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El éxito fulgurante del cannabis light en Francia

En los últimos meses han abierto más de un centenar de comercios que venden CBD, una variante del cáñamo sin efectos estupefacientes, que se encuentra en un limbo legal.

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Varias plantas de cannabis en una imagen de archivo. EFE

"Yo sólo vendo infusiones, esto es para consumir en casa". Tras haber despachado un saquito de plástico con cannabis ultralight, Pierre Gozlan, 30 años, despide a la mayoría de sus clientes con esta frase. Como han hecho decenas de comerciantes durante los últimos meses en Francia, abrió a finales de junio en el centro de París una tienda de cannabis considerado "legal". Es decir, no sobrepasa un 0,2% de tetrahidrocannabinol (THC), el componente del cannabis con efectos psicoactivos. Estas tiendas de cannabis ultralight están causando furor en Francia.

Más de un centenar de este tipo de comercios han abierto durante los últimos meses en el país vecino. Además, "entre 100 y 200 estanqueros han empezado a vender productos con cannabis light", asegura Olivier Bertrand, médico adictólogo y fundador de la asociación NORML, favorable a una reforma de la legislación francesa sobre el cannabis, cuyo consumo está duramente penalizado. Después de que abriera la primera tienda en noviembre del año pasado en Besançon, en el este del país, un efecto de moda ha hecho que proliferen por toda Francia los establecimientos que comercializan productos con cannabidiol (CBD), un componente con efectos terapéuticos, que no está considerado como un estupefaciente.

"Vendo cremas, pasta de dientes, aceites, miel", además de saquitos con resina, polen y flores, que pueden ser tomadas como una infusión o fumadas, explica Gozlan. El precio de un gramo varía entre 10 y 16 euros. No se puede consumir in situ. Hasta hace un par meses, Gozlan trabajaba en una auditoría, pero aprovechó un paro profesional, antes de empezar un nuevo contrato en otra empresa, para dedicarse a su pasión por el cannabis: "fumo marihuana desde que tengo 15 años". "Vienen numerosos doctores y personas que toman cannabis de forma terapéutica, hartas de aliviar el dolor con morfina", afirma, mientras despacha a los clientes de su modesta tienda, apenas amueblada, conocida como el "Lab du bonheur" (el laboratorio de la felicidad).

La sucesión de clientes es constante en esta tienda situada a menos de diez minutos a pie de la céntrica Plaza de la República, en el cada vez más gentrificado distrito XI de la capital francesa. La mayoría de sus clientes son hombres, desde jóvenes hasta adultos que superan la cincuentena. "Hoy me han desvalijado", bromea Gozlan a los clientes que llegan pasadas las siete de la tarde, contento de haber vendido casi todo su stock una hora antes de cerrar.

"Siempre es mucho más seguro comprar un tipo de cannabis que sea legal, cuya composición esté controlada por científicos. En el mercado ilegal, los vendedores se entretienen añadiendo vidrio o arena en la planta de marihuana para incrementar su peso", asegura Victor C., 25 años. Este joven informático, con larga melena y vestido con camiseta y pantalones negros, acudió a esta tienda de cannabis "legal", "ya que el principal motivo por el que consumo es el gusto".
"Gracias al CBD conseguí dejar de fumar porros de marihuana", presume Manu Levy, 41 años, mientras termina de liar su cigarrillo de cannabidiol en una esquina al lado del "Lab du bonheur". Para este agente comercial, que no descarta "abrir pronto una tienda de cannabis ultralight", el CBD sirve "como un antidepresivo, pero sin los efectos secundarios de los medicamentos".

¿Un producto legal?

Según el fundador de la asociación francesa NORML, "si el cannabidiol es dosificado por un médico, puede convertirse en un medicamento". "Estudios médicos han demostrado sus efectos anti-epilépticos, anti-psicóticos y anti-ansiolíticos", añade. En cambio, para la asociación SOS Addictions, "no se trata ni de un medicamento ni de una droga". "Es probable que muchos de los nuevos consumidores de CBD terminen decepcionados, ya que no tiene los efectos euforizantes buscados", reconoce Bertrand de NORML.

