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El futuro incierto del agua en Catalunya

La emergencia climática estrechará más el acceso a agua potable en todo el Mediterráneo. Este fenómeno se agrava por un modelo de abastecimiento que permite la explotación de grandes cantidades de agua por parte de empresas privadas, así como la falta de protección de los acuíferos.

Riu Llobregat, al seu pas per Berga. Imatge del 9 de maig del 2019.
Riu Llobregat, al seu pas per Berga. Imatge del 9 de maig del 2019. Estefania Escolà / ACN

La emergencia climática estrechará más el acceso a agua potable en todo el Mediterráneo, donde las sequías ya son comunes y el aumento de temperatura será pronunciado. Este fenómeno se sobrepone a un modelo de abastecimiento que permite la explotación de grandes cantidades de agua por parte de empresas privadas, así como la falta de protección de los acuíferos. Si bien en Catalunya todavía no está claro que el agua de lluvia sea menor que otros años, los patrones de las precipitaciones sí que están cambiando rápidamente, provocando modificaciones también en la nieve de las montañas, los ríos, los acuíferos, los embalses y, por último, la disponibilidad del agua de boca.

Lluvia concentrada en pocos días

"Lo que hemos detectado es un aumento de precipitaciones intensas de corta duración en las regiones costeras", explica Carmen Llasat, catedrática de Física de la Atmósfera de la Universitat de Barcelona (UB), quien apunta que también podría incrementarse la frecuencia de las "situaciones catastróficas" de lluvia, a pesar de que todavía no hay suficientes evidencias. "Lo que sí que es genérico para toda Catalunya es el aumento de rachas de días consecutivos secos", concreta. Por lo tanto, si la lluvia que cae no ha disminuido, pero hay más días de sequía seguidos, esto quiere decir que la lluvia que se precipita cae más concentrada en pocos días.

Esto se tendrá que sumar al régimen ya variable de lluvias del Mediterráneo, ya abocado a sequías extremas de años, como la que se vivió entre el 2004 y 2008, cuando se tuvo que llevar agua en Barcelona en barco desde Tarragona, la ciudad francesa de Marsella y la desalinizadora de Carboneras, en Almería. Fue también entonces cuando se construyó la desalinizadora del Prat de Llobregat, una infraestructura que produce una cantidad mucho menor de su capacidad a causa del elevado coste que supone, apunta Llasat.

Acuíferos dañados y sobreexplotados

Este desplazamiento de la lluvia de las montañas hacia la costa deja los acuíferos que llenan los ríos a su paso sin recarga de agua. "¿Cuánto tiempo tarda una gota de lluvia a llegar al mar por el río desde la alta montaña, como por ejemplo por la Noguera Ribagorçana? Un día y medio. ¿Y como es que no se vacían y ya? Pues porque durante el camino descargan pequeños acuíferos", explica Jorge Jódar, doctor en Hidrogeología del Instituto Geológico y Minero de España.

"Tenemos Coca Cola, Nestlé y Damm aprovechándose del abastecimiento urbano"

El problema, pero, es que estos acuíferos están viendo como su recarga disminuye: "Si el nivel de agua está por debajo del lecho del río, el acuífero no se drena, sino que es el agua del río la que se infiltra para adentro del acuífero", por lo que el agua deja de estar disponible en los pantanos. Jódar también enfatiza en la importancia de la cantidad de nieve que cae en las montañas para garantizar la recarga de agua, una nieve cada vez cae en menor grado y se deshace más rápido: "La nieve se infiltra más despacio mientras se va fundiendo, y esto es bueno porque la capacidad de filtración del suelo es limitada. Si llueve mucho y muy de golpe no se infiltrará todo el agua".

A todo esto se le suma la explotación humana: "Durante el verano, con el turismo, hay unos picos de demanda de agua que se satisfacen bombeando agua del suelo", comenta, un hecho que en la costa además facilita la salinización de los pozos subterráneos con la subida del mar. Las explotaciones de agua subterránea están reguladas por la Agencia Catalana del agua (AGA) para que esto no pase, pero Jódar cree que la administración no llega a todas partes: "Después del boom de la edificación turística, se inauguraron muchos pozos para dar salida a la demanda. Estos tienen un caudal de explotación determinado, pero a la práctica hay pocas medidas de control".

