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Remdesivir Gilead, el titán de la medicina contra el coronavirus, rodeado de pleitos y propiedad de un fondo de inversión

La compañía farmacéutica es compañera de la polémica. Ha sido acusada de inflar los precios de las medicinas y tiene juicios abiertos por posibles efectos secundarios.

Sede de la farmacéutica Gilead en California. REUTERS.
Sede de la farmacéutica Gilead en California. REUTERS.

Gilead puede significar muchas cosas. En el Antiguo Testamento es una región donde se desarrollan pasajes bíblicos; en la serie El Cuento de la Criada es el nombre que recibe Estados Unidos después de que se produzca un golpe de Estado ultraderechista y fundamentalista cristiano; en la industria farmacéutica es uno de los grandes emporios del negocio, propietario de patentes por todo el planeta y una de las compañías más rentables del sector.

Fundada por Michael L. Riordan en 1987, esta farmacéutica hizo un recorrido fugaz hasta la élite gracias a su especialización en el sector de los medicamentos para el VIH, la hepatitis B y C y los diferentes virus como la gripe A o ahora el coronavirus. Riordan, médico graduado en la Washington University de St. Louis, se mantuvo en lo alto del organigrama empresarial hasta 1997. Hasta entonces, logró que empresas de capital riesgo como Menlo Ventures
lograran invertir en Gilead, lo que hizo prosperar la marca. 

Actualmente, con Daniel O'Day al frente de la compañía, los dueños de Gilead son grandes grupos de gestión y planes de pensiones. Tras la farmacéutica está The Vanguard Group, el mayor gestor de fondos de inversión del mundo y accionista entre otros de Ferrari, Coca Cola, Monsanto o Goldman Sachs, y BlackRock, un gigante mundial en gestión de activos que en la actualidad es el principal accionista del Banco Santander y del BBVA y el segundo mayor de Bankia.

El camino de esta farmacéutica desde su creación hasta la actualidad – se encuentra entre las diez empresas más potentes del sector– ha estado empedrado por polémicas y reproches por el precio de sus medicinas y el acceso a las patentes. Su escalada tiene su foto más representativa en el pasado 1 de mayo, cuando Donald Trump anunció que compraría Remdesivir a mansalva. En aquella rueda de prensa estaba presente el director ejecutivo de Gilead, Daniel O'Day. Más que un anuncio, la sensación fue la de promocionar el medicamento desde la Casa Blanca.

El director general de Gilead, Daniel O'Day, interviene en la rueda de prensa de Trump desde la Casa Blanca. EFE/Archivo.

Desde comienzos de 2020, cuando la pandemia asomaba desde China, las acciones de Gilead se han revalorizado más de un 25%. En la memoria anual publicada por la propia compañía reconocen que en 2019 los beneficios fueron de 22.000 millones de dólares. Como toda gran fuente de ingresos, las polémicas, las dudas sobre su estructura de negocio y la buena o mala ética que bordea la empresa, son un tema aparte. La última polémica es la que refiere al Remdesivir, desarrollado por Gilead y puesto a la venta por unos 3.000 dólares, aunque su coste de producción es de en torno a seis euros. 

El Clinic de Barcelona pagó ocho millones de euros para dar terapia de CAR-T a 26 personas: 313.920 euros por paciente

Gilead, como el resto de su industria, está continuamente bajo acusación de inflar los precios de los medicamentos. Uno de los casos recientes más llamativos es el que se produjo en torno a las terapias CAR-T, útiles frenar el cáncer en la sangre. Gilead desarrolló Yescarta, el cual Sanidad adoptó para algunos pacientes. El precio máximo fijado para este tratamiento fue de 327.000 euros en España, lo que llevó al Hospital Clinic de Barcelona a pagar ocho millones de euros para intentar curar a solo 26 personas. 313.920 euros por paciente, según pudo saber la Fundación Civio

Entre 2005 y 2014, Gilead destinó 17.000 millones de dólares a recomprar sus acciones (una manera de dar dinero a los accionistas), mientras que invirtió 14.400 millones en investigación. De igual modo, Gilead ha sido relacionada con estrategias de ingeniería fiscal, con lo que habrían logrado evitar el pago de impuestos de hasta 10.000 millones de dólares al transferir la titularidad de algunas patentes a Irlanda, según un estudio del Americans for Tax Fariness del que se hicieron eco medios como The Washington Post.

Polémicas por los medicamentos para el VIH

Gilead fue acusada de retrasar la distribución un medicamento más seguro contra el VIH para exprimir los beneficios de los que ya estaban a la venta

A comienzos del 2000, Gilead puso en el mercado varios medicamentos para combatir el VIH: Viread, Atripla y Truvada, entre otros. Este último es el que logró más aceptación en el mercado, aunque nadie advirtió, sin embargo, posibles efectos secundarios. Micheal y Jonathan, dos californianos consumidores de medicamentos de Gilead, relacionaron el consumo de este comprimido con la aparición de osteopenia y osteoporosis, entre otras enfermedades. Según estos, el consumo de Truvada y Atripla provocó estos efectos secundarios en sus cuerpos. El caso derivó en un juicio que significó la acusación a Gilead de postergar la aparición de nuevos fármacos con más efectos y menos agresivos que los vigentes, para exprimir los beneficios de los que ya estaban a la venta. Incluso The Washington Post se hizo eco de este tipo de acusaciones, cuando se culpó a Gilead de retrasar la distribución de un medicamento contra el VIH más seguro para extender las ganancias del monopolio.

Retrasar o adelantar la aparición de un medicamento se debe al vigor de las patentes, que son las licencias que permiten comercializar un fármaco. El negocio de las patentes estalló en 1994, tras la firma por parte de la Organización Mundial del Comercio (OMC) del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC, por sus siglas en inglés), que establecía que el propietario de una patente obtenía el monopolio de comercialización de un medicamento durante al menos 20 años. 

En la guerra de las patentes, los medicamentos para el VIH suelen ser un punto  de discordia. El pasado febrero, Gilead perdió ante la Junta de Juicios y Apelaciones de Patentes de EEUU la reclamación de patentar dos medicinas en poder del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EEUU, que participó en la financiación del proyecto. Por su parte, el Departamento de Salud y Servicios Sociales de los Estados Unidos (DSHHS), presentó una demanda contra Gilead, a la que acusaba de infringir las patentes del Gobierno de EEUU para dos medicamentos contra el VIH. 

El Tamiflu y sus "resultados mediocres"

Los antivirales, una pata fundamental del negocio de Gilead, tampoco han estado exentos de acusaciones de todo tipo. El caso paradigmático es el del Tamiflu, un antiviral creado por Gilead y comercializado bajo licencia por Hoffmann-La Roche en 1996. Estas dos farmacéuticas desarrollaron clínicamente el producto y se utilizó para la gripe estacional, pero pronto surgió la polémica.

"Entre 2004 y 2005 surge la amenaza de la gripe aviar, con casos puntuales en Asia. Esa gripe, que se transmite de animal a persona, se limita a pequeños focos y aparecen algunos casos en Europa. Se creó la alarma ante una posible pandemia", sostiene Lamata, por aquel entonces consejero de Sanidad en el Gobierno de José Bono en Castilla-La Mancha para posteriormente ser nombrado vicepresidente de la Junta de Comunidades de la región.

"El Gobierno de Estados Unidos hace una compra de Tamiflu para prevenir la gripe aviar, aunque los resultados eran mediocres. Los gobiernos europeos también compran porque se les amenaza diciendo que se van a quedar sin nada", relata Lamata. El proceso recuerda enormemente a las noticias desatadas por el Remdesivir y la covid-19, cuando Trump compró la mayoría de antivirales a Gilead, y Europa se puso a la cola. Ahora, sin embargo, la Agencia Española del Medicamento asegura que la farmacéutica proveerá a España y no se producirá desabastecimiento.

Lamata: "La mayoría de Tamiflu que se compró no se usó y caducó, así que ha sido destruido"

El éxito del Tamiflu fue más bien escaso, ya que según un estudio publicado en la British Medical Journal, los síntomas, que duraban siete días, se reducían tan solo hasta 6,3. Esa dudosa eficiencia – cuestión que ahora se debate de forma similar sobre el Remdesivir– no impidió que España comprara antivirales por valor de 50 millones de euros. La pandemia no fue a más y no hubo necesidad de utilizarlos. Roche y Gilead, en cambio, vendieron su producto por todo el mundo.

Pocos años después, en 2010 con la aparición de la gripe A, también conocida como gripe porcina, el dilema fue similar. La OMS se mostró preocupada por la alta mortalidad que se presentó en México, sumado a la muerte de unos niños en Estados Unidos.