Tanto por la novedad, como por un efecto de moda, las nuevas tiendas de cannabis ultralight en Francia han tenido un éxito fulgurante. Incluso algunos de estos comercios se hicieron famosos por las largas colas que se formaban en su entrada. "Cada vez que se produce una brecha en la legislación que prohíbe el cannabis, la sociedad la aprovecha lo máximo posible", defiende Renaud Colson, catedrático de derecho en la Universidad de Nantes. Según este especialista en el derecho de las drogas, el furor causado por las tiendas de cannabis "ultralight" reflejan “el deseo incipiente de los sectores progresistas de la sociedad francesa de ganar terreno en la defensa de la legalización del cannabis”.

La mayoría de las tiendas francesas de cannabis ultralight se abastecen en Suiza, donde el cannabis light fue legalizado en 2011. El desarrollo de la industria del CBD en los últimos años ha dejado la legalización francesa casi obsoleta. O al menos en una situación de ambigüedad jurídica.

"No hay una lectura clara de la legislación francesa sobre esta cuestión, ni siquiera los jueces hacen la misma interpretación", reconoce Yann Bisiou, profesor en derecho privado y ciencias criminales en la Universidad Paul Valéry de Montpellier. Según este experto en el derecho de la droga, "considero que el CBD sí que es legal, ya que la legislación francesa autoriza los productos con menos de un 0,2% de THC. Pero siempre que reúna dos condiciones: no puede ser vendido como una droga ni para ser fumado, pero tampoco como un medicamento".

La legislación de la Unión Europea autoriza, además, la producción agrícola y el comercio de las plantas de cáñamo (la planta del cannabis), con la condición de que el componente del THC sea inferior al 0,2%. No obstante, esta ley europea "se impulsó para favorecer la producción y el comercio de cáñamo destinado a la alimentación animal y la industria textil", recuerda Colson.

El gobierno francés apuesta por la mano dura

Ante el éxito fulgurante de las tiendas de cannabis light, sin embargo, las autoridades francesas apuestan por la mano dura. El departamento interministerial de la lucha contra las drogas y las conductas adictivas (MILDECA), que depende del primer ministro, defendió a mediados de junio que "cualquier producto que contenga CBD obtenido de la planta de cannabis está prohibido, exceptuando algunos casos". Pero estas excepciones serían sólo "los medicamentos autorizados" por la agencia nacional francesa de seguridad de los medicamentos, informó la MILDECA en su comunicado.

"Tendremos que revisar la legislación y ver como ponemos un poco de orden en todo esto", declaró la ministra de Sanidad, Agnès Buzyn. "Pienso que (estas tiendas) cerrarán durante los próximos meses", aseveró. Desde finales de junio, cuatro tiendas parisinas ya han sido cerradas y sus responsables imputados por "transporte y uso de estupefacientes", informó la AFP.

"Las autoridades francesas tienen una visión sentimental sobre la cuestión del cannabis", lamenta Bisiou, quien recuerda que "el derecho francés es uno de los más restrictivos en materia de drogas en toda Europa". Una legislación estricta que no ha impedido que Francia sea el mayor consumidor de cannabis en el viejo continente. "Un 42% de los adultos de entre 18 y 64 años aseguraba en 2016 haberlo probado al menos una vez en su vida", según un estudio del Observatorio francés de drogas y de toxicómanos.

Siguiendo la misma lógica punitiva de los diferentes gobiernos en los últimos treinta años, el ejecutivo de Emmanuel Macron impulsa una modificación cosmética sobre la legislación del cannabis. Esta introducirá una nueva sanción: el pago de una multa de 300 euros a los consumidores de cannabis, a cambio de no ser juzgados ante un tribunal. Una medida conservadora a las antípodas de la despenalización impulsada en Uruguay, California o Canadá, donde la marihuana será legal a partir del 17 de octubre. "Macron se presenta en la escena internacional como un liberal progresista, pero su posición sobre el cannabis es reaccionaria", lamenta Colson, que también ejerce como investigador en el Instituto universitario sobre la toxicomanía de Montreal.

"Obviamente, tengo miedo de que me cierren la tienda", reconoce Gozlan desde el mostrador de su tienda. “Pero voy a luchar para que progrese este sector”. En Francia, la disputa por el cannabis light ha empezado.