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Las enfermedades escondidas durante el confinamiento

Los infartos de miocardio y los ictus llegaban con más gravedad a urgencias, y algunos pacientes de cáncer tuvieron que pausar sus tratamientos. Poco a poco todo vuelve a la normalidad y los médicos aseguran que están preparados para un posible rebrote.

Personal sanitario atiende a un paciente afectado por la COVID-19, el 2 de julio de 2020, en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, en Santiago (Chile). EFE/Alberto Valdés
Personal sanitario atiende a un paciente afectado por la COVID-19, el 2 de julio de 2020, en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, en Santiago (Chile). EFE/Alberto Valdés

PAULA ERICSSON

La llegada de la pandemia hizo que los centros hospitalarios se dedicaran en casi un 90% a la covid-19 en Catalunya. Durante tres semanas, el nuevo virus acaparó los esfuerzos del personal sanitario, pero los enfermos con otras dolencias seguían ahí. Los pacientes de ictus e infartos de miocardio acudieron menos a urgencias, y eso tuvo consecuencias que ya se han empezado a revertir.

La directora del servicio de urgencias del Hospital de Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, Mireia Puigcampany, explica a El Quinze que disminuyó la asistencia de los enfermos que normalmente venían a los servicios de urgencias del centro clínico cuando, debido a su sintomatología leve, debían dirigirse a centros de atención primaria. "Creo que buscaron ayuda de forma telefónica o fueron atendidos en los ambulatorios", supone la experta, quien valora positivamente la responsabilidad de la ciudadanía.

Ahora bien, esta responsabilidad también se convirtió en miedo, ya muchas personas temían ir al hospital por el riesgo de infectarse, aunque hay otras explicaciones. Según Puicampany, la literatura científica afirma que procesos como los ictus o los infartos agudos de miocardio se han reducido durante el confinamiento, así como los accidentes de tráfico, en parte por la falta de actividades sociales y la caída de la movilidad. "Si la gente no va a partidos de fútbol no tienen infartos cuando van al campo", comenta la experta. Asimismo, Puigcampany añade que es posible que los enfermos "hayan pasado el proceso en casa intentando minimizar los síntomas por miedo de ir al hospital e infectarse".

Así pues, el coronavirus redujo las urgencias leves y las más graves, como ahora los ictus. El neurólogo y coordinador de la unidad de ictus del hospitall Vall d’Hebron, Carlos Molina, apunta que durante las tres primeras semanas de confinamiento -en comparación con el mismo periodo del 2019- hubo una disminución de un 25-30% de pacientes con ictus. Este fenómeno también se ha dado en el resto de países europeos y en Estados Unidos. Durante ese tiempo detectaron una reducción del número de ictus leves, pero los ictus más graves llegaban con peores síntomas. "Venían aquí dos días después de tener un ictus. Esto no lo veíamos desde los años 90", lamenta.

A parte del miedo a infectarse, el confinamiento provocó que muchas personas que vivían solas dejaran de tener compañía. Eso generó que nadie pudiese detectar los síntomas de un ictus si lo sufrían -reír, torcer la boca, no poder levantar el brazo, que se le trabe la lengua, no poder mover la mitad del cuerpo, pérdida de sensibilidad o pérdida brusca del campo visual- y llevarlas al hospital.

Molina remarca que el hospital de Vall d’Hebron facilitó "una vía limpia y rápida para las patologías urgentes" como el infarto de miocardio y el ictus "desde el primer día". Además, asegura que las salas que han funcionado desde el inicio de la pandemia con "total normalidad" ha sido la unidad de ictus y la cardiovascular. En ese aspecto, el jefe de servicio de cardiología del hospital Vall d’Hebron, Ignacio Ferreira, añade que ningún paciente que consultara por un infarto dejó de ser atendido. "Lógicamente, la rapidez con la que se hicieron todas las exploraciones y la atención no es la misma que en las épocas habituales", reconoce. Como pasó con el área de ictus, también hubo una bajada "muy importante" en el área de Ferreira. En el caso de los infartos la reducción fue entorno al 40%, y en las urgencias cardiovasculares -que consultan directamente a las áreas hospitalarias de urgencias- la atención cayó más del 70%.

Como pasó con los ictus, las urgencias de cardiología tuvieron casos excepcionales, ya que los pacientes no iban al hospital aunque notaran síntomas. Eso provocó que los enfermos llegaran en peor estado. "En el área de Barcelona, en una semana observamos cinco infartos complicados con rotura cardíaca, cosa que no veíamos desde casi una década", recuerda Ferreira. El doctor insiste en que los pacientes con patologías previas pueden consultar con su cardiólogo cuándo deben ir a urgencias. Por otro lado, remarca que cualquier individuo que tenga un dolor en el pecho opresivo que no cede al cabo de minutos y que va acompañado de náuseas, sudor o sensación de falta de aire debe acudir "inmediatamente" a urgencias.

Retraso controlado en los tratamientos de cáncer

Pese a que los ictus y los infartos de miocardio fueron las áreas que más cambio notaron en urgencias, hay otras que también se vieron afectadas. El jefe de oncología médica del Hospital Vall d'Hebron, Josep Taberneros, subraya que los enfermos que podían aplazar sus tratamientos los pausaron durante las tres semanas de crisis sanitaria. Aunque ahora todos los pacientes están con el tratamiento al 100%, en ese periodo se redujeron hasta el 50%. Las pruebas de diagnóstico o algunas cirugías se frenaron, pero Taberneros asegura que durante los meses de mayo, junio y julio se está doblando la actividad para recuperar la normalidad y que la lista de espera se normalice el próximo 31 de julio. Taberneros recuerda que el tiempo de espera de las cirugías está regulado por el Departament de Salut, y en principio entre el primer síntoma de cáncer y el primer tratamiento -que en muchos casos es la cirugía- no pasan más de 30 días.

Por otro lado, el jefe de oncología médica del Hospital Vall d'Hebron comenta que los pacientes que estaban en proceso de diagnóstico sí que han tardado más en recibir los resultados. Ahora bien, cuando los gabinetes médicos y de radiología se reactivaron se pudieron volver a hacer todas las pruebas diagnósticas.

El mensaje de los cuatro expertos es el mismo: todo vuelve a la normalidad y, en el caso que hubiese un rebrote este otoño, están preparados para hacer frente a la pandemia. "Hemos aprendido cómo tratar a los enfermos, cómo se hacen los procesos dentro de los hospitales para separar las áreas, y yo creo que no va a volver a pasarnos lo mismo", asegura Taberneros.

El miedo a los hospitales continúa

Algunos pacientes no acuden a las citas con sus médicos porque aún consideran que los hospitales son focos de contagio. Pese a que los especialistas están concertando visitas telemáticas, hay algunas consultas que deben ser presenciales. "Todavía ahora tenemos que llamar a algunos enfermos a casa porque no vienen", explica el oncólogo Josep Taberneros. El neurólogo Carlos Molina asegura que no ha habido ningún contagio intrashopitalario en Vall d’Hebron dentro de la unidad de ictus. Aunque destaca que las consultas telemáticas han sido muy bien recibidas, también por las personas mayores, repite que es seguro venir a los hospitales y pide a los pacientes que no se queden en casa.


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