrategia de fondo en todo esto: "La Consejería de Educación madrileña desarrolla políticas que constriñen a la educación pública para avanzar en nuevas metodologías. Hay una dinámica para que la educación no se salga de la LOMCE, un formato totalmente obsoleto. Desde Esperanza Aguirre se ha buscado un sistema educativo segregado, donde no se garantiza a todos los niños las mismas oportunidades. Los ideólogos de la educación madrileña no piensan los estudios para las clases medias", critica. 

"El colegio público Blas de Lezo pretendía tener un modelo parecido, pero cambiaron la dirección"

Además, Galvín pone el foco sobre aquellos colegios e institutos que intentaron llevar a cabo alternativas educaciones, que rápidamente fueron desmanteladas, e incluso sancionadas, desde el Gobierno de la Comunidad: "Los centros públicos también proponen proyectos de innovación. El colegio Blas de Lezo, en Las Tablas, pretendía tener un modelo parecido al de El Dragón, pero rápidamente cambiaron la dirección", denuncia.

La gran pregunta es si este tipo de educación podría ser pública, o bien España seguirá apostando por el modelo tradicional: "Nuestro modelo es extrapolable a gran escala, pero en pequeños grupos. Nuestra escuela tiene como máximo capacidad para 220 alumnos, es el número perfecto. Para extenderlo tendría que haber muchos colegios así en cada Municipio, no un gran colegio. A gran escala, con un colegio masificado, este proyecto no es viable. Nuestro cerebro está diseñado para que podamos manejar una comunidad de entre 150-300 individuos. Cuando es menos se produce desidia y cuando hay más nos sobrepasa. Podría llevarse al sistema público, pero habría que tirar la estructura por completo y rehacerla entera”, asegura su directora.

Salón central del colegio El Dragón. FERNANDO SÁNCHEZ

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