El problema no solo serían los pozos ilegales, sino el mismo modelo de explotación de los acuíferos, que como plantea Annelies Broekman, ingeniera agrícola del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), también alcanza la producción privada de multinacionales: "Tenemos Coca Cola, Nestlé y Damm aprovechándose del abastecimiento urbano". Broekman habla de los valores del agua para el sostenimiento de la vida o de su valor social en las ciudades, pero también del económico y de la falta de debate público que hay entorno a este: "Se tiene que hacer una estrategia para ver qué cantidad de agua puede vender Catalunya para no quedarnos sin, y venderla bien. Que haya un equilibrio que no nos deje sin el agua necesaria para la vida y el agua social, pero decidir también qué industrias podemos acoger, qué consumo hacen y qué impacto tienen".

La ingeniera, que cree que se tiene que dejar de poner tanta agua al alcance como sea posible y pensar en cómo reducir la demanda, señala que el volumen que representa el consumo ciudadano respecto al total es el mínimo posible: "No hay margen de reducción por aquí". Coincide Llassat, quien asegura que las sequías generaron una gran conciencia en la sociedad catalana: "Llegamos a bajar el consumo en 100 litros por habitante, el más bajo de todo Europa".

Agricultura en crisis climática

El otro sector competidor por el recurso del agua es la agricultura, que se lleva gran parte del pastel: "Supone entre el 60 y el 70% de los usos de agua", explica David Sauri, miembro del Grupo de investigación en Agua Territorio y Sostenibilidad (GRATS) de la UAB. Para Sauri, hay que tener en cuenta que se trata de un sector "estratégico", pero reconoce que gran parte del regadío utiliza técnicas arcaicas que necesitan mucha agua, como la reguera por inundación: "Lo están trabajando".

"El aumento del regadío es una de las lecciones no aprendidas de la sequía por la gran cantidad de agua que necesita"

Aun así, el Govern tiene pendiente un aumento de los campos de regadío con el canal Segarra-Garrigues, una obra faraónica de la época previa a la crisis de 2008 que ha quedado limitada por los espacios protegidos para aves y por los cambios de coyuntura económica: "El aumento del regadío es una de las lecciones no aprendidas de la sequía por la gran cantidad de agua que necesita que, además, cada vez será más con el aumento de temperaturas", argumenta Llassat.

Además, Broekman señala que la ganadería y la agricultura intensiva han causado una gran contaminación de acuíferos con nitratos, antibióticos y pesticidas que se tendrían que recuperar. Añade que este no es el único sector responsable: "Hace 50 años en la Cuenca del Besòs también se enterraron residuos industriales de todo tipo, contaminado las aguas subterráneas".

Agua para los bosques

El último demandante de agua en Catalunya es la gran masa forestal que ha ocupado el territorio con las migraciones del campo en la ciudad durante el siglo pasado, lo que también ha comportado un aumento del consumo de agua de los bosques, que se agravia con la subida de temperaturas: "A más temperatura, más aumenta la evapotranspiración, el volumen de agua que se evapora y que transpiran los árboles hacia la atmósfera. Por cada grado, cabe un 7% más de vapor de agua en el aire", explica Santi Sabaté, doctor en Biología y miembro del CREAF. Del total del agua precipitada, un 80% se devuelve a la atmósfera por este proceso y solo un 20% va a parar a ríos y acuíferos.

Los expertos piden una gestión forestal más intensa para paliar esta realidad como otras que se deriven del abandono de los bosques en plena emergencia climática, tales como el riesgo de incendios. Aun así, Sabaté matiza que estas intervenciones se tienen que hacer con una mirada de preservación del patrimonio paisajístico y ambiental: "A mí no me gusta hablar d‘una competitividad con los bosques en cuanto al agua, porque son sistemas que ya existían. Igual que consagramos catedrales, y que no dejamos que se hundan cómo si nada, tenemos que preservar catedrales ambientales desde el punto de vista de la riqueza de la biodiversidad".

Aumentar la oferta de agua, un modelo agotado

Para la ingeniera Annelies Broekman, las soluciones para paliar el estrés hídrico no se tendrían que enfocar hacia un aumento de la oferta de agua, sino hacia la reducción del consumo. Señala que las campañas de reducción de escapes de las redes municipales son capaces de detectar pérdidas, pero la privatización de la gestión del agua muchas veces limita las intervenciones: “El 87% de los municipios hacen campañas de detección de fugas, pero las empresas no ponen remedio porque no les sale rentable”. Broekman también ve limitaciones en la recogida de agua pluvial en las ciudades, que logísticamente necesitan mucho espacio, así como con la reutilización, que ya tiene otro objetivo: “La mayor parte del agua que pasa por la depuradora va al río”. Del mismo modo, no cree en ampliar los trasvases e interconexiones de la red, puesto que considera que tienen un impacto ecológico muy grande. Recalca la necesidad de reconsiderar quién explota los acuíferos: “Son el recurso más estratégico que tenemos como país”.

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