"España fue el primer país de Europa en reportar contagios. Las empresas empezaron a presionar con que se van a quedar sin medicamentos y se hizo una compra desde España de varios millones de dosis, igual que Francia y otros países. La mayoría de este medicamento no se usó y caducó, así que ha sido destruido hace pocos meses", critica Lamata. Estas inversiones millonarias de los Estados quedaron expuestas a la duda cuando la OMS retiró al Tamiflu de la categoría de medicamentos "esenciales" para colocarlo en la de "complementarios". ¿Valía la pena ese desembolso?

Polémica hepatitis C

La hepatitis C y la crisis sanitaria desatada fue la que puso a Gilead en el centro de la noticia. La compañía norteamericana desarrolló el sofosbuvir, una medicina efectiva contra esta enfermedad, pero el precio de salida que puso complicó su compraventa y muchos pacientes no pudieron recibir tratamiento. 

El coste por paciente en EEUU giraba en torno a 84.000 dólares gracias a su capacidad para imponer los precios. En España, tras negociar con el Gobierno, la tarifa quedó fijada en unos 40.000 euros. Un estudio de la Liverpool University estimó que el coste de producción era inferior a 110 euros. El acceso a la medicación quedó limitada, puesto que el Gobierno de Mariano Rajoy optó por no comprar medicación para todos los pacientes. Se estima que en España hay unas 700.000 personas que sufren hepatitis C. 

Una pequeña empresa estadounidense, Pharmasset, descubrió gracias a la financiación pública el Sofosbuvir, que se convirtió en el fármaco más efectivo contra la hepatitis C. Sin embargo, antes de lanzarlo al mercado, apareció Gilead y absorbió la compañía.

"El Sofosbuvir ha ido bajando de precio porque ya hay antiviriales. Ahora no llega a los 8.000 euros, y además sabemos que a Pharmasset le costó terminar el producto entre 50 y 80 millones, aunque luego Gilead disparara el precio", lamenta Ramón Gálvez, neurólogo y director gerente durante ocho años del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam), ante una problemática en la que 4.000 pacientes fallecieron sin poder recibir tratamiento.

Extracto de Así se lucran las farmacéuticas con las pandemias: "Venden por 2.000 euros medicinas que valen seis"

La patente sobre la cura para la hepatitis C ha sido una batalla librada por todo el planeta. Médicos Sin Fronteras (MSF) aseguró que "millones de personas no tendrán acceso asequible a este medicamento" cuando el Gobierno de India cedió la patente a Gilead, porque temían una inflación en el precio. Países como Egipto, China y Ucrania rechazaron ceder la fórmula del medicamento a la farmacéutica, porque había indicios, tal y como revelaba Leena Menghaney, responsable en el sur de Asia de MSF, de que "no era merecedor de la patente" por aplicar para su desarrollo técnicas ya publicadas. Ese debate no evitó el lucro de Gilead, que vio como John Martin, el CEO de la empresa en 2013, se embolsó unos beneficios de 168 millones de dólares solo durante ese año, según la revista Fortune

La absorción de empresas y la caída de I+D

Una cuestión incendiaria, al menos en Estados Unidos, es la cantidad de millones de euros que las grandes farmacéuticas invierten en viajes y dietas para médicos que acuden a congresos, a hospitales que imparten clases... Un asunto en el que Gilead gastó en 2018 casi 39 millones de dólares, según datos de la agencia federal de Centros de Servicios de Medicare y Medicaid de EEUU (CMS). Estas relaciones financieras han llevado a que algunas farmacéuticas –es el caso de Novartis– sean condenadas por alentar al personal sanitario a recetar sus medicamentos mediante sobornos. 

Gilead, que tiene como parte de su estrategia la absorción de farmacéuticas más pequeñas o centros de investigación que han desarrollado los primeros pasos de lo que posteriormente será un medicamento, es el reflejo de la devaluación de la exploración académica. 

Farmacéuticos sin Fronteras sostiene que las estrategias de absorción perjudican el resultado final y al producto: "Las grandes fusiones son frecuentes en el sector debido al interés de los laboratorios por obtener nuevas carteras de medicamentos, sobre todo provenientes de biofarmacéuticas. Estas fusiones afectarían negativamente a las inversiones en I+D y por tanto, en la creación de nuevos medicamentos". 

A la publicación de este reportaje, Público no ha podido contactar con Gilead Science

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