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Un hospital de Córdoba implanta un ojo biónico y devuelve parte de la visión a una mujer ciega

La paciente, una cordobesa de 62 años, llevaba cerca de 30 años sin poder ver como consecuencia de una enfermedad.

El ojo biónico, implantado en un hospital cordobés, ha devuelto parte de la visión a una mujer ciega / PUBLICO

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MADRID.- Los especialistas del hospital Innova Ocular La Arruzafa de Córdoba, perteneciente a la red de clínicas de Microcirugía Ocular de mayor prestigio y tradición de España, han conseguido implantar por primera vez en Andalucía un ojo biónico a una mujer que llevaba cerca de 30 años sin poder ver por una patología que la dejó ciega.

La paciente, la cordobesa Josefa Jiménez Rodríguez de 62 años, ha celebrado su último cumpleaños viendo las velas que tenía que apagar, algo que no podía hacer desde la década de los 90, cuando perdió la visión en ambos ojos tras sufrir una enfermedad hereditaria y degenerativa denominada retinosis pigmentaria.

El equipo de oftalmólogos del hospital, encabezados por el director médico del centro y doctor Juan Manuel Laborda, ha realizado el implante, mediante acceso al globo ocular, de un dispositivo capacitado con nanotecnología y dotado de 60 electrodos. Su misión es estimular la conexión que llega desde la retina hasta el cerebro con el objetivo de que éste reciba señales visuales que permitan subsanar la pérdida degenerativa del campo visual.

La cirugía que se le ha practicado consiste en “implantar un chip con electrodos en la mácula, en el centro de la retina, para que estos sean estimulados con un sistema que va por fuera del ojo a través de una videocámara”, ha señalado Laborda.

La paciente cordobesa Josefa Jiménez Rodríguez, de 62 años / PUBLICO

La paciente cordobesa Josefa Jiménez Rodríguez, con las gafas de visión dotadas de una videocámara y una unidad de procesado de vídeo / PUBLICO

Por su parte, Josefa ha manifestado su absoluta satisfacción con el resultado de la intervención. “La técnica me convenció desde el principio, y a quirófano no fui con miedo, sino muy segura de lo que quería y lo que me habían dicho que iba a conseguir”, ha declarado, indicando que “la parte más emocionante fue la primera vez que salí al jardín con mis gafas y vi iluminándose los obstáculos que me encontraba”.

Una vez realizado el implante, y tan solo una semana después de la intervención quirúrgica, la paciente comienza un proceso de entrenamiento que se prolonga durante dos meses para poder hacer uso del dispositivo intraocular. Este se sincroniza de manera inalámbrica con unas gafas de visión dotadas de una videocámara y una unidad de procesado de vídeo que convierte las imágenes recibidas en señales eléctricas codificadas que estimulan la retina.

Así las cosas, y tras un entrenamiento prolongado, el sistema, denominado proyecto Argus II y producido por la compañía Second Sight Medical Products, ayuda a la paciente a detectar diferencias entre luz y oscuridad, consiguiendo que ésta pueda identificar el movimiento y localizar objetos.